Mientras yo me vestía, Tess se dio una ducha rápida y cuando salió me detalló la conversación entera. Por lo visto le había contado toda la verdad.
Había acordado con su chico que en cuanto este hablara con Max, llamaría para avisar que nos “encontraríamos casualmente” en algún sitio.
En cuanto estuvimos listas, bajamos al comedor. Me daba un poco de vergüenza tal y como iba vestida, pero nadie me prestó atención y terminé sintiéndome cómoda.
- ¿Has decidido ya lo que quieres?
- Si, una tarta.
- Quizá deberías comer primer y segundo plato antes. De todos modos no me refería a la comida.
- Bueno, que exigente... ¿A que te referías entonces?
- A Max y a ti.
- No lo sé. Te lo diré en cuanto lo averigue.
Después de que nos sirvieran el segundo plato, Luke llamó a mi amiga.
- Buenas noches preciosa.
- ¿Que tal?
- Trabajando un poco.- Luke trabajaba como columnista en un periódico desde su casa, e iba a las clases de fotografía para aprender y dedicarse a lo que realmente le gustaba.
- ¿Has conseguido lo que te pedí?
- Me ha costado, pero he conseguido arrancarlo de la cama.
- Genial, porque sé de alguien que se muere por verle.
- Puedo asegurarte que él está igual, aunque no tiene ni idea de la sorpresa que le espera esta noche. Cuando le dije que Alex tenia novio, por poco lo mato, pero ahora...
- Veamos que pasará luego. ¿Donde quedamos?- se lo dijo y le indicó como llegar hasta allí y a la hora que se encontrarían, mientras yo, devoré el segundo plato, y me plantee pedir el postre.
Tess consiguió sacarme de ahí antes de que acabase con todo el dulce de la cocina.
- ¿Donde has quedado con Luke?- Tess me contó como se iba hasta el lugar y como habían quedado. Hubo un momento en que dudé en seguir adelante con aquello, pero era algo que necesitaba. Quería descubrir hacia donde podía llevarme lo mio con Max, siempre y cuando él siguiera interesado. En menos de una hora nos veríamos allí, pero antes había algo que quería hacer. Cogí mi teléfono móvil del bolsillo y le pedí a Tess que me hiciese una foto en la que se me viese bien en piercing.
- ¿Vas a mandársela a Zack?
- ¿Como lo sabes?- en realidad fue más una afirmación que una pregunta.
En fin, me sacó la foto, y como me gustó, seleccioné el telefono de Zack para mandársela. Después de hacerlo me sentí mejor. No quería que lo ocurrido con él me arruinase la noche y menos aun después de la contestación al mensaje. Solo escribió << Ufff... dios mio>> nada más, pero fue suficiente. Ahora estaba más que segura de que más tarde me llamaría.
- ¿Estás preparada?- miré a Tess. También se había puesto muy guapa y estaba segura de que a Luke se le iba a caer la baba al verla.
- Vamos- nos pusimos al final de la cola esperando a que nos dejaran entrar.
Por suerte no tuvimos que esperar mucho porque refrescaba y las chaquetas que llevábamos apenas nos cubrían.
Pedimos algo en la barra después de dejar las chaquetas en el guardaropa. La confianza en mi aumentó cuando el camarero me piropeó.
- Voy un momento al baño, ¿te quedas aquí?
- Si, aprovecharé para bailar un poco- cuando Tess y yo tomamos un par de chupitos que le había sonsacado al camarero, un chico monisimo se nos acercó para invitarnos a bailar. Tess se animó al principio pero estaba más pendiente de que Luke llegara y termino dejándome sola con él.
De vuelta del lavabo, mi amiga se chocó con Max. Luke estaba con él y ambos tuvieron que fingir que había sido una coincidencia.
- Menuda sorpresa. ¿Que estáis haciendo aquí?
- Hemos salido a tomar algo. Ya sabes, una noche de chicos...
- En ese caso, voy a buscar a Alex y seguiremos con nuestra noche de chicas.
- ¿Alex esta aqui?- ¿No era obvio? En fin, me buscó con la mirada y me encontró bailando con aquel chico.
- ¿Por que no vas a buscarla?- Luke conocía demasiado bien a Max y sabia que cuando realmente le gustaba alguien no podía quedarse sin hacer nada.
- No puedo moverme... ¿Tu la has visto? Está... increíble.
- Tienes que reaccionar. Este tio se la esta comiendo con la mirada, y como no vayas a por ella, lo hará con las manos.- no dijo nada, solo vino a por mi. En cuanto estuvieron solos, Luke cogió a mi amiga por la cintura y la atrajo contra su cuerpo- ¿Sabes que estas preciosa y que te quiero?- ella sonrió y le besó.
