miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capítulo 04

Max había ido a su casa para dejar a su hermana con su madre ya que tenían que ir a comprar algo de ropa y los regalos de navidad. Después se fue a buscar a Luke y quizá también ellos comprarían sus propios regalos.
- Menuda sorpresa. ¿Qué tal anoche?
- Fue la mejor noche de mi vida. Como me alegro de que me convencieras para ir a ese lugar.
- ¿Hubo sexo?
- Casi, pero no pudimos. Bueno, ella no podía, aunque jugamos un rato.
- ¿Y no te mueres de ganas?
- Si, pero esperare. Anoche me contó que va a quedarse el resto del curso, que ya no hay nada ni nadie por quien volver.
- ¿Quieres decir que ese tío ha pasado a la historia?
- Eso parece. Anoche la llevé al puente.
- ¿El sitio donde siempre vas solo?
- Si- le contó lo del caballo, la llamada de Zack, todo lo que yo le conté acerca de este. En fin, todo lo que ocurrió hasta que nos despedimos aquella tarde.
- Increíble. Menudo príncipe azul estás hecho.
- No es para tanto. ¿Qué tal lo tuyo con Tess?
- Le he pedido que se quede aquí a vivir conmigo.
- No puedo creérmelo. Si que te ha dado fuerte.
- Ni que lo digas. Me asusta, pero es lo que quiero.
- ¿Y que te ha contestado?- Max no se atrevió a decirle que también él me había pedido lo mismo por miedo a que le dijese que se había vuelto loco.
- Tiene que pensarlo- habían ido caminando por la ciudad todo el rato sin detenerse frente a ningún escaparate.
- Es normal. Y dime, ¿vas a comprarle algo para estas fechas?
- Lo he pensado, pero no sé exactamente que.
- Puedes preguntárselo a Alex. Te llevas bien con ella y seguro que puede darte alguna idea.
- No había pensado en eso. ¿No tendrás por casualidad su número?
- ¡Mierda! Sabía que se me olvidaba algo.
- ¿Y como vamos a hacerlo? Si llamo a Tess para pedírselo a saber que se imagina...
- Pero si se lo pido yo no se extrañara.- tenia razón. Luke sacó su celular del bolsillo y le dio a la tecla de rellamada. Tras un buen rato contestó la chica. Se oía mucho ruido de fondo.
- ¿Diga?
- Hola preciosa, ¿cómo estás?
- No demasiado bien- se le notaba que estaba llorando y quizá algo alterada.
- ¿Ha pasado algo?
- Estamos en el hospital.- Luke puso el manos libres para que su amigo pudiera escucharlo.- Ha sido culpa mía.
- ¿Qué ha pasado?
- Le pedí a Alex que fuésemos a patinar sobre hielo y estábamos recordando viejos tiempos y al girar nos caímos. Perdió el conocimiento...
- ¿En que hospital estáis?- ahora era Max quien hablaba. Esperó a que se lo dijera y volvió a hablar.- Estaremos ahí enseguida.
- Os espero en la entrada.
Ambos corrieron hasta llegar. Buscaron a Tess con la mirada y la encontraron hablando con un doctor. Se acercaron a ellos justo en el momento en el que el médico se alejaba.
- ¿Cómo está?
- El médico me ha dicho que va a dejarla un par de días en observación. No ha recuperado el conocimiento y quiere asegurarse de que no entre en coma.- Tess rompió a llorar de nuevo y su chico la abrazó.
- ¿Podemos verla?
- La subirán a una habitación y entonces podremos- esperaron pacientemente hasta que me instalaron. Cuando las enfermeras se fueron, entraron los otros tres para estar conmigo.- Perdóname Alex, ha sido por mi culpa.- me cogió la mano y vio una cicatriz en ella. Miró su mano y vio aquella misma cicatriz y lloró de nuevo. Poco después Luke se la llevó a la cafetería para que se tomara un te tranquilamente y se relajara. Max se quedó conmigo.
- Hola princesa. No se si puedes oírme, pero quiero que sepas que estoy aquí, que no me voy a ningún lado. Eres la primera persona que significa tanto para mí en tan poco tiempo. Tienes que despertarte cariño, por favor.- me besó la mano y se dejó llevar por lo que sentía. Lloró sobre mi cama durante un buen rato, pero no reaccioné.
Cuando Tess y Luke volvieron, Max salió un momento de la habitación para llamar a su casa. No contestó nadie y probó suerte llamando al celular de su madre.
- Hola Max, ¿qué ocurre?
- ¿Meredith está contigo?
- Si, está a mi lado. ¿Ocurre algo hijo?
- Dile que se ponga.
- Hola Max. Mamá me ha comprado un montón de ropa y ya tenemos los regalos. Le he comprado una cosa a Alex.
- Mer, escuchame. Estoy en el hospital de St. Marc. Han ingresado a Alex unos días.
- ¿Por qué? ¿Qué tiene?- la niña apretó con fuerza el regalo que había comprado para mi.
- Se ha dado un golpe en la cabeza y quieren asegurarse de que se pondrá bien.
- ¿Puedo ir a verla?
- Mañana iré a buscarte y podrás verla. Sé que te hacía mucha ilusión ir con ella a ver una película pero no va a poder ser.
- No pasa nada. Solo quiero que Alex esté bien.
- Lo estará. Tú no te preocupes. Cuéntaselo todo a mamá y dile que no vendré a dormir.
- Vale.
- Te prometo que podrás verla mañana.
- Vale- antes de colgar, Mer pidió a su hermano una cosa más.- Dale un beso de mi parte y dile que la quiero.
- No sé si podrá oírme, pero lo haré.
- Hasta mañana.- ojalá él se atreviera a decírmelo también. No era lo
mismo decirme que una niña de ocho años a la que hacía apenas dos días que conocía que me quería, a decirme que a él también le ocurría lo mismo. No sabía si aquello podía resultarme incomodo. Quizá a mi simplemente me gustaba.
Regresó a la habitación y le preguntó a Tess si le importaba que se quedase toda la noche conmigo.
- No me importa. Te lo agradezco.
- Gracias.
- No hay de que. Voy a llamar a su familia y a nuestros amigos- antes de que saliese por la puerta, Max le pidió otro favor.
- Creo que deberías llamar también a Zack. Sé que no se ha portado bien con ella pero tiene derecho a saber lo que le ha pasado. Es mejor que se entere por ti que no por terceras personas.
- Seguramente es lo que ella querría. De acuerdo, le llamaré.
- Gracias.
- No hay de que.- también le pidió a Luke un favor.- Quédate un momento con ella. He de ir a un sitio.
Se acercó a la librería a la que habíamos estado aquella mañana. Esperó a que el dueño terminara de atender a una pareja. Cuando este le vio, supo enseguida que algo malo había ocurrido.
- Eres Max, ¿verdad?
- ¿Cómo sabe usted...?
- Por como me mirasteis cuando dije mi nombre. Lo supuse y acerté.
- Verá he venido porque...
- Algo le ha pasado a Alex, ¿no es cierto?
- Se ha dado un golpe en la cabeza y está en el hospital.
- Hazme un favor. Llévale esto- buscó en el almacén y sacó una maceta con orquídeas blancas.- Seguro que le gustan.
- Estoy seguro de que sí. Está en el hospital St. Marc y creo que le gustaría que fuese a visitarla.
- Lo haré.
- Tengo que irme. No quiero estar mucho tiempo lejos de ella por si despierta- el hombre le miró preocupado. Quería decirle algo desde que nos vio aquella mañana, pero estaba seguro de que aquel era el momento.
- No permitas que la alejen de ti. Alex y tú podéis ser muy felices, pero aun tenéis que recorrer un largo camino juntos y ella lo sabe.
- ¿Qué intenta decirme?
- Ya lo entenderás- no dijo nada más. Desapareció tras la cortina que separaba la tienda del almacén.



