Alex
No soy más que una chica corriente de veintidós años, que trabaja, sale con sus amigos, que ha hecho alguna que otra trastada al fin y al cabo y que se ha enamorado alguna que otra vez, y mucho.
Cuando iba al instituto, me enamoré de un chico y le quise durante cinco años. El centro entero estaba al corriente, pero tras confesar lo que sentíamos, me entró el miedo y pensé que lo mejor era ser amigos, y aunque en un principio él no estuvo de acuerdo, al final terminó aceptándolo.
Cuando se marchó del instituto, empecé a comportarme como nunca lo había hecho. Empecé haciendo novillos, a suspender, a ser una rebelde. En eso me parezco a mi madre. Ella tuvo una experiencia parecida.
Yo sabia que él estaba al corriente de todo eso porque mi mejor amiga y alguno de sus amigos viven al lado, de modo que nos veíamos todos los días a pesar de que hubiese dejado las clases, y yo, finalmente, dejé de estudiar y me puse a trabajar.
Ambos sabíamos que en el fondo había algo que nos mantenía unidos, que por mucho tiempo que pasase sin que nos viéramos, sabíamos todo acerca del otro.
Un día salí con mi mejor amigo a dar una vuelta. Nos sentamos en un banco de piedra a esperar a mi mejor amiga, y entonces le vimos. Iba con un amigo suyo y dos chicas, y una de ellas le cogía de la mano. Sentí que mi mundo se desmoronaba. Todas mis fantasías acerca de que algún día estaríamos juntos desaparecieron, y rompí a llorar. Me abracé a Josh, y este me dijo que había visto a Zack mirarme y soltar de golpe la mano de la chica.
Igual yo sentía que había exagerado un poco, porque Zack me había visto varias veces con chicos distintos y nunca le vi pasarlo mal como lo estaba pasando yo en aquel momento. Supuse que era porque era la primera vez que le veía con una chica que no fuese yo.
Aquello me reconfortó, pero no había pasado lo peor... Cuando mi mejor amiga llegó, fuimos andando hasta el río, volvimos a cruzarnos a Zack y aquella chica, que al verme, se lanzó a sus brazos y le besó.
Pedí a Tess y a Josh que que me dejasen un momento sola, y mientras ellos iban a buscar algo para comer y a alquilar unas películas, yo me acerqué a una roca cerca de la orilla del río para sentarme en ella.
Sentí que no había pasado demasiado tiempo cuando noté una mano sobre mi hombro. Pensé que ya habían vuelto y me dejé llevar.
- No es justo que pase esto. Ojalá no le quisiera tanto.
- Ojalá tú no significarás tanto para mí.- me volví. Había reconocido su voz.
-¿Qué haces aquí?- me sequé las lágrimas como pude, pero no podía disimularlo. Zack se puso la mano en el bolsillo y me tendió un pañuelo.
- No podía soportar verte así. Me he escapado un momento con la excusa de ir a mear. Espero haberla engañado.- no pude evitar sonreír. Zack se mordió el labio y acto seguido acercó su boca a la mía para besarme y justo en el momento en el que nuestros labios iban a tocarse, saltó un chispazo.
- Parece que seguimos haciendo algo mal.
- Yo no lo veo así. ¿No eras tú la que decía que cuando se ama de verdad deben saltar chispas?
- Dejé de creer en eso hace tiempo- era normal. Hasta ahora solo me había ocurrido con él.
- Deberías volver a creer en ello. Lo que nos pasa cuando estamos juntos no es malo.
- Lo es cuando uno de los dos está con alguien.
- No lo es. Alex, yo no siento nada por ella.- por cierto, no me había presentado. Me llamo Alejandra, pero todo el mundo me llama Alex.- Ella es la que me coge la mano o se lanza a besarme.
- Quizá no lo hiciera si no se lo permitieras.- me dí la vuelta para mirar de nuevo el río. Estaba tranquilo. Zack me cogió del brazo volviendo a provocar una descarga.
- Solo me pasa esto cuando estoy contigo. Tú sabes que no creo en estas cosas, pero no podría pedir una prueba más convincente y quizá que siga ocurriendo sea el modo de hacerte ver que debemos estar juntos.
- Eso no va a poder ser.
- ¿Has dejado de quererme?
- No podría dejar de quererte nunca. Tú lo eres todo para mí, pero no puede ser.
- ¿Por qué no?
- Me han dado la oportunidad de ir a estudiar a Italia y he pensado en aprovecharla. Tess se viene conmigo. Estaremos fuera cerca de dos años. Lo siento.- no podía mirarle a los ojos. Me rompía el alma ser consciente de aquello le dolía mucho.
- No puedes irte. ¿Que pasará con nosotros?