- Princesa, ¿me concedes este baile?- el chico que estaba conmigo prácticamente se rió de Max, pero yo no. Aquello era lo que quería. Necesitaba al príncipe de mis cuentos.
Dejé aquel chico plantado y me fui con Max de la mano. Pasamos por delante de nuestros amigos que nos dedicaron una sonrisa en modo de despedida.
Max quería sacarme de allí como fuese, de modo que fuimos a por nuestras chaquetas y nos fuimos.
- Creía que querías bailar conmigo.
- Y eso haremos, pero no aquí.
- ¿Donde me llevas?- en realidad no me importaba pero tenía mucha curiosidad. Se detuvo un momento y me miró. Sentí un cosquilleo muy intenso por todo el cuerpo.
- Se que no tiene sentido, pero ¿confías en mi?
- No sé por que, pero si, confío.
- Entonces dejate llevar- me tendió su mano para que se la cogiera. Lo hice y me llevó hasta un parque donde habían cocheros con sus carros y sus caballos.
Me mordí el labio al imaginarme cual era su intención. Era tan dulce y yo necesitaba tanto a alguien que hiciese ese tipo de cosas por mi.
- Discúlpeme señor- le dijo al cochero- ¿Podría usted alquilarme uno de sus caballos por un rato?
- Eso es algo que nunca me han pedido. No sé si es una buena idea...
- Max, no es necesario que lo hagas- se volvió hacia mi y me cogió las manos para besármelas.
- Dejame ser tu príncipe por esta noche Alex por favor- no sé si aquello enterneció al cochero pero el caso es que aceptó. Nos alquiló el caballo por dos horas.- ¿Te ayudo a subir?- conseguí subirme sin problemas y cuando estuve bien sentada, Max se subió detrás de mi.- ¿Te molesta que me haya puesto asi?
- No, está bien- pero cuando me rodeó con los brazos para coger las riendas para manejar al animal, se me erizó el vello del cuerpo.
Empezamos a cabalgar por la ciudad. Nunca me había sentido como en aquel momento. Llegamos cerca de un puente desde donde se veía un cielo increíblemente hermoso y que cruzaba sobre el río.
Desmontamos y caminamos hasta la mitad seguidos por el caballo.
- Dios mio Max, nunca había visto nada tan bonito como esto.
- Me alegra que te guste. Sabia que te encantaría. Siempre vengo aquí cuando necesito pensar.
- ¿Y no te importa compartirlo conmigo?
- Para nada. Eres la primera persona a la que traigo aquí conmigo y no quisiera enseñárselo a nadie más.
- No sé que decir. Eres tan dulce conmigo.
- Prefiero ser eso a un arrogante- me apoyé en el puente y oculté la cara entre mis manos.
- No me lo recuerdes, me siento fatal por haber pensado eso de ti.
- La culpa fue mía. Intenté impresionarte desde el momento en que nos presentaron y metí la pata hasta el fondo, pero no dejaré que eso vuelva a pasar- me cogió de las manos y rodeó su cuello con ellas, después colocó sus manos sobre mi cintura y nos movimos al paso de una canción que solo podíamos oír en nuestra cabeza. Me acarició el pelo y sonrió.- Estás preciosa. Menudo cambio.
- Hay más... pero dejaré que lo vayas descubriendo poco a poco.
- Te encanta dejarme con las ganas, ¿verdad?
- Me has pillado.- sonreí.- ¿Por que quisiste impresionarme?
- Porque me gustaste desde que te vi aparecer por la esquina. Porque al verte con mi hermana, tu carácter infantil, cuando nos encontramos esta tarde, cuando me dijiste que te ibas... No he podido dejar de pensar en esas cosas, en que no quiero perderte.
- Tu hermana ha sido como un rayo de luz, ¿sabes? Yo siempre me he sentido muy unida a mi hermana. Es como una hija para mi.
- Alex, no se que me pasa contigo, pero soy consciente de que me gustas muchísimo.
- Y tu a mi, pero es que...
- ¿Tienes novio, no es cierto? Luke me lo dijo.
- Es algo complicado de explicar, pero digamos que ya no tengo porque volver.
- ¿Quieres decir que te quedas?- casi podía decir que le había echo la persona más feliz del mundo. Asentí, y él me acarició la mejilla, se acercó lentamente a mi para besarme justo en el momento en el que sonó mi celular.
- Perdona- hice una mueca y me alejé de él para contestar.- ¿Diga?
- ¿Alex? Soy Zack- ya iba siendo hora de que llamase. Por poco que fallo en mi predicción.- ¿Estás ahí?