El teléfono no sonó más de dos veces cuando mamá se lo arrebató a mi padre para contestar.
- ¿Alex?
- No. Soy Tess.
- Cariño, ¿Dónde está Alex?
- Estamos en el hospital. Caímos cuando patinábamos, pero Alex no se levantó.
Mamá se puso la mano sobre el pecho mientras lloraba. Papá se arrodilló a su lado y Beth no se atrevió a levantarse de mi cama.
- ¿Qué ha dicho el médico?
- Dice que si en unos días no despierta podría entrar en coma.
- Dios mío… mi niña.
- Hannah, tienes que escucharme. A medianoche sale un vuelo hasta aquí. Cogedlo y venid. Alex despertará antes si estáis aquí.
- De acuerdo. Gracias por llamar.
- No tienes que dármelas. Iré a buscaros al aeropuerto.
- Vale- ambas colgaron y mamá no perdió el tiempo. Descolgó de nuevo el teléfono y llamó a Richard.


Max se fue pensativo de allí. Le dio vueltas y vueltas al asunto, hasta que lo comprendió. Estaba seguro de que nada más enterarse, Zack cogería el primer vuelo hacía Italia y no se marcharía sin mi.
- Por favor, coge el teléfono…- la espera se le estaba haciendo insoportable y le faltó poco para abandonar cuando por fin hubo respuesta.
- Diga…- se le notaba cansado, como si hubiese llegado corriendo para contestar.
- Soy Tess. ¿Tienes un momento? Es importante.
- Claro, aunque no sé de que quieres que hablemos. Ya debes estar al corriente de que mi relación con Alex se ha ido a pique.
- Justamente es de ella de quien quiero hablarte. Ha ocurrido algo- Zack no se lo pensó dos veces. Llamó al aeropuerto y reservó un billete para el próximo vuelo.
Tess le dijo cuanto necesitaba saber. Incluso el hospital en donde estaba ingresada.
Estaba dispuesta a contarle aquello e incluso a verle si eso era lo que yo quería, pero no a recogerle en el aeropuerto.
Solo pensar en verle ya le ponía de mal humor, sobretodo porque se portaba como si no tuviese la culpa de que nuestra relación terminara.



Ya había anochecido cuando volvió al hospital. Encontró a una enfermera tomándome las constantes y comprobando que todo estuviese en orden.
- ¿Hay algún cambio?- la pareja negó con la cabeza. Todo seguía igual.
- Ya he avisado a todos. Su familia llegara mañana y la pandilla no puede venir, pero me han pedido que le de un fuerte abrazo de parte de todos.
- ¿Y Zack?
- Cogerá el próximo avión. El muy imbécil no sabía que decir. Ni siquiera me preguntó que pasó o si había alguna novedad.- apretó fuertemente los puños.- No puedo creer como se puede ser tan egoísta a veces.
- Cada uno es como es. No sé puede cambiar a la gente. Él es importante para ella y por mucho que nos moleste, es algo entre ellos dos.
- Max, no se como decirte esto, pero no creo que sea buena idea que estés aquí como algo más que su amigo cuando Zack venga.
- Entre Alex y él ya no hay nada. ¿Por qué no?
- Es muy celoso. Él puede estar con cualquiera pero Alex es solo suya. Es ridículo pero cierto. Cada vez que veía a Alex con un chico se ponía como loco, pero nunca delante de ella.
- ¿Me estas pidiendo que no aparezca mañana?
- No, te pido que si os encontráis, finjas ser amigo de ella y no algo más.
- De acuerdo. Pero no me parece justo.
- Hay algo más. Alex lo es todo para él y puede que mañana veas u oigas algo que no te guste. Te pido en nombre de ella que no digas ni hagas nada.
- Está bien- no protestó. No merecía la pena. Sabía que yo quería estar con él y eso era suficiente. Zack había pasado a la historia en cierto modo.
- Nosotros nos vamos. Hay que levantarse temprano para ir a buscar a la familia de Alex.
- De acuerdo. Os llamaré si hay alguna novedad.
- Gracias de nuevo Max. Alex tiene suerte de contar contigo.
- Eso significa mucho para mí. Descansad- después de darme un beso de despedida, la pareja se marchó.
Max estaba desesperado. Desde que mi amiga le comunicó que Zack aparecería al día siguiente, su estado de ánimo empeoró. Como si no tuviese bastante con la incertidumbre de saber cuando despertaría, además debía actuar solo como mi amigo.


- ¿Qué le ha pasado a Alex? Tess me dejó un mensaje pero no lo entendí
bien y no consigo localizarla.
- Estaba patinando con Tess y se cayeron. Alex no se puso en pie. Están en el hospital. Tess dice que el médico le ha dicho que si en unos días no despierta, podría entrar en coma.
- Hay que ir hasta allí. No podemos quedarnos esperando noticias.
- Hay un vuelo a medianoche.
- Iré con vosotros.
- ¿Puedes venir ya? Prefiero que estés aquí.
- Claro. Llamaré a la mansión para que nos esperen.
- Gracias cariño.
- No tienes que dármelas. Y Hannah…
- ¿Qué?
- Alex despertará. Estoy seguro.
- Lo sé.- cuando colgó, se volvió para mirar a papá que abrazaba a mi hermana.- Juntemos algo de equipaje. Quiero salir cuanto antes.
- Yo llamaré al aeropuerto para reservar los billetes.
- Está bien. Vamos hija.- mientras Beth se encerraba en su habitación para preparar sus cosas, mamá entró de nuevo en la mía. Se acercó a la mesa y cogió una foto en la que estábamos los cuatro. Papá apareció poco después y se le acercó por detrás sin que ella se diese cuenta.
- Alex es fuerte. Ambas han heredado eso de ti. No tengo ninguna duda. Sé que despertará.
- No puedo perderla. No podría perder a ninguna de las dos. No lo soportaría.- mamá se abrazó con fuerza a mi padre. Yo sé que él intentaba hacerse el fuerte, pero en el fondo estaba igual que ella. Al fin y al cabo, Beth y yo éramos sus niñas, y posiblemente siempre lo seríamos.
- No te preocupes. Todo irá bien.- la obligó a mirarle y le secó las lágrimas.- Alex y Beth son especiales desde que nacieron. Esa conexión que las une a ti… no sé explicarlo, pero sé que puedes sentir que se recuperará. Solo debes confiar en lo que sientes.
- Tienes mucha razón.- dejó la fotografía en su sitio y salieron de la habitación cerrando la puerta tras ellos.
Mamá les comunicó a sus amigos la noticia y tal y como esperaba, todos les apoyaron y se ofrecieron para cualquier cosa que necesitarán.
Josh no tardó en aparecer y abrazó a mamá que no quiso soltarse. Se sentía orgullosa del hombre en el que se había convertido. Siempre supo que sería un chico increíble.
- Ya he reservado los billetes. Basta con que salgamos con tiempo para
poder facturar el equipaje.



Max se acercó a la cama y dejó la maceta sobre la mesita.
- Cariño, esto es para ti. El señor de la librería me lo ha dado cuando
he ido a contarle lo que te ha pasado. No sé que fue lo que me empujó a ir, pero sabía que era lo que tú querrías. Creo que ese hombre tiene algo especial, como tú. Sabe las cosas antes de que pueda decirlas. Seguramente ya te habrás dado cuenta.- se sentó en una de las butacas cerca de la cama, y me cogió la mano.- Me dijo que también vendría a verte. También se lo he contado a Mer. Me ha dicho que te ha comprado un regalo para navidad. Me pidió que te dijese que te quiere y que te diese un beso de su parte. Mañana iré a buscarla para que venga a verte.- por un momento le pareció que intentaba abrir los ojos, pero quizá fue solo su deseo de que lo hiciera.- Tess ha llamado a tu familia y amigos y también a Zack. Salvo tus amigos, vendrán todos mañana. No quiero que se acerque a ti. Me da miedo que te lleve con él y que te aleje de mi.- ahora fue el movimiento de mi mano él que le llamó la atención. Esperó perplejo a que volviese a hacerlo, a que volviese a haber otra señal de que le oía, pero no la hubo. Finalmente se quedó dormido con la cabeza apoyada sobre mi mano.
A medianoche entró una enfermera a controlar mis constantes y le tapó con una manta.


Ninguno pudo dormir aquella noche. Era como si temiesen que el avión despegase de nuevo con ellos dentro y no pudiesen bajarse en Italia. Beth había dicho: “Contra más tardemos, más tardará Alex en despertar”, así que prefirieron no correr el riesgo.