- No existe un nosotros. Ya lo tengo pagado y no puedo echarme atrás ahora. Acepté ir hace meses.
- ¿Entonces que pasará con lo que sentimos?
- Quizá la distancia nos ayude a olvidarnos él uno del otro.- estaba más que segura de que eso no iba a pasar, pero prefería decirle aquello para que al menos él saliese adelante. Eso creía.
- Iré contigo. - estaba decidido y eso me llenaba, pero no quería que dejase su vida allí por mí. No podía pedirle aquello.
- Tú tienes aquí a tu familia, a tus amigos y tu trabajo. No puedes dejarlo todo sin más.- yo también tenía allí todo lo que era importante para mí, pero ya lo había hablado con mis padres y estaba segura que alejarme un tiempo sería lo mejor. Sobretodo alejarme de Zack.
Quería valerme por mí misma y si Tess se venía conmigo me quedaba más tranquila.
- Lo único que me une a esta maldita ciudad eres tú. Si te marchas, ¿que sentido tiene quedarme?
- Lo siento.
- ¿Cuando te vas?
- Pasado mañana. Ya lo tengo todo preparado.
- Iré a despedirte.
- No lo hagas. Si te presentas en el aeropuerto no podré subirme al avión y es algo que debo hacer. No quiero perder esta oportunidad. Lo mejor es que nos despidamos ahora.- me acerqué a él y le besé en al mejilla. En el fondo estaba deseando que me detuviese, pero no lo hizo y me fui.
Encontré a Tess y a Josh tras unos arbustos desde donde seguramente lo habían visto y oído todo. No había nada que explicar.
Llegamos a casa de Tess y allí vimos la película que habían alquilado y de paso comimos algo. Ninguno de los tres dijimos nada aunque imagino que debíamos pensar lo mismo. ¿Impediría Zack que me subiese al avión?
Finalmente llegó el día de nuestra partida. No había sabido nada de Zack desde que le dejé en el río. Supuse que estaría enfadado conmigo y que ahí había acabado todo. Una parte de mí estaba destrozada, y la otra aliviada. No sabía si habría sido capaz de mantener una relación a distancia.
Claro que por otro lado la idea de que apareciese montado en un caballo blanco para pedirme que me quedara me tentaba mucho. Puede que de no haber planeado aquel viaje al fin habría estado preparada para mi relación con Zack. Quien sabe.
Pedí a mis padres y a mi hermana que no viniesen a despedirme. Ellos si que habrían conseguido que me quedase.
Llegamos bien de tiempo así que pudimos facturar el equipaje sin prisas, lo cual era de agradecer.
Josh fue quien nos acompañó hasta el aeropuerto. Ya no nos quedaba nadie a quien decir adiós.
La noche anterior hicimos una fiesta de despedida. Asistieron un par de amigos de Zack, pero no había rastro de él. Me contuve para no llamarle. Habíamos tenido nuestra despedida o como queráis llamarlo.
Cuando anunciaron el vuelo con destino a Italia abrazamos a Josh. No sabíamos lo que tardaríamos en volver a verle.
En el momento en que iba a entregarle mi billete a la azafata, algo me obligó a mirar por última vez. Al principio no le vi, pero tras fijarme por segunda vez, vi que allí estaba, que había venido. Se acercó a mí y me besó. Volvimos a sentir aquella increíble descarga, pero ninguno de los dos se apartó del otro.
Cuando nos separamos, me sonrió, y me dijo que me esperaría, que prometía llamarme todos los días, y que esperaba que yo hiciese lo mismo y se lo prometí.
Al subir al avión, tenía la certeza de que seguía allí, esperando a que desapareciese entre las nubes para irse. Me sentía feliz. Tenía un motivo para volver, y estaba segura de que aquellos dos años iban a pasarme volando.
Al principio fue un poco extraño adaptarse a Italia, pero era una ciudad tan bonita que uno se sentía como en casa. Las clases eran entretenidas y aprendimos un montón. Conocimos a gente, salíamos todas las noches a tomar algo, e incluso encontramos algún que otro trabajo que nos permitía comprarnos lo que necesitáramos. Yo mantuve mi promesa y llamaba todos los días a Zack, y nos pasábamos horas al teléfono sin decir nada en especial, pero al terminar el primer año, las cosas empezaron a torcerse.
Zack me había contado que le habían ascendido y que seguramente haría más horas de las que hacía últimamente. Yo me alegré muchísimo por él porque se lo merecía.
Tess salía con un chico de clase del que se enamoró de pies a cabeza. Era un chico muy majo y me caía muy bien.
Una noche me propusieron ir a cenar para que yo no me quedase sola en la casa del abuelo de Richard, el padre de Josh y mejor amigo de mamá. Luke traería a un amigo para poder “distraerme”, así que acepté.