- Si... lo estoy- notaba que Max me miraba con curiosidad. ¿Por qué demonios me temblaba todo si no sentía ya nada por él?
- Acabo de escuchar el mensaje que me dejaste en el contestador. Dijiste que era importante.
- Si, de eso hace unas cinco horas, pero pensaba que Sophie te había dicho que había vuelto a llamar.
- ¿Has hablado con ella?
- Si, llamé para decirte que volvería el mes que viene para estar contigo, pero ahora te digo que me lo he pensado mejor.
- Pero Alex yo...
- ¿Vas a decirme que no tienes nada con ella?- no me respondió, y aquello era todo lo que necesitaba para saber que hacia lo correcto.- No hace falta que digas nada, tu silencio habla por si solo. Se acabó- y colgué. Me di la vuelta y me encontré cara a cara con mi príncipe, que si tan siquiera preguntar, me abrazó para que pudiera desahogarme tranquilamente.
Tras serenarme un poco, nos sentamos en un banco cerca de la orilla mientras el caballo saciaba su sed.
- ¿Estás mejor?- no me había soltado las manos en ningún momento.
- Pensé que me había preparado para esto, pero sigue siendo igual de duro.
- ¿Quieres contármelo?- le expliqué toda mi historia con Zack, desde que le conocí hasta aquel día.
- ¿Hubieses preferido que las cosas hubiesen sido distintas?
- Me hubiese gustado haber tenido una oportunidad de verdad.- al ver que me miraba con cara de preocupación, le sonreí.
- Me encanta que sonrías.
- Es gracias a ti. Eres un príncipe increíble.
- Bueno, si fuese un buen príncipe, caerías rendida a mis pies en lugar de reírte conmigo como si fuese un bufón.
- ¿Que clase de príncipe encantador serias si no fueses capaz de hacer reír a tu princesa?
- ¿Lo eres?
- ¿Tu princesa?- asintió y se acercó un poco más a mí, acariciándome de nuevo las mejillas para intentar besarme otra vez.- Lo soy por esta noche. Toda la noche- esta vez fui yo la que terminó acercándome para besarle, me moría de ganas, pero cuando nuestros labios se juntaron, las chispas saltaron una vez más.- Lo siento.
- Es increíble lo que me pasa contigo. Nunca me habían electrizado al besarme.
- Lamento no poder decir lo mismo.
- Sé que no, pero cada relación es diferente y yo quiero que esto funcione.
- Max, no quiero presiones- me levanté y fui hacia la orilla para acariciar a nuestro amigo. Max se acercó y me rodeó con los brazos.
- No voy a hacer nada que tu no quieras- me volví hacia él. Quería leer en sus ojos.- Vayamos a devolver a nuestro amigo y luego te llevaré a tomar un helado.
- Me has convencido. Vamos.- me subí de nuevo al animal y luego Max volvió a subirse detrás mio.
Nos dimos un poco más de prisa que cuando nos lo llevamos. Llegamos bien de tiempo porque el cochero nos dijo que acababa de llegar.
- Muchas gracias por el favor.
- Si queréis volver a repetir algún día ya sabéis donde encontrarme.
- Es usted muy amable. Gracias de nuevo- Max me cogió de la mano y nos fuimos andando hasta una heladería. Entramos y esperamos a que nos atendieran.
- ¿De que lo quieres?- miré el escaparate y lo pensé detenidamente.
- Me los comería todos.
- ¿Bromeas, no?- estaba atónito.
- No, pero cogeré una tarrina de yogurt, vainilla, turrón y fresa- la dependienta me miró como si estuviese chiflada pero debió ver algo en mi cara que la convenció de que si no me daba lo que quería, iba a hacerle tragar todas las cucharillas de plástico que había en el mostrador.
- Aquí tiene- por la forma en como miró, solo os diré que no tengo ninguna intención de volver.
- ¿Quieres un poco?- cogí un poco de helado de cada con una cucharita y se la acerqué a Max a la boca.
- Gracias- nos sentamos en unos columpios que habían en el parque.- Está bueno.
- Podría quedarme toda la noche mirando al cielo. Me encanta mirarlo, es tan lindo. Hay todo un mundo ahí arriba.
- Me he dado cuenta de que te quedas fascinada mirando la luna- me levanté y tiré la tarrina vacía a la papelera.
- Cierto, me encanta. Por eso me he puesto este piercing- me desabroché la chaqueta y lo señalé. Max se levantó, colocó sus manos alrededor de mi cintura por el interior de la chaqueta y me apretó contra su cuerpo.- ¿Vas a arriesgarte a recibir otra descarga?