- Es la hora. Deben estar a punto de aterrizar.
- ¿Y que es lo que te preocupa?
- No sé si haber llamado a Zack ha sido una buena idea. Me sabe mal por Max. Algo dentro de mí me dice que no debí hacerlo.
- Pero lo has hecho por Alex. Es lo que ella querría de estar despierta y tú lo sabes.
- Ya lo sé. Tener aquí a su familia tiene que ayudarla de algún modo- ambos subieron al coche del chico y partieron hacia el aeropuerto. Esperaron junto a la puerta por la que debían salir.
Cuando mi madre apareció detrás de un grupo de estudiantes, Tess corrió a abrazarla. Éramos amigas desde hacia tanto tiempo, que mi madre era como si también fuese la suya y su madre… no era que nos llevásemos mal, pero Tess se pasaba la mayor parte del tiempo en mi casa.
- Hannah, lo siento mucho. Tuvimos que ir con más cuidado. Nos lo estábamos pasando tan bien que no quisimos parar.
- Tranquilízate cariño, no pasa nada.- eso era lo que se había estado diciendo durante todo el vuelo. Si quería que fuese verdad, tenía que empezar a creérselo.
Tess se secó las lágrimas y se apresuró a presentar a Luke.
Mamá se sintió tranquila al saber que al menos una de nosotras no se sentiría sola. De haber estado despierta me hubiese muerto de curiosidad por saber que pensaría al conocer a Max.
Recogieron su equipaje y se subieron todos al coche de Luke.
De no ser por sus caras, todo el mundo creería que venían a visitar la ciudad.
La ida hasta el hospital, tal y como ya imaginaba mi amiga fue un auténtico caos. Parecía un interrogatorio, pero aguantó y contó la historia sesenta veces más. Miró a Luke de reojo, y vio que le sonreía. Eso la tranquilizó, del mismo modo que la tranquilizaba el hecho de saber que Max estaba conmigo en ese momento.



- Sé que llevo rato hablándote y que debes pensar que hablo por los codos y que ojalá me callara, pero ¿sabes? Ojalá despertarás para poder decírmelo. Me conformaría solo con eso- siempre esperaba que yo reaccionara de algún modo, que le indicase que le oía, pero las horas pasaban y yo seguía inconsciente.- Tess y Luke han ido a buscar a tus padres. Estoy seguro de que desearías poder verles. Tienes que hacer un esfuerzo y abrir los ojos. Todavía hay muchas cosas de Italia que no has visto y quiero ser yo quien te las enseñe. Quiero hacerlo antes de que Zack ponga un pie fuera del avión y te lleve con él.
- ¿Max?- dijo Luke asomándose.- La familia de Alex está aquí.
- Me despido y salgo- y se despidió. Me besó dulcemente en los ojos y la boca y salió de la habitación en silencio.
Antes de entrar, todos quisieron saber quien era aquel chico tan atractivo que salía de la habitación.
Max se presentó y por petición de Tess, les mintió y dijo que solo éramos amigos. Supongo que puedo deciros que sabían que mentía.
Max miró hacia un lado y hacia el otro esperando ver aparecer a Zack. La sangre empezó a hervirle solo al pensar en la posibilidad de tener que verle. No sabía que podría contener el impulso de pegarle un puñetazo.
No sé si contaros que los siguientes quince minutos fueron todo besos, abrazos, lágrimas, palabras de ánimo y ternura y gritos desesperados y silenciosos por parte de todos pidiéndome que me levantase y les gritase que se marcharan.
Sé la impresión que debo dar. Todo el mundo espera que me despierte y empezase a gritar como si fuese un ogro, pero en realidad, normalmente me despierto de buen humor, salvo… aquella vez que salí con Tess y se me hizo de día.
Recuerdo que salimos con la intención de cenar algo y después irnos a tomar unas copas. No esperábamos encontrarnos con unos amigos, entre ellos Zack, y que nos convencieran de ir a bailar,
Primero pensé en no ir, pero quería saber hasta donde podía llevarme aquello y sobretodo si pasaría algo entre Zack y yo.
La verdad es que lo pasamos genial, y por una vez no se me olvidó avisar a mi madre de que llegaría más tarde. No solía salir mucho de fiesta, en aquellos tiempos, pero siempre que lo hacía nunca la avisaba. Tenía suerte de que Tess se acordaba por mí y se encargaba de eso.
Tras prometerle que tendría cuidado, que tomaría todas las precauciones inventadas y que cuando volviese se lo contaría todo, colgué y seguí con lo
mío.
Cerca de las dos de la madrugada, treinta chupitos más tarde, me acerqué a Zack y le saqué a bailar. Cada paso de baile era como un juego. Dejé que sus manos recorrieran mi cuerpo centímetro a centímetro. Quería volver a besarle, como cuando estuvimos en el campamento (contaré esa historia más adelante), pero cuando me volví hacia él, cuando le miré, ví que no estaba con él. Era otro chico, no me preguntéis quien.
Zack me miraba desde la barra, con un botellín de cerveza en la mano. A pesar de lo mucho que había bebido, a pesar de que le había confundido con otro, supe ver la decepción y el dolor en sus ojos. Dejó el botellín sobre la barra, cogió su chaqueta y se fue, y yo tras él.
Al salir fuera, miré hacia ambos lados, buscándole. Le encontré junto al muelle. Tirando piedras al agua. No había duda de lo mucho que le gustaba aquello. Entenderéis porque más adelante.
- Si tiras tan fuerte terminarás hundiendo una de esas barcas.
- Así sabrían como me siento.- no se volvió para mirarme. Siguió con lo que estaba haciendo.
- ¿Te sientes como si te hubiesen apedreado?
- Me han hundido. He tocado fondo- está vez si que me miró y por primera vez, no puede sostenerle la mirada.
- Pensé que eras tú. Quería que lo fueras.
- No tienes porque decir nada. Esto era lo que tú querías. Querías que estuviésemos con otras personas y lo acepté. No debí permitirlo.
- No hubiese funcionado. Habríamos terminado mal y eso no hubiese podido soportarlo.
- Entonces dime que podemos intentarlo. Dime que has recuperado el juicio y que vamos a dar el paso.
- No lo sé. No sé que siento. Tenemos tiempo para hacer que funcione, para empezar de nuevo.
- ¿Y mientras tanto qué?- tiró el puñado de piedras que tenía en la mano.- ¿Quieres que siga viendo como otros hacen contigo lo que quiero hacer yo?
No pude más. Seguí los impulsos de mi corazón y le besé.
Cuando me separé, sentí miedo. Está vez aquello no funcionaría. No podía retenerle y Zack no estaba dispuesto a seguir siendo la segunda opción. Se alejó de mí y estuve varias semanas sin saber de él, hasta el día en el que empieza mi historia.
Busqué a Tess y le dije que me marchaba. Recorrí la ciudad hasta que amaneció y después regresé a casa.
Entré a hurtadillas, me desvestí y metí bajo las sábanas a las siete y media y a las ocho, cuando estaba a punto de dejar mi cuerpo y adentrarme en un sueño profundo, mi madre entró en la habitación, abrió la luz y se sentó a un lado de la cama para zarandearme y que se lo contase todo.
¿Quién no se pondría a gritar? No se movió de allí hasta que se lo conté todo. Desde que me fui con Tess, hasta que volví a la mañana siguiente.
Aprendí una lección. No volvería a beber tanto nunca más.