La primera impresión que tuve de él fue terrible. Me molestaba que hablase conmigo porque no teníamos nada en común y como no quería decepcionarles, aguanté.
Fuimos a un restaurante a cenar algo y cuando mi amiga me pidió que la acompañase al lavabo me sinceré con ella. Max era el tío más arrogante y superficial que había conocido en la vida. Estaba deseando que acabase la cena para irme y no volver a verle.
- Aguanta un poco más.
- De acuerdo, pero me debéis una y enorme.- volvimos a la mesa y vi algo que me sorprendió. Max estaba hablando con una señora y tenía a una niña preciosa sobre sus rodillas.
La mujer se fue antes de que Tess y yo volviésemos a la mesa. Al ver como le hablaba a la niña, como la trataba, comprendí que si teníamos algo en común. Ambos adorábamos a los niños. Al darse cuenta de que le miraba, se volvió hacia mí y me sonrió. Nunca había visto una sonrisa tan sincera como aquella y me temblaron las piernas.
- Os presento a mi hermana Meredith. Le había prometido que la llevaría al parque de atracciones y mi madre ha venido a traérmela porque trabaja en el turno de noche- la chiquilla no se separó ni un momento de su hermano desde que su madre se había marchado. Ver aquella imagen me enterneció en lo más hondo.- ¿Queréis venir?
- La verdad es que yo tenía pensado ir a dar una vuelta con Tess- se disculpó Luke. ¿Así que desde un principio tenían pensado dejarme a solas con él?
- ¿Y tú Alejandra?- no esperé a que me lo preguntase. Pensaba que yo tampoco le había gustado, sobretodo porque había sido bastante cortante.
- Pues si a tú hermana y a ti no os importa, me gustaría ir.- de reojo podía ver la expresión de asombro de Tess y Luke, que estaban convencidos de que no volvería a aceptar otra cita a ciegas con un amigo de él.
- ¿Qué dices tú Mer? ¿Te importa que venga con nosotros?
- ¿Te dan miedo las alturas?- me preguntó la niña.
- Pues un poco, pero me encanta la velocidad. Me subo a todo.
- Entonces puedes venir. No me gusta que me mientan por ser solo una niña.
- ¿Te parece que nos vayamos ya?
- Claro- pagamos la cuenta y nos despedimos de la parejita feliz.
De camino, Meredith fue todo el rato entre Max y yo, y para cuando llegamos nos habíamos echo amigas. La primera atracción a la que quiso subirse fue al tiovivo. Max y yo nos quedamos fuera saludándola cada vez que pasaba por delante nuestro. Miré a mí alrededor y estaba lleno de gente. No sé exactamente de donde vino pero alguien me empujó hacia él.
- Lo siento.
- No importa. Será mejor que te quedes cerca para estar más segura.
- ¿Es que eres guardaespaldas?- yo no hablaba en serio pero al parecer se había dado ese papel desde que salimos del restaurante.
- Si tengo que protegerte lo haré. Le prometí a Luke antes de irnos que cuidaría de ti.- Me sonrió con una dulzura y una sinceridad que no había visto nunca en nadie y no sé que habría pasado si Meredith no hubiese aparecido en ese momento.- ¿Qué tal el paseo enana?
- Divertido. Podíais haber subido conmigo.
- La próxima vez. ¿Donde quieres ir ahora?
- A las tazas- me cogió de la mano hasta que llegamos a las tazas y entonces se volvió hacia mí y me rogó que subiese con ella.
- Vamos- compré las entradas y nos sentamos en la que parecía estar más nueva de todas. Max no nos perdía de vista y supongo que en algún momento percibí que me prestaba más atención de la que debería. Las tazas empezaron a girar, primero despacio y después más rápido, porque Meredith no dejaba de darle vueltas al volante.
Llegó un momento en el que cerré los ojos con fuerza para no marearme. Ya sé que dije que me gustaba la velocidad pero tampoco me refería a eso. Cuando bajamos, la niña estaba entera y yo me alegraba de no haber probado apenas la cena.
Mer se encontró a una amiga e insistió en subir con ella a la noria si prometíamos que nosotros también subiríamos, en otra caseta, por supuesto.
-¿Te sientes bien para subir?
- Si, en cuanto me asegure de tenerlo todo en su sitio de nuevo.
- No tienes porque subir si no quieres.
- Si quiero. La noria es mi atracción favorita.
- También la mía- compartimos una sonrisa de complicidad y me cogió de la mano para ayudarme a subir.
Meredith y su amiga estaban en la caseta que había a nuestra derecha, de modo que podíamos verla en todo momento y ella a nosotros, claro.