- Algún día tendré que besarte y he decidido hacerlo antes de que te conviertas en Cenicienta.
- Cenicienta solo tuvo hasta la medianoche. Son las dos de la mañana y no me he trasformado aun.
- Entonces quedate conmigo esta noche- no sabia si me lo pedía o me lo suplicaba, pero la idea era igualmente tentadora.
- ¿Quieres irte ya a casa?
- Solo si vienes conmigo.
- ¿Que me das a cambio?
- Una taza de chocolate y una conversación ante el fuego.
- ¿Puedo pedirte algo más?
- ¿No será otro helado, verdad?- negué con la cabeza.
- Quiero besarte. Necesito besarte.
- ¿Me quieres besar?- asentí mientras acercaba mi boca a la suya. No sé si recibimos aquella habitual descarga, pero no nos separamos- Vamos a mi casa- dijo sin aliento.
- Max, no vamos a poder acostarnos.
- Alex, ya te dije que no iba a presionarte... Solo quiero que estemos juntos toda la noche.
- ¿De verdad?- me quería morir, era tan dulce...
- Vamos- llamé a Tess para decirle que no se preocupara pero no contestó. Apuesto cualquier cosa a que estaba ocupada en otras cosas bastante más intimas. Sonreí para mi misma. Al menos una de las dos disfrutaría a modo sexual. Apenas hablé el resto del camino. Estaba distraída y no prestaba demasiada atención a lo que Max me decía- ¿Se puede saber donde tienes la cabeza?
Llegamos a su casa. Su madre estaba trabajando y Meredith en casa de su abuela. Teníamos la casa para nosotros dos solos. Era una lástima que la regla no se me hubiese retrasado esta vez.
- En ningún lado. No pensaba en nada en particular.
- ¿Pensabas en él? ¿Pensabas en tu ex?
- Ya te he dicho que no pensaba en nada.
- Perdona, no quería ponerme así. Es que no puedo entender lo que te ha echo y sé que siempre será importante para ti, que a pesar de como se ha portado, siempre le vas a querer.
- Eso es porque no tienes que comprenderlo. Es mi modo de ser.
- No es malo tener miedo, ¿verdad?
- ¿Y de que tienes miedo?
- Me asusta que te vayas y me olvides. Me da miedo que él regrese a tu vida para quedarse.
- No tienes porque preocuparte por eso ahora, ni siquiera deberías pensarlo. Solo puedo asegurarte que no voy a olvidarte nunca, pase lo que pase.
- ¿No considerarías la idea de quedarte en Italia conmigo?
- ¿Para siempre?- asintió- No lo sé. Quizá para entonces ya te hayas cansado de mi.
- No digas eso.
- Max, vamos a disfrutar del tiempo que nos queda para estar juntos. Más adelante, si sale bien, ya pensaremos que hacer.- No estoy muy segura de si eso le convenció, pero parecia que le tranquilizaba. Incluso yo misma estaba sorprendida de la respuesta que le había dado. No nos conocíamos tanto como para llegar a hablar de eso, aunque lo cierto era que a veces el corazón hablaba por nosotros. Me guió hasta su habitación, bastante ordenada debo admitir y abrió el armario para dejarme uno de sus pijamas.- Gracias.
- Voy a preparar el chocolate. Ponte mis zapatillas si quieres. Te espero en el salón. Encenderé el fuego.
Cuando me dejó sola empecé a desnudarme . Max tenia un espejo de cuerpo entero detrás de la puerta. Me puse frente a él llevando únicamente la ropa interior. Me sentía sexy, pero no me servia de mucho en ese momento. No podía evitar pensar en Max de un modo sexual. Imaginé sus caricias, sus besos, y me sentí excitada.
Desabroché el sujetador y fijé toda mi atención a mis pechos. Los acaricié, los sentí suaves, con un ligero olor a almendra, el jabón con el que me había lavado. Deseaba que alguien los apretara. Deseaba que Max lo hiciera.
Finalmente me puse el pijama. Intenté dejar de pensar en ello, pero al llegar al salón, le vi apoyado en la mesa, leyendo una carta y con la otra mano acariciándose el vientre... Podía ver parte de su cuerpo y me gustaba.
Debió darse cuenta de que le miraba porque dejó de hacerlo poco después.
Me acerqué a él y me sonrió al tiempo que me alcanzaba mi taza. La sostuve un poco entre mis manos, la dejé sobre la mesa y le cogí con ambas manos de la camiseta para quitársela lentamente.
Acaricié su pecho, lo arañé despacio erizando su piel y por lo que pude ver y sentir, excitarlo también.