martes, 29 de noviembre de 2011

Capítulo 03

Mientras yo me vestía, Tess se dio una ducha rápida y cuando salió me detalló la conversación entera. Por lo visto le había contado toda la verdad.
Había acordado con su chico que en cuanto este hablara con Max, llamaría para avisar que nos “encontraríamos casualmente” en algún sitio.
En cuanto estuvimos listas, bajamos al comedor. Me daba un poco de vergüenza tal y como iba vestida, pero nadie me prestó atención y terminé sintiéndome cómoda.
- ¿Has decidido ya lo que quieres?
- Si, una tarta.
- Quizá deberías comer primer y segundo plato antes. De todos modos no me refería a la comida.
- Bueno, que exigente... ¿A que te referías entonces?
- A Max y a ti.
- No lo sé. Te lo diré en cuanto lo averigue.
Después de que nos sirvieran el segundo plato, Luke llamó a mi amiga.
- Buenas noches preciosa.
- ¿Que tal?
- Trabajando un poco.- Luke trabajaba como columnista en un periódico desde su casa, e iba a las clases de fotografía para aprender y dedicarse a lo que realmente le gustaba.
- ¿Has conseguido lo que te pedí?
- Me ha costado, pero he conseguido arrancarlo de la cama.
- Genial, porque sé de alguien que se muere por verle.
- Puedo asegurarte que él está igual, aunque no tiene ni idea de la sorpresa que le espera esta noche. Cuando le dije que Alex tenia novio, por poco lo mato, pero ahora...
- Veamos que pasará luego. ¿Donde quedamos?- se lo dijo y le indicó como llegar hasta allí y a la hora que se encontrarían, mientras yo, devoré el segundo plato, y me plantee pedir el postre.
Tess consiguió sacarme de ahí antes de que acabase con todo el dulce de la cocina.
- ¿Donde has quedado con Luke?- Tess me contó como se iba hasta el lugar y como habían quedado. Hubo un momento en que dudé en seguir adelante con aquello, pero era algo que necesitaba. Quería descubrir hacia donde podía llevarme lo mio con Max, siempre y cuando él siguiera interesado. En menos de una hora nos veríamos allí, pero antes había algo que quería hacer. Cogí mi teléfono móvil del bolsillo y le pedí a Tess que me hiciese una foto en la que se me viese bien en piercing.
- ¿Vas a mandársela a Zack?
- ¿Como lo sabes?- en realidad fue más una afirmación que una pregunta.
En fin, me sacó la foto, y como me gustó, seleccioné el telefono de Zack para mandársela. Después de hacerlo me sentí mejor. No quería que lo ocurrido con él me arruinase la noche y menos aun después de la contestación al mensaje. Solo escribió << Ufff... dios mio>> nada más, pero fue suficiente. Ahora estaba más que segura de que más tarde me llamaría.
- ¿Estás preparada?- miré a Tess. También se había puesto muy guapa y estaba segura de que a Luke se le iba a caer la baba al verla.
- Vamos- nos pusimos al final de la cola esperando a que nos dejaran entrar.
Por suerte no tuvimos que esperar mucho porque refrescaba y las chaquetas que llevábamos apenas nos cubrían.
Pedimos algo en la barra después de dejar las chaquetas en el guardaropa. La confianza en mi aumentó cuando el camarero me piropeó.
- Voy un momento al baño, ¿te quedas aquí?
- Si, aprovecharé para bailar un poco- cuando Tess y yo tomamos un par de chupitos que le había sonsacado al camarero, un chico monisimo se nos acercó para invitarnos a bailar. Tess se animó al principio pero estaba más pendiente de que Luke llegara y termino dejándome sola con él.
De vuelta del lavabo, mi amiga se chocó con Max. Luke estaba con él y ambos tuvieron que fingir que había sido una coincidencia.
- Menuda sorpresa. ¿Que estáis haciendo aquí?
- Hemos salido a tomar algo. Ya sabes, una noche de chicos...
- En ese caso, voy a buscar a Alex y seguiremos con nuestra noche de chicas.
- ¿Alex esta aqui?- ¿No era obvio? En fin, me buscó con la mirada y me encontró bailando con aquel chico.
- ¿Por que no vas a buscarla?- Luke conocía demasiado bien a Max y sabia que cuando realmente le gustaba alguien no podía quedarse sin hacer nada.
- No puedo moverme... ¿Tu la has visto? Está... increíble.
- Tienes que reaccionar. Este tio se la esta comiendo con la mirada, y como no vayas a por ella, lo hará con las manos.- no dijo nada, solo vino a por mi. En cuanto estuvieron solos, Luke cogió a mi amiga por la cintura y la atrajo contra su cuerpo- ¿Sabes que estas preciosa y que te quiero?- ella sonrió y le besó.
- Princesa, ¿me concedes este baile?- el chico que estaba conmigo prácticamente se rió de Max, pero yo no. Aquello era lo que quería. Necesitaba al príncipe de mis cuentos.
Dejé aquel chico plantado y me fui con Max de la mano. Pasamos por delante de nuestros amigos que nos dedicaron una sonrisa en modo de despedida.
Max quería sacarme de allí como fuese, de modo que fuimos a por nuestras chaquetas y nos fuimos.
- Creía que querías bailar conmigo.
- Y eso haremos, pero no aquí.
- ¿Donde me llevas?- en realidad no me importaba pero tenía mucha curiosidad. Se detuvo un momento y me miró. Sentí un cosquilleo muy intenso por todo el cuerpo.
- Se que no tiene sentido, pero ¿confías en mi?
- No sé por que, pero si, confío.
- Entonces dejate llevar- me tendió su mano para que se la cogiera. Lo hice y me llevó hasta un parque donde habían cocheros con sus carros y sus caballos.
Me mordí el labio al imaginarme cual era su intención. Era tan dulce y yo necesitaba tanto a alguien que hiciese ese tipo de cosas por mi.
- Discúlpeme señor- le dijo al cochero- ¿Podría usted alquilarme uno de sus caballos por un rato?
- Eso es algo que nunca me han pedido. No sé si es una buena idea...
- Max, no es necesario que lo hagas- se volvió hacia mi y me cogió las manos para besármelas.
- Dejame ser tu príncipe por esta noche Alex por favor- no sé si aquello enterneció al cochero pero el caso es que aceptó. Nos alquiló el caballo por dos horas.- ¿Te ayudo a subir?- conseguí subirme sin problemas y cuando estuve bien sentada, Max se subió detrás de mi.- ¿Te molesta que me haya puesto asi?
- No, está bien- pero cuando me rodeó con los brazos para coger las riendas para manejar al animal, se me erizó el vello del cuerpo.
Empezamos a cabalgar por la ciudad. Nunca me había sentido como en aquel momento. Llegamos cerca de un puente desde donde se veía un cielo increíblemente hermoso y que cruzaba sobre el río.
Desmontamos y caminamos hasta la mitad seguidos por el caballo.
- Dios mio Max, nunca había visto nada tan bonito como esto.
- Me alegra que te guste. Sabia que te encantaría. Siempre vengo aquí cuando necesito pensar.
- ¿Y no te importa compartirlo conmigo?
- Para nada. Eres la primera persona a la que traigo aquí conmigo y no quisiera enseñárselo a nadie más.
- No sé que decir. Eres tan dulce conmigo.
- Prefiero ser eso a un arrogante- me apoyé en el puente y oculté la cara entre mis manos.
- No me lo recuerdes, me siento fatal por haber pensado eso de ti.
- La culpa fue mía. Intenté impresionarte desde el momento en que nos presentaron y metí la pata hasta el fondo, pero no dejaré que eso vuelva a pasar- me cogió de las manos y rodeó su cuello con ellas, después colocó sus manos sobre mi cintura y nos movimos al paso de una canción que solo podíamos oír en nuestra cabeza. Me acarició el pelo y sonrió.- Estás preciosa. Menudo cambio.
- Hay más... pero dejaré que lo vayas descubriendo poco a poco.
- Te encanta dejarme con las ganas, ¿verdad?
- Me has pillado.- sonreí.- ¿Por que quisiste impresionarme?
- Porque me gustaste desde que te vi aparecer por la esquina. Porque al verte con mi hermana, tu carácter infantil, cuando nos encontramos esta tarde, cuando me dijiste que te ibas... No he podido dejar de pensar en esas cosas, en que no quiero perderte.
- Tu hermana ha sido como un rayo de luz, ¿sabes? Yo siempre me he sentido muy unida a mi hermana. Es como una hija para mi.
- Alex, no se que me pasa contigo, pero soy consciente de que me gustas muchísimo.
- Y tu a mi, pero es que...
- ¿Tienes novio, no es cierto? Luke me lo dijo.
- Es algo complicado de explicar, pero digamos que ya no tengo porque volver.
- ¿Quieres decir que te quedas?- casi podía decir que le había echo la persona más feliz del mundo. Asentí, y él me acarició la mejilla, se acercó lentamente a mi para besarme justo en el momento en el que sonó mi celular.
- Perdona- hice una mueca y me alejé de él para contestar.- ¿Diga?
- ¿Alex? Soy Zack- ya iba siendo hora de que llamase. Por poco que fallo en mi predicción.- ¿Estás ahí?
- Si... lo estoy- notaba que Max me miraba con curiosidad. ¿Por qué demonios me temblaba todo si no sentía ya nada por él?
- Acabo de escuchar el mensaje que me dejaste en el contestador. Dijiste que era importante.
- Si, de eso hace unas cinco horas, pero pensaba que Sophie te había dicho que había vuelto a llamar.
- ¿Has hablado con ella?