Cuando llegamos a lo alto para quedarnos allí un rato, me acerqué al ventanal y apoyé la cabeza sobre mis brazos.
- ¿No te parece precioso? Siempre me siento insignificante cuando me subo a una noria. Se ve todo tan pequeño e increíblemente hermoso.
- Lo es. Cuantas más veces lo miró, más tengo la sensación de que estoy soñando.
- Es lindo lo que dices- mientras hablábamos no nos dimos cuenta de que ya habíamos llegado a abajo y de que Meredith nos esperaba fuera haciéndonos señas para que bajásemos.
Nos disculpamos con ella prometiendo que le compraríamos algo. Su amiga se había marchado ya con su madre. Se estaba haciendo tarde así que lo mejor era comprar algo e irse para casa.
- ¿Te apetece que compartamos un algodón de azúcar?- me encantaba ese dulce.
- Vale- me cogió de la mano para llevarme a rastras hasta el puesto de algodón de azúcar- Uno grande, por favor.- esperamos a que nos lo dieran, pagamos y nos reunimos con Max.
Llegando ya a su casa, Max la cogió en brazos y la sentó sobre sus hombros. Yo había insistido en acompañarles, al fin y al cabo, tampoco tenía nada que hacer.
Al llegar, la pequeña fue a lavarse los dientes y a ponerse el pijama.
- ¿Te apetece un chocolate?
- Sí, gracias- oí a Meredith que me llamaba y la encontré sentada sobre su cama con un libro de cuentos sobre sus rodillas.- ¿Quieres algo princesa?
- ¿Me lees un cuento?- me encantó que me pidiese aquello.- Se lo pediría a mi hermano, pero es un desastre y se le da de pena.
Me acerqué a la cama y me dejó sitio a su lado.
- ¿Que cuento quieres que te lea?
- ¿Te sabes alguno inventado?
- Pues me sé uno que mi abuela me contaba cuando tenía más o menos tú edad.
- ¿De que trata?
- Pues de una princesa muy triste que soñaba con vivir en la luna.- como parecía que la idea le gustaba se lo conté. Antes de dejarme terminar ya había cerrado los ojos y se había quedado profundamente dormida.
Me levanté intentando no hacer ruido, la arropé y le di un beso en la frente.
Volví a la cocina donde Max preparaba las dos tazas de chocolate caliente con una sonrisa en lo labios.
- Ya veo que te ha retenido.
- Si, pero no me importa. Lo he pasado muy bien. Me gusta.
- Tú también le has gustado mucho, y a mi me ha encantado verte con ella.- sentí que me ruborizaba. Temí que al darme la taza de chocolate fuese a resbalarme de las manos.
Le seguí hasta el salón y nos sentamos frente a la chimenea ya encendida.
- Yo también tengo una hermana pequeña y al estar con Meredith he recordado lo mucho que la extraño.
- ¿Por qué elegisteis Italia?
- Era una buena excusa para conocer otro país. Además, queríamos tener una experiéncia diferente y aprovechamos lo del curso de fotografía para ello.
- ¿Solo por eso?
- Siempre hay otras razones pero no importan en realidad.
¿Que estaba diciendo? Claro que importaban, pero no quería contárselo a él. Prefería pensar en Zack, en lo mucho que deseaba estar allí con él.
- ¿Dejaste algún chico con el corazón roto allí?
- ¿Te refieres a parte de mi padre?- sonrió y yo le devolví la sonrisa.- Prefiero no hablar de ello sino te importa.
- Claro, perdona.- nos quedamos un rato pensativos, mirando como el fuego iba consumiéndolo todo.- Quiero darte las gracias por esta noche- dijo de pronto.
- Soy yo quien te lo agradece. Además, quisiera pedirte perdón.
- ¿Por qué?
- Te juzgue mal en el restaurante. Seguro que si Tess no me lo hubiese pedido, me habría marchado nada más conocerte, pero después, te vi con tú hermana y cambió todo.
- ¿En que sentido?
- Pues resulta que me siento cómoda contigo. La verdad es que me pareciste un arrogante al principio.
- No sabía que daba esa expresión. Perdona si te he ofendido en algo. Solo intentaba impresionarte.
- Ahora que ya está aclarado, estamos en paz.
En otro momento habría creído que eran imaginaciones mías por la situación en la que estábamos pero realmente estaba ocurriendo. Max dejó la taza sobre la mesa y se me fue acercando lentamente, acercando sus labios a los míos, y al rozarlos saltó la chispa.
Me levanté de golpe, me disculpé torpemente, cogí mi chaqueta y me fui. Lo último que recuerdo fue a Max intentando detenerme, pero en mi mente había algo más. Las mismas chispas que habían saltado con Zack.
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