- Alex, por favor...- pero yo no era consciente, y no podia parar. Me sentó sobre la mesa y se colocó entre mis piernas. Desabrochó la parte de arriba del pijama dejando al descubierto mis pechos sedientos de caricias. Los acarició con ambas manos,consiguiendo que arqueara mi cuerpo hacia atrás.
Recorrió mi cuello con la lengua, la paseó por mis labios sin dejar de acariciarme ni un segundo.
- Me estás volviendo loco- le miré, deseaba besarle, deseaba no terminar con esos juegos, pero tenia que parar. No podía acostarme con él, y finalmente, fue Max quien se detuvo.- No podemos seguir. No quiero forzar nada.
- No lo haces. Yo he empezado con todo esto y no debí hacerlo. Quiero que tu termines.
- No lo haré. Esperaremos a que la marea roja haya pasado y volveremos a hablar de esto- me acarició el pelo y me besó.
¿Por que las cosas tenían que complicarse siempre? La sola idea de perderme le estaba volviendo loco. ¿Por que Sophie no le había dicho que había llamado? No podía continuar de aquel modo. Tenia que recuperarme. Sophie no significaba nada para él.
Sophie era la misma chica con la que yo le había visto un año antes, un par de días antes de irme.
Decidió que lo mejor era llamarla y aclarar las cosas de una vez por todas.
- ¿Diga?- consiguió decir antes de bostezar.
- Tenemos que hablar.
- ¿Zack? ¿Eres tú cariño?
- No me llames así- estaba enfadado como nunca antes lo había estado.- ¿Por que no me dijiste que Alex había llamado?
- No pensé que fuese importante. No dejó ningún recado.
- ¿Que le dijiste?
- Pues que estabas en la ducha y que se equivocaba.
- ¿En que?
- Pues que me confundió con tu hermana, y le dije que era tu novia.
- ¿Como has podido decirle eso?
- No le he mentido.
- ¡Tu y yo no somos nada!- tenia ganas de estrangularla- Por tu culpa Alex no va a volver.
- ¡Mejor! No haces más que pensar en ella todo el tiempo. No hay nada en el mundo que te importe más que ella. Si tan enamorado estás de Alex, no deberías llamarme para acostarte conmigo. Si tanto la amas, deberías ir a buscarla, y si ella te amase de verdad, no se habría marchado- y colgó con lágrimas en los ojos.
Todos teníamos parte de culpa en esa historia. Sophie debió explicarle a Zack lo ocurrido. Este no debió llamarla solo para acostarse con ella y jugar así con sus sentimientos y puede que yo hubiese tenido que quedarme, pero no lo hice, y las cosas se complicaron.
Mi abuela siempre decía que las cosas ocurrían únicamente porque debían ocurrir. No podíamos controlarlo todo y aunque a veces no aceptásemos el resultado, era inútil intentar cambiarlo.
Max y yo nos relajamos un poco, lo cual no era fácil después de como nos habíamos comportado. Mi corazón aun estaba acelerado. Me tomé el chocolate mientras miraba como saltaban chispas de las llamas en la chimenea. Pensé en Zack, en como vivimos una mentira. Fuimos muy inocentes al pensar que lo nuestro funcionaria en la distancia. Por otro lado estaba Max, un chico bueno y dulce que deseaba estar conmigo aun cuando hacía solo un par de días que nos conocíamos. Habíamos creado una especie de vinculo que solo nosotros podíamos comprender. Eramos parecidos en muchos sentidos y quizá en el fondo ya supiéramos que lo justo era estar juntos.
Antes de irnos a dormir, le mandé un mensaje a Tess para diciéndole que estaba bien, y que nos veríamos al día siguiente.
- ¿Vamos a dormir?
- Sí, vamos.- le seguí hasta su habitación y me senté sobre la cama.
- ¿Que lado prefieres?
- Me da igual.
- ¿Te molesta si me quito la ropa delante tuyo?
- No, para nada. Es tu habitación.- pero cuando empezó a desvestirse, deseé no mirar. Tenia un cuerpo perfecto y solo quería tocarlo. ¿Por qué demonios no se me había retrasado la regla esta vez?
Cuando se quedó en ropa interior, se metió en la cama y me hizo sitio. Me acurruque debajo de las sábanas y apoyé la cabeza sobre su brazo. No pude evitar acariciarle el poco pelo que tenía en el pecho. Me encantaba enroscarlo entre mis dedos. Fue así como nos dormimos.
Normalmente siempre me despierto dos o tres veces por la noche para ir al baño, pero esta vez dormí del tirón y ninguno de los dos despertó hasta que oímos la voz de Meredith.