- Si, llamé para decirte que volvería el mes que viene para estar contigo, pero ahora te digo que me lo he pensado mejor.
- Pero Alex yo...
- ¿Vas a decirme que no tienes nada con ella?- no me respondió, y aquello era todo lo que necesitaba para saber que hacia lo correcto.- No hace falta que digas nada, tu silencio habla por si solo. Se acabó- y colgué. Me di la vuelta y me encontré cara a cara con mi príncipe, que si tan siquiera preguntar, me abrazó para que pudiera desahogarme tranquilamente.
Tras serenarme un poco, nos sentamos en un banco cerca de la orilla mientras el caballo saciaba su sed.
- ¿Estás mejor?- no me había soltado las manos en ningún momento.
- Pensé que me había preparado para esto, pero sigue siendo igual de duro.
- ¿Quieres contármelo?- le expliqué toda mi historia con Zack, desde que le conocí hasta aquel día.
- ¿Hubieses preferido que las cosas hubiesen sido distintas?
- Me hubiese gustado haber tenido una oportunidad de verdad.- al ver que me miraba con cara de preocupación, le sonreí.
- Me encanta que sonrías.
- Es gracias a ti. Eres un príncipe increíble.
- Bueno, si fuese un buen príncipe, caerías rendida a mis pies en lugar de reírte conmigo como si fuese un bufón.
- ¿Que clase de príncipe encantador serias si no fueses capaz de hacer reír a tu princesa?
- ¿Lo eres?
- ¿Tu princesa?- asintió y se acercó un poco más a mí, acariciándome de nuevo las mejillas para intentar besarme otra vez.- Lo soy por esta noche. Toda la noche- esta vez fui yo la que terminó acercándome para besarle, me moría de ganas, pero cuando nuestros labios se juntaron, las chispas saltaron una vez más.- Lo siento.
- Es increíble lo que me pasa contigo. Nunca me habían electrizado al besarme.
- Lamento no poder decir lo mismo.
- Sé que no, pero cada relación es diferente y yo quiero que esto funcione.
- Max, no quiero presiones- me levanté y fui hacia la orilla para acariciar a nuestro amigo. Max se acercó y me rodeó con los brazos.
- No voy a hacer nada que tu no quieras- me volví hacia él. Quería leer en sus ojos.- Vayamos a devolver a nuestro amigo y luego te llevaré a tomar un helado.
- Me has convencido. Vamos.- me subí de nuevo al animal y luego Max volvió a subirse detrás mio.
Nos dimos un poco más de prisa que cuando nos lo llevamos. Llegamos bien de tiempo porque el cochero nos dijo que acababa de llegar.
- Muchas gracias por el favor.
- Si queréis volver a repetir algún día ya sabéis donde encontrarme.
- Es usted muy amable. Gracias de nuevo- Max me cogió de la mano y nos fuimos andando hasta una heladería. Entramos y esperamos a que nos atendieran.
- ¿De que lo quieres?- miré el escaparate y lo pensé detenidamente.
- Me los comería todos.
- ¿Bromeas, no?- estaba atónito.
- No, pero cogeré una tarrina de yogurt, vainilla, turrón y fresa- la dependienta me miró como si estuviese chiflada pero debió ver algo en mi cara que la convenció de que si no me daba lo que quería, iba a hacerle tragar todas las cucharillas de plástico que había en el mostrador.
- Aquí tiene- por la forma en como miró, solo os diré que no tengo ninguna intención de volver.
- ¿Quieres un poco?- cogí un poco de helado de cada con una cucharita y se la acerqué a Max a la boca.
- Gracias- nos sentamos en unos columpios que habían en el parque.- Está bueno.
- Podría quedarme toda la noche mirando al cielo. Me encanta mirarlo, es tan lindo. Hay todo un mundo ahí arriba.
- Me he dado cuenta de que te quedas fascinada mirando la luna- me levanté y tiré la tarrina vacía a la papelera.
- Cierto, me encanta. Por eso me he puesto este piercing- me desabroché la chaqueta y lo señalé. Max se levantó, colocó sus manos alrededor de mi cintura por el interior de la chaqueta y me apretó contra su cuerpo.- ¿Vas a arriesgarte a recibir otra descarga?
- Algún día tendré que besarte y he decidido hacerlo antes de que te conviertas en Cenicienta.
- Cenicienta solo tuvo hasta la medianoche. Son las dos de la mañana y no me he trasformado aun.
- Entonces quedate conmigo esta noche- no sabia si me lo pedía o me lo suplicaba, pero la idea era igualmente tentadora.
- ¿Quieres irte ya a casa?
- Solo si vienes conmigo.
- ¿Que me das a cambio?
- Una taza de chocolate y una conversación ante el fuego.
- ¿Puedo pedirte algo más?
- ¿No será otro helado, verdad?- negué con la cabeza.
- Quiero besarte. Necesito besarte.
- ¿Me quieres besar?- asentí mientras acercaba mi boca a la suya. No sé si recibimos aquella habitual descarga, pero no nos separamos- Vamos a mi casa- dijo sin aliento.
- Max, no vamos a poder acostarnos.
- Alex, ya te dije que no iba a presionarte... Solo quiero que estemos juntos toda la noche.
- ¿De verdad?- me quería morir, era tan dulce...
- Vamos- llamé a Tess para decirle que no se preocupara pero no contestó. Apuesto cualquier cosa a que estaba ocupada en otras cosas bastante más intimas. Sonreí para mi misma. Al menos una de las dos disfrutaría a modo sexual. Apenas hablé el resto del camino. Estaba distraída y no prestaba demasiada atención a lo que Max me decía- ¿Se puede saber donde tienes la cabeza?
Llegamos a su casa. Su madre estaba trabajando y Meredith en casa de su abuela. Teníamos la casa para nosotros dos solos. Era una lástima que la regla no se me hubiese retrasado esta vez.
- En ningún lado. No pensaba en nada en particular.
- ¿Pensabas en él? ¿Pensabas en tu ex?
- Ya te he dicho que no pensaba en nada.
- Perdona, no quería ponerme así. Es que no puedo entender lo que te ha echo y sé que siempre será importante para ti, que a pesar de como se ha portado, siempre le vas a querer.
- Eso es porque no tienes que comprenderlo. Es mi modo de ser.
- No es malo tener miedo, ¿verdad?
- ¿Y de que tienes miedo?
- Me asusta que te vayas y me olvides. Me da miedo que él regrese a tu vida para quedarse.
- No tienes porque preocuparte por eso ahora, ni siquiera deberías pensarlo. Solo puedo asegurarte que no voy a olvidarte nunca, pase lo que pase.
- ¿No considerarías la idea de quedarte en Italia conmigo?
- ¿Para siempre?- asintió- No lo sé. Quizá para entonces ya te hayas cansado de mi.
- No digas eso.
- Max, vamos a disfrutar del tiempo que nos queda para estar juntos. Más adelante, si sale bien, ya pensaremos que hacer.- No estoy muy segura de si eso le convenció, pero parecia que le tranquilizaba. Incluso yo misma estaba sorprendida de la respuesta que le había dado. No nos conocíamos tanto como para llegar a hablar de eso, aunque lo cierto era que a veces el corazón hablaba por nosotros. Me guió hasta su habitación, bastante ordenada debo admitir y abrió el armario para dejarme uno de sus pijamas.- Gracias.
- Voy a preparar el chocolate. Ponte mis zapatillas si quieres. Te espero en el salón. Encenderé el fuego.
Cuando me dejó sola empecé a desnudarme . Max tenia un espejo de cuerpo entero detrás de la puerta. Me puse frente a él llevando únicamente la ropa interior. Me sentía sexy, pero no me servia de mucho en ese momento. No podía evitar pensar en Max de un modo sexual. Imaginé sus caricias, sus besos, y me sentí excitada.
Desabroché el sujetador y fijé toda mi atención a mis pechos. Los acaricié, los sentí suaves, con un ligero olor a almendra, el jabón con el que me había lavado. Deseaba que alguien los apretara. Deseaba que Max lo hiciera.
Finalmente me puse el pijama. Intenté dejar de pensar en ello, pero al llegar al salón, le vi apoyado en la mesa, leyendo una carta y con la otra mano acariciándose el vientre... Podía ver parte de su cuerpo y me gustaba.
Debió darse cuenta de que le miraba porque dejó de hacerlo poco después.
Me acerqué a él y me sonrió al tiempo que me alcanzaba mi taza. La sostuve un poco entre mis manos, la dejé sobre la mesa y le cogí con ambas manos de la camiseta para quitársela lentamente.
Acaricié su pecho, lo arañé despacio erizando su piel y por lo que pude ver y sentir, excitarlo también.
- Alex, por favor...- pero yo no era consciente, y no podia parar. Me sentó sobre la mesa y se colocó entre mis piernas. Desabrochó la parte de arriba del pijama dejando al descubierto mis pechos sedientos de caricias. Los acarició con ambas manos,consiguiendo que arqueara mi cuerpo hacia atrás.
Recorrió mi cuello con la lengua, la paseó por mis labios sin dejar de acariciarme ni un segundo.
- Me estás volviendo loco- le miré, deseaba besarle, deseaba no terminar con esos juegos, pero tenia que parar. No podía acostarme con él, y finalmente, fue Max quien se detuvo.- No podemos seguir. No quiero forzar nada.
- No lo haces. Yo he empezado con todo esto y no debí hacerlo. Quiero que tu termines.
- No lo haré. Esperaremos a que la marea roja haya pasado y volveremos a hablar de esto- me acarició el pelo y me besó.




¿Por que las cosas tenían que complicarse siempre? La sola idea de perderme le estaba volviendo loco. ¿Por que Sophie no le había dicho que había llamado? No podía continuar de aquel modo. Tenia que recuperarme. Sophie no significaba nada para él.
Sophie era la misma chica con la que yo le había visto un año antes, un par de días antes de irme.
Decidió que lo mejor era llamarla y aclarar las cosas de una vez por todas.
- ¿Diga?- consiguió decir antes de bostezar.
- Tenemos que hablar.
- ¿Zack? ¿Eres tú cariño?
- No me llames así- estaba enfadado como nunca antes lo había estado.- ¿Por que no me dijiste que Alex había llamado?
- No pensé que fuese importante. No dejó ningún recado.
- ¿Que le dijiste?
- Pues que estabas en la ducha y que se equivocaba.
- ¿En que?
- Pues que me confundió con tu hermana, y le dije que era tu novia.
- ¿Como has podido decirle eso?
- No le he mentido.
- ¡Tu y yo no somos nada!- tenia ganas de estrangularla- Por tu culpa Alex no va a volver.
- ¡Mejor! No haces más que pensar en ella todo el tiempo. No hay nada en el mundo que te importe más que ella. Si tan enamorado estás de Alex, no deberías llamarme para acostarte conmigo. Si tanto la amas, deberías ir a buscarla, y si ella te amase de verdad, no se habría marchado- y colgó con lágrimas en los ojos.
Todos teníamos parte de culpa en esa historia. Sophie debió explicarle a Zack lo ocurrido. Este no debió llamarla solo para acostarse con ella y jugar así con sus sentimientos y puede que yo hubiese tenido que quedarme, pero no lo hice, y las cosas se complicaron.
Mi abuela siempre decía que las cosas ocurrían únicamente porque debían ocurrir. No podíamos controlarlo todo y aunque a veces no aceptásemos el resultado, era inútil intentar cambiarlo.