- ¡Buenos días!
- Hola princesa- me desperecé todo lo que pude pero se me cerraban los ojos solos.
- ¡Alex!- al principio pensé que se escandalizaría al verme allí durmiendo abrazada a su hermano pero no fue así- Que bien que estés aquí. Has cumplido tu promesa.
- Bueno si, pero cuando llegué no estabas.- Max se incorporó, cogió en brazos a su hermana y la sentó sobre la cama.- Quería hablar contigo.
- ¿Te marcharás antes de lo que dijiste?- me puso una carita triste que me rompió el corazón.
- No. Quería decirte que me quedaré el tiempo que tenia pensado cuando vine aquí- no sé si fue mi imaginación, pero se le abrieron los ojos como platos y me mostró de nuevo su sonrisa desdentada.
- ¿Te quedas por mi hermano?
- No, me quedo por mí. Pero haberos conocido a ambos ha significado mucho para mi y creo que también cuenta.
- Te dije que Max era tu príncipe.
- Desde luego se comportó como uno.
- Sin embargo Alex se portó como un dragón- abrí más los ojos y le miré. Se estaba burlando de mi.- Tenias que haber visto el helado que se comió.
- ¿Era grande?
- De cuatro sabores.
- ¡Caray...!- no sabia si estaba impresionada o alucinada. Desde luego parecía ambas cosas.- ¿Y pudiste comértelo todo?-
- No, tu hermano me quitó la mitad- me volví hacia él y le saqué la lengua. Max como respuesta, me besó, lo que llenó de alegría a Mer.
- ¿Estáis juntos?- Max y yo nos miramos. ¿Lo estábamos? Supongo que era el modo más sencillo de explicar lo que nos pasaba, así que asentimos.- ¡Genial!
No sé quien estaba más feliz, si nosotros o la niña, pero se lanzó a abrazarnos a los dos.
- Bueno princesas, ¿que os parece si os llevo a comer por ahí?
- Vale. Vayamos para que mamá pueda dormir.
- Vamos a vestirnos y nos vamos.
- Yo debería pasar por casa. Me gustaría cambiarme de ropa.
- Mi prima se dejó algo de ropa aquí. Creo que debe usar tu talla- por suerte cuando tengo la regla siempre llevo ropa interior de recambio en el bolso. Las compresas y los tampones a veces no eran bastante.
- Echémos un ojo- Mer me llevo hasta la habitación de invitados.
Abrimos el armario y me quedé impresionada por lo que allí había. No solo había ropa sino también zapatos y me encantaban los zapatos. En casa tenia solo un armario destinado a ellos.
- ¿Puedo quedarme contigo mientras te vistes?
- Claro- tardé un poco en decidirme pero me alegró el resultado. Me puse un vestido largo hasta un poco más abajo de las rodillas de color verde esmeralda, unas sandalias cerradas, unas medias claritas y una chaqueta de punto blanca. Me maquillé con unos tonos parecidos a los que llevaba y me recogí el pelo con unas orquillas, dejándome algunos mechones sueltos.
Meredith se reia al imaginar la cara de su hermano al verme y no le faltaba razón porque cuando aparecí en el salón se le iluminaron los ojos.
- Estás preciosa. Ahora si que pareces una princesa de cuento.
- Gracias- me ruboricé y él me beso. Dijo que no podía parar de hacerlo, que le gustaba y eso significó muchísimo para mí.
- Señoritas, es hora de irse- nos cogió a ambas de la mano y salimos a la calle.
A pesar de que ya nos acercábamos al invierno, aquella mañana apenas hacia frío. Max me llevó a conocer una parte de Italia increíble, donde había toda clase de tiendas esotéricas, tal y como a mi me gustaban. Me pasé un buen rato mirándolo todo. Meredith me preguntó para que servían la mayoría de esas cosas e intenté explicárselo de un modo en que pudiera entenderlo.
Al salir de allí, vi a donde quería ir. Lo tenia claro. Me sentía como si algo me empujara a entrar, aunque siempre me ocurría lo mismo. Cuando veía una biblioteca o una tienda de libros entraba sin pensarlo. Está vez fue más bien lo segundo y lo mejor de todo es que tenia solamente libros viejos, con las tapas desgastadas y las hojas amarillentas. Casi daba miedo pasar las páginas por temor a que se me desintegraran en las manos. Me encantaba todo aquello, e incluso el olor. Sabia que Max no me quitaba los ojos de encima. No sé exactamente que debía pensar, pero me miraba con una sonrisa en los labios.
- ¿Puedo ayudarla en algo señorita?