Max y yo nos relajamos un poco, lo cual no era fácil después de como nos habíamos comportado. Mi corazón aun estaba acelerado. Me tomé el chocolate mientras miraba como saltaban chispas de las llamas en la chimenea. Pensé en Zack, en como vivimos una mentira. Fuimos muy inocentes al pensar que lo nuestro funcionaria en la distancia. Por otro lado estaba Max, un chico bueno y dulce que deseaba estar conmigo aun cuando hacía solo un par de días que nos conocíamos. Habíamos creado una especie de vinculo que solo nosotros podíamos comprender. Eramos parecidos en muchos sentidos y quizá en el fondo ya supiéramos que lo justo era estar juntos.
Antes de irnos a dormir, le mandé un mensaje a Tess para diciéndole que estaba bien, y que nos veríamos al día siguiente.
- ¿Vamos a dormir?
- Sí, vamos.- le seguí hasta su habitación y me senté sobre la cama.
- ¿Que lado prefieres?
- Me da igual.
- ¿Te molesta si me quito la ropa delante tuyo?
- No, para nada. Es tu habitación.- pero cuando empezó a desvestirse, deseé no mirar. Tenia un cuerpo perfecto y solo quería tocarlo. ¿Por qué demonios no se me había retrasado la regla esta vez?
Cuando se quedó en ropa interior, se metió en la cama y me hizo sitio. Me acurruque debajo de las sábanas y apoyé la cabeza sobre su brazo. No pude evitar acariciarle el poco pelo que tenía en el pecho. Me encantaba enroscarlo entre mis dedos. Fue así como nos dormimos.
Normalmente siempre me despierto dos o tres veces por la noche para ir al baño, pero esta vez dormí del tirón y ninguno de los dos despertó hasta que oímos la voz de Meredith.
- ¡Buenos días!
- Hola princesa- me desperecé todo lo que pude pero se me cerraban los ojos solos.
- ¡Alex!- al principio pensé que se escandalizaría al verme allí durmiendo abrazada a su hermano pero no fue así- Que bien que estés aquí. Has cumplido tu promesa.
- Bueno si, pero cuando llegué no estabas.- Max se incorporó, cogió en brazos a su hermana y la sentó sobre la cama.- Quería hablar contigo.
- ¿Te marcharás antes de lo que dijiste?- me puso una carita triste que me rompió el corazón.
- No. Quería decirte que me quedaré el tiempo que tenia pensado cuando vine aquí- no sé si fue mi imaginación, pero se le abrieron los ojos como platos y me mostró de nuevo su sonrisa desdentada.
- ¿Te quedas por mi hermano?
- No, me quedo por mí. Pero haberos conocido a ambos ha significado mucho para mi y creo que también cuenta.
- Te dije que Max era tu príncipe.
- Desde luego se comportó como uno.
- Sin embargo Alex se portó como un dragón- abrí más los ojos y le miré. Se estaba burlando de mi.- Tenias que haber visto el helado que se comió.
- ¿Era grande?
- De cuatro sabores.
- ¡Caray...!- no sabia si estaba impresionada o alucinada. Desde luego parecía ambas cosas.- ¿Y pudiste comértelo todo?-
- No, tu hermano me quitó la mitad- me volví hacia él y le saqué la lengua. Max como respuesta, me besó, lo que llenó de alegría a Mer.
- ¿Estáis juntos?- Max y yo nos miramos. ¿Lo estábamos? Supongo que era el modo más sencillo de explicar lo que nos pasaba, así que asentimos.- ¡Genial!
No sé quien estaba más feliz, si nosotros o la niña, pero se lanzó a abrazarnos a los dos.
- Bueno princesas, ¿que os parece si os llevo a comer por ahí?
- Vale. Vayamos para que mamá pueda dormir.
- Vamos a vestirnos y nos vamos.
- Yo debería pasar por casa. Me gustaría cambiarme de ropa.
- Mi prima se dejó algo de ropa aquí. Creo que debe usar tu talla- por suerte cuando tengo la regla siempre llevo ropa interior de recambio en el bolso. Las compresas y los tampones a veces no eran bastante.
- Echémos un ojo- Mer me llevo hasta la habitación de invitados.
Abrimos el armario y me quedé impresionada por lo que allí había. No solo había ropa sino también zapatos y me encantaban los zapatos. En casa tenia solo un armario destinado a ellos.
- ¿Puedo quedarme contigo mientras te vistes?
- Claro- tardé un poco en decidirme pero me alegró el resultado. Me puse un vestido largo hasta un poco más abajo de las rodillas de color verde esmeralda, unas sandalias cerradas, unas medias claritas y una chaqueta de punto blanca. Me maquillé con unos tonos parecidos a los que llevaba y me recogí el pelo con unas orquillas, dejándome algunos mechones sueltos.
Meredith se reia al imaginar la cara de su hermano al verme y no le faltaba razón porque cuando aparecí en el salón se le iluminaron los ojos.
- Estás preciosa. Ahora si que pareces una princesa de cuento.
- Gracias- me ruboricé y él me beso. Dijo que no podía parar de hacerlo, que le gustaba y eso significó muchísimo para mí.
- Señoritas, es hora de irse- nos cogió a ambas de la mano y salimos a la calle.
A pesar de que ya nos acercábamos al invierno, aquella mañana apenas hacia frío. Max me llevó a conocer una parte de Italia increíble, donde había toda clase de tiendas esotéricas, tal y como a mi me gustaban. Me pasé un buen rato mirándolo todo. Meredith me preguntó para que servían la mayoría de esas cosas e intenté explicárselo de un modo en que pudiera entenderlo.
Al salir de allí, vi a donde quería ir. Lo tenia claro. Me sentía como si algo me empujara a entrar, aunque siempre me ocurría lo mismo. Cuando veía una biblioteca o una tienda de libros entraba sin pensarlo. Está vez fue más bien lo segundo y lo mejor de todo es que tenia solamente libros viejos, con las tapas desgastadas y las hojas amarillentas. Casi daba miedo pasar las páginas por temor a que se me desintegraran en las manos. Me encantaba todo aquello, e incluso el olor. Sabia que Max no me quitaba los ojos de encima. No sé exactamente que debía pensar, pero me miraba con una sonrisa en los labios.
- ¿Puedo ayudarla en algo señorita?
- Solo estaba mirando, pero gracias.
- Se nota que le gustan los libros. No hay más que verla.
- Siempre me han gustado. Me siento atraída hacia ellos.
- Sé exactamente lo que quieres decir- miré aquel hombre. Parecía tan buena persona.- Me recuerdas mucho a mi mujer. Hace treinta años estábamos los dos aquí, como ahora vosotros, y ella no hacia más que acariciar cada portada, pasar los dedos por los relieves de los títulos y yo la miraba como él te mira a ti- señaló a Max con la cabeza.- Por aquel entonces no estábamos casados, pero yo estaba perdidamente enamorado de ella. Se llamaba Alexis- creo que al oír aquel nombre nos quedamos un poco sorprendidos. Se parecía mucho al mio.
- ¿Quiere decir que esta tienda no es suya?- Max se acercó a nosotros seguido por Mer.
- Ahora si, pero de eso hace muy poco. Era de un señor muy simpático, que al ver el aprecio que le tenia Alexis a los libros, la contrató para que trabajase con él. Aquel hombre no tenia familia y cuando murió, se lo dejó todo a ella. Decía que la dejaba en buenas manos. Gracias a eso me aficioné mucho a los libros, lo son todo. Al final terminé pidiéndole que se casase conmigo y aceptó. Murió hace un año y esto fue todo lo que me dejó.
- ¿No tuvieron hijos?- me atreví a preguntar.
- No pudimos, pero nunca lo lamentamos. Esta librería lo es todo para las personas que aman lo antiguo como tú. Tienes algo especial que no tiene todo el mundo.
- ¿Que intenta decirme?
- Soy un hombre mayor, viudo y sin familia. Quiero que trabajes aquí conmigo.- no sabia que decir o como reaccionar. No sabia si reír o llorar, pero la idea me encantaba.
- ¿Está usted seguro? No me conoce.
- No hace falta. He visto como habéis reaccionado cuando he dicho el nombre de mi mujer. ¿Como te llamas linda?
- Alejandra, pero todos me llaman Alex- pude ver el asombro en sus ojos y quizá una mezcla de tristeza y alegría.
- El puesto es tuyo si lo quieres.
- ¿Cuando podría empezar?- no recuerdo si lo pensé cuando dije esas palabras.
- ¿Te parece bien la segunda semana de enero? Te esperaré aquí a primera hora.- me sorprendió porque apenas había empezado noviembre.- Siempre cierro para navidad. Es una tradición.
- Genial. Aquí estaré.
- Hasta pronto Alex.
- Hasta entonces, ¿señor...?
- Llamame Máximo- ¿otra coincidencia? La abreviatura era la misma que la de Max, solo que este se llamaba Maxwell.
- Gracias por la oportunidad
- No hay de que- salimos de la tienda sin saber muy bien que ocurría, y aunque solo fuese la confusión, deseaba impaciente que llegase el día en que empezaría a trabajar allí.
Me detuve antes de seguir y miré hacia el interior de la librería. Máximo se acercó a una estantería, cogió un marco con una fotografía de una mujer preciosa, lo besó y le vi hablando con ella. Supuse que seria su mujer, Alexis.
- Tal y como tu dijiste querida, ha venido una chica muy especial. Tu ya sabias que aceptaría este trabajo. Ama los libros como lo hiciste tu en su momento. Ella será quien siga la tradición- eso fue lo que le dijo el librero a su esposa.
- ¿Vamos a comer?- Max me devolvió a la realidad. Le cogí de la mano y nos fuimos a un restaurante. Aquella librería me había dado una idea. Quería hacerle un regalo muy especial a Meredith para navidad. Apenas faltaban unas semanas y quería empezar cuanto antes.
Mientras íbamos hacia el restaurante decidí hacer algo. Llamar a mis padres. Mi padre contestó cuando no había sonado ni siquiera una vez.
- Hola cariño, ¿como estás?
- Hola papá. Estoy genial. Tengo algo que contaros. ¿Está mamá contigo?
- Estamos los tres viendo una película. Espera que pongo el manos libres.- lo hizo y volvió a hablar.- Ya está.
- Hola mi niña.
- Hola mamá. Hola Beth.
- Hola hermanita.
- Bueno, cuéntanos.
- ¿A que no sabéis lo que me ha pasado?- estaba tan emocionada que quería gritárselo al mundo.
- ¿No estarás embarazada, verdad?
- No papá, quedaos tranquilos por eso.
- Entonces, ¿que es?
- Me han ofrecido trabajo en una librería de libros viejos.
- Cariño eso es genial.- sabía que se alegrarían por mi.
- Si, es estupendo. Estoy muy contenta, Ya os contaré los detalles otro día. Me voy a comer. Os quiero.
- Y nosotros a ti.
- Muchos recuerdos y besos para todos.
- Muy bien- mi madre estaba a punto de llorar, podía notarselo en la voz.- Se los daremos.
- ¿Mamá?
- ¿Que?
- Te echo de menos.
- Y yo a ti Alex.
- Hasta luego.
- Adiós- se despidieron los tres a la vez.- cuando colgué, mi madre no resistió más y lloró. Papá la abrazó con fuerza para tranquilizarla y Beth se unió a ellos.
Entramos en el restaurante y nos sentaron en una mesa a esperar pacientemente a que nos sirvieran.
Mientras comíamos, Mer nos contó las cosas que había echo el día anterior cuando fue a casa de su abuela. Le encantaba formar parte de las conversaciones entre adultos y ella misma intentaba parecer uno.
Un poco antes de pedir el postre recibí una llamada de Tess.
- ¿Qué tal tu noche?
- Increíble. Tengo que contarte un par de cosas.
- Vale. ¿Tardaras mucho en volver?
- No creo. Ahora estoy comiendo. Cuando acabé iré hacia allí.
- Te espero. Yo también tengo algo que quiero comentarte.
- Nos veremos en una hora más o menos. No creo que vaya a tardar más.
- De acuerdo. Voy a aprovechar que Luke me ha quitado las manos de encima para darme un baño.
- No tienes motivos para quejarte.
- Cierto- ja, ja, que graciosa.- Nos vemos- colgamos y les conté a Max y a Mer que en cuanto acabáramos debía volver a la mansión. Puesto que tenía mi ropa del día anterior en una bolsa que llevaba conmigo aprovecharía y la dejaría allí.
- ¿Cuándo volveremos a vernos?- preguntó la niña y aunque no con palabras también su hermano.
- ¿Qué tal mañana? Voy a buscarte y nos vamos al cine a ver lo que quieras.
- ¿De verdad?
- Lo juro.
- Supongo que yo no estoy invitado.
- Bueno, ven si quieres- dijo Mer.
- Vale, lo pensaré- ambas nos reímos un buen rato antes de que volviese a sonar mi teléfono. Pensé que era Tess de nuevo.
- ¿Qué se te ha olvidado decirme?
- ¿Alex?
- Zack...- apenas pude pronunciar su nombre. Me salió en un susurro. Max me miró preocupado. Me disculpé y salí fuera.- ¿Que quieres?
- Quiero que sepas que lo que te dijo Sophie es mentira. No somos pareja.
- ¿Pero te acuestas con ella, verdad?
- ¿Ella te dijo eso?
- No hace falta. No soy estúpida. Digas lo que digas no cambiará mi decisión.
- Pero cuando acabe este curso volverás.
- Puede que no. Me han ofrecido un trabajo aquí y lo he aceptado. Si funciona, me quedaré.
- ¿Y que pasa con nosotros?
- Está claro que ya no existe eso. Dejó de haber algo entre los dos cuando te ascendieron o quizá antes. Sophie pudo suavizarlo.
- ¡Maldita sea, Alex! ¿Qué tengo que hacer para que las cosas sean como antes?
- Es tarde para pensar en eso ahora. Voy a rehacer mi vida aquí y no quiero que interfieras en ella.- colgué y respiré hondo antes de volver a entrar. No quería que ni Max ni la niña me vieran de aquel modo. Regresé a la mesa y sonreí.
- ¿Estás bien?
- Lo estoy. ¿Pedimos el postre?- intenté parecer animada lo que quedaba de tiempo antes de volver a la mansión. Debí convencerles porque no comentaron nada.
Cuando llegamos me temblaba todo. Tenía tantas ganas de correr hasta la habitación y contárselo todo a mi amiga que no podía contenerme.
- ¿Nos veremos mañana?
- Si, te lo prometí, ¿no es cierto?
- Si. Hasta mañana.
- Hasta mañana princesa.- ambas miramos a Max esperando a que se despidiera.
- Bésala ya hermano, que te mueres de ganas.- Mer le empujó hasta mi para que me rodeara con los brazos y me besara.
- ¿Puedo?
- Me encantaría- me besó dulcemente en la frente, después en la punta de la nariz y finalmente en los labios. Sentí que me derretía lentamente y que si me soltaba me caería.- Hasta mañana Max.
- Hasta mañana- se alejó de mí poco a poco. Subió a Meredith a caballito y desaparecieron tras la esquina.
- Subí las escaleras hasta llegar donde estaban nuestras habitaciones y entré en la de mi amiga. Tess se hallaba tumbada en su cama, comiendo de un cuenco de palomitas mientras veía una película antigua en el televisor.
- Menudo espectáculo. ¿Qué ha pasado?
- Nada. Me apetecía ver esta peli.
- Desde luego. Debe ser interesante, sobretodo el diálogo.
- Lo es.
- ¿Cómo lo sabes? No tiene volumen.
- Bueno, dejemos de hablar de la peli.- Se incorporó para sentarse y dejar el cuenco sobre la mesita.- Cuéntamelo todo.
Le conté todo, hasta el más mínimo detalle, e incluso las dos veces que Zack me llamó.
- Supongo que estoy dolida, que me siento traicionada, pero cuando estoy en brazos de Max me olvido de todo eso. Anoche le conté toda mi historia con Zack y no se alejó de mí, al contrario.
- ¿Hay algo más?
- Si, pero ahora no tiene importancia. Cuéntame como te fue a ti.
- Fue genial. Es increíblemente cariñoso, más de lo que ya sabía. Y en la cama... no puedes ni imaginártelo.
No podía comprender como era posible que ella llevase saliendo con Luke casi medio año y hasta la noche anterior no se hubiesen acostado y en cambio yo que hacía dos días que conocía a Max, me moría de ganas de hacerlo con él a todas horas.
- ¿Estás intentando darme celos?
- ¿Lo consigo?
- Si, pero me alegro mucho por ti.
- Hay otra cosa.
- ¿Qué es?
- Luke me ha pedido que me quede aquí a vivir con él.
- Eso es genial.- no sabía si decirle que Max me había pedido lo mismo a mi. Preferí esperar y contarle lo de mi futuro trabajo.
- ¿Lo es?- parecía de lo más extrañada.
- Si. Verás, cuando hemos salido hoy para ir a comer, entramos en una librería antigua...
- Ay dios...- era obvio que sabía lo que aquello significaba para mi.
Le conté toda la historia.
- Le dije hoy a Zack que si las cosas iban bien me quedaría en Italia para siempre.
- ¡Alex, que alegría!- nos abrazamos y luego me preguntó.- ¿Se lo has dicho ya a Max?
- ¿Qué me quedaría?- asintió.- Aun no. No sé muy bien hacía donde llegará lo nuestro.
- ¿No tienes ningún presentimiento hacia él?
- Sé que podría ser muy feliz a su lado, pero algo me dice que aun nos queda un largo camino.
- ¿Es por Zack?
- Creo que si.
- Yo lo veo de este modo. No puedes vivir preocupada por si le da por presentarse aquí. Es una locura.
- ¿Y si no lo es?
- Disfruta mientras puedas de lo que tenéis.
- Tienes razón. Bueno, ¿qué quieres hacer?
- Mi príncipe encantador me ha dicho que han abierto una pista de patinaje. ¿Qué tal si vamos a patinar sobre hielo?
- No podías haber tenido una idea mejor. Me cambio de ropa, te calzas y nos vamos.- nos costó un poco encontrarla pero cuando por fin llegamos fue increíble. Era enorme y apenas había gente.
Alquilamos los patines y guardamos nuestras cosas en una taquilla. Tardamos un poco en cogerle el truco, al fin y al cabo hacía años que no hacíamos aquello. Cuando éramos pequeñas nos apuntamos a clases de patinaje y se nos daba genial, incluso ganamos algún que otro concurso, pero de eso hacía unos diez años.
- ¿Te atreves a hacer aquel ejercicio tan difícil de la señorita Lorena?
- Atreverme si, en cualquier caso puede que no sobreviva al intento.- empezamos bien, hasta que llegamos a la triple vuelta. Caímos al suelo, y lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento fue el frío del hielo contra mi mejilla.