- Solo estaba mirando, pero gracias.
- Se nota que le gustan los libros. No hay más que verla.
- Siempre me han gustado. Me siento atraída hacia ellos.
- Sé exactamente lo que quieres decir- miré aquel hombre. Parecía tan buena persona.- Me recuerdas mucho a mi mujer. Hace treinta años estábamos los dos aquí, como ahora vosotros, y ella no hacia más que acariciar cada portada, pasar los dedos por los relieves de los títulos y yo la miraba como él te mira a ti- señaló a Max con la cabeza.- Por aquel entonces no estábamos casados, pero yo estaba perdidamente enamorado de ella. Se llamaba Alexis- creo que al oír aquel nombre nos quedamos un poco sorprendidos. Se parecía mucho al mio.
- ¿Quiere decir que esta tienda no es suya?- Max se acercó a nosotros seguido por Mer.
- Ahora si, pero de eso hace muy poco. Era de un señor muy simpático, que al ver el aprecio que le tenia Alexis a los libros, la contrató para que trabajase con él. Aquel hombre no tenia familia y cuando murió, se lo dejó todo a ella. Decía que la dejaba en buenas manos. Gracias a eso me aficioné mucho a los libros, lo son todo. Al final terminé pidiéndole que se casase conmigo y aceptó. Murió hace un año y esto fue todo lo que me dejó.
- ¿No tuvieron hijos?- me atreví a preguntar.
- No pudimos, pero nunca lo lamentamos. Esta librería lo es todo para las personas que aman lo antiguo como tú. Tienes algo especial que no tiene todo el mundo.
- ¿Que intenta decirme?
- Soy un hombre mayor, viudo y sin familia. Quiero que trabajes aquí conmigo.- no sabia que decir o como reaccionar. No sabia si reír o llorar, pero la idea me encantaba.
- ¿Está usted seguro? No me conoce.
- No hace falta. He visto como habéis reaccionado cuando he dicho el nombre de mi mujer. ¿Como te llamas linda?
- Alejandra, pero todos me llaman Alex- pude ver el asombro en sus ojos y quizá una mezcla de tristeza y alegría.
- El puesto es tuyo si lo quieres.
- ¿Cuando podría empezar?- no recuerdo si lo pensé cuando dije esas palabras.
- ¿Te parece bien la segunda semana de enero? Te esperaré aquí a primera hora.- me sorprendió porque apenas había empezado noviembre.- Siempre cierro para navidad. Es una tradición.
- Genial. Aquí estaré.
- Hasta pronto Alex.
- Hasta entonces, ¿señor...?
- Llamame Máximo- ¿otra coincidencia? La abreviatura era la misma que la de Max, solo que este se llamaba Maxwell.
- Gracias por la oportunidad
- No hay de que- salimos de la tienda sin saber muy bien que ocurría, y aunque solo fuese la confusión, deseaba impaciente que llegase el día en que empezaría a trabajar allí.
Me detuve antes de seguir y miré hacia el interior de la librería. Máximo se acercó a una estantería, cogió un marco con una fotografía de una mujer preciosa, lo besó y le vi hablando con ella. Supuse que seria su mujer, Alexis.
- Tal y como tu dijiste querida, ha venido una chica muy especial. Tu ya sabias que aceptaría este trabajo. Ama los libros como lo hiciste tu en su momento. Ella será quien siga la tradición- eso fue lo que le dijo el librero a su esposa.
- ¿Vamos a comer?- Max me devolvió a la realidad. Le cogí de la mano y nos fuimos a un restaurante. Aquella librería me había dado una idea. Quería hacerle un regalo muy especial a Meredith para navidad. Apenas faltaban unas semanas y quería empezar cuanto antes.
Mientras íbamos hacia el restaurante decidí hacer algo. Llamar a mis padres. Mi padre contestó cuando no había sonado ni siquiera una vez.
- Hola cariño, ¿como estás?
- Hola papá. Estoy genial. Tengo algo que contaros. ¿Está mamá contigo?
- Estamos los tres viendo una película. Espera que pongo el manos libres.- lo hizo y volvió a hablar.- Ya está.
- Hola mi niña.
- Hola mamá. Hola Beth.
- Hola hermanita.
- Bueno, cuéntanos.
- ¿A que no sabéis lo que me ha pasado?- estaba tan emocionada que quería gritárselo al mundo.
- ¿No estarás embarazada, verdad?
- No papá, quedaos tranquilos por eso.
- Entonces, ¿que es?
- Me han ofrecido trabajo en una librería de libros viejos.
- Cariño eso es genial.- sabía que se alegrarían por mi.