Mis padres seguían viendo la televisión cuando de pronto mi madre se incorporó de golpe.
- Hannah, ¿Qué tienes?
- No se, siento algo malo. Es Alex.
- Pero si acabamos de hablar con ella. Lo que pasa es que estás angustiada porque la echas de menos. Es normal.
- No es eso Jason. Algo le ha pasado.- cogió el teléfono de la mesita y marcó mi número. No hubo respuesta. Tampoco en el de Tess. Decidió llamar a la mansión, pero el ama de llaves le dijo que habíamos salido a patinar no hacia mucho y que en cuanto llegase me diría que la llamara.-Gracias.- aquello no la tranquilizó. Se levantó y fue directa a mi cuarto y se sentó en la cama abrazada a mi peluche favorito.
Papá la siguió y la miró desde el marco de la puerta. Nunca había llegado a comprender el vínculo que nos unía a Beth y a mí con mamá, pero sabía que nunca fallaba. Todas sentíamos cuando alguna de las otras dos no estaba bien y eso era lo que sentía en ese momento.
Beth irrumpió de pronto en mi cuarto.
- Mamá, es Alex.
- Lo sé cariño, pero no puedo localizarla. Solo podemos esperar.- Beth se sentó junto a ella y la abrazó. Papá no sabía que hacer salvo estar allí con ellas.