- Si, es estupendo. Estoy muy contenta, Ya os contaré los detalles otro día. Me voy a comer. Os quiero.
- Y nosotros a ti.
- Muchos recuerdos y besos para todos.
- Muy bien- mi madre estaba a punto de llorar, podía notarselo en la voz.- Se los daremos.
- ¿Mamá?
- ¿Que?
- Te echo de menos.
- Y yo a ti Alex.
- Hasta luego.
- Adiós- se despidieron los tres a la vez.- cuando colgué, mi madre no resistió más y lloró. Papá la abrazó con fuerza para tranquilizarla y Beth se unió a ellos.
Entramos en el restaurante y nos sentaron en una mesa a esperar pacientemente a que nos sirvieran.
Mientras comíamos, Mer nos contó las cosas que había echo el día anterior cuando fue a casa de su abuela. Le encantaba formar parte de las conversaciones entre adultos y ella misma intentaba parecer uno.
Un poco antes de pedir el postre recibí una llamada de Tess.
- ¿Qué tal tu noche?
- Increíble. Tengo que contarte un par de cosas.
- Vale. ¿Tardaras mucho en volver?
- No creo. Ahora estoy comiendo. Cuando acabé iré hacia allí.
- Te espero. Yo también tengo algo que quiero comentarte.
- Nos veremos en una hora más o menos. No creo que vaya a tardar más.
- De acuerdo. Voy a aprovechar que Luke me ha quitado las manos de encima para darme un baño.
- No tienes motivos para quejarte.
- Cierto- ja, ja, que graciosa.- Nos vemos- colgamos y les conté a Max y a Mer que en cuanto acabáramos debía volver a la mansión. Puesto que tenía mi ropa del día anterior en una bolsa que llevaba conmigo aprovecharía y la dejaría allí.
- ¿Cuándo volveremos a vernos?- preguntó la niña y aunque no con palabras también su hermano.
- ¿Qué tal mañana? Voy a buscarte y nos vamos al cine a ver lo que quieras.
- ¿De verdad?
- Lo juro.
- Supongo que yo no estoy invitado.
- Bueno, ven si quieres- dijo Mer.
- Vale, lo pensaré- ambas nos reímos un buen rato antes de que volviese a sonar mi teléfono. Pensé que era Tess de nuevo.
- ¿Qué se te ha olvidado decirme?
- ¿Alex?
- Zack...- apenas pude pronunciar su nombre. Me salió en un susurro. Max me miró preocupado. Me disculpé y salí fuera.- ¿Que quieres?
- Quiero que sepas que lo que te dijo Sophie es mentira. No somos pareja.
- ¿Pero te acuestas con ella, verdad?
- ¿Ella te dijo eso?
- No hace falta. No soy estúpida. Digas lo que digas no cambiará mi decisión.
- Pero cuando acabe este curso volverás.
- Puede que no. Me han ofrecido un trabajo aquí y lo he aceptado. Si funciona, me quedaré.
- ¿Y que pasa con nosotros?
- Está claro que ya no existe eso. Dejó de haber algo entre los dos cuando te ascendieron o quizá antes. Sophie pudo suavizarlo.
- ¡Maldita sea, Alex! ¿Qué tengo que hacer para que las cosas sean como antes?
- Es tarde para pensar en eso ahora. Voy a rehacer mi vida aquí y no quiero que interfieras en ella.- colgué y respiré hondo antes de volver a entrar. No quería que ni Max ni la niña me vieran de aquel modo. Regresé a la mesa y sonreí.
- ¿Estás bien?
- Lo estoy. ¿Pedimos el postre?- intenté parecer animada lo que quedaba de tiempo antes de volver a la mansión. Debí convencerles porque no comentaron nada.
Cuando llegamos me temblaba todo. Tenía tantas ganas de correr hasta la habitación y contárselo todo a mi amiga que no podía contenerme.
- ¿Nos veremos mañana?
- Si, te lo prometí, ¿no es cierto?
- Si. Hasta mañana.
- Hasta mañana princesa.- ambas miramos a Max esperando a que se despidiera.
- Bésala ya hermano, que te mueres de ganas.- Mer le empujó hasta mi para que me rodeara con los brazos y me besara.
- ¿Puedo?
- Me encantaría- me besó dulcemente en la frente, después en la punta de la nariz y finalmente en los labios. Sentí que me derretía lentamente y que si me soltaba me caería.- Hasta mañana Max.
- Hasta mañana- se alejó de mí poco a poco. Subió a Meredith a caballito y desaparecieron tras la esquina.
- Subí las escaleras hasta llegar donde estaban nuestras habitaciones y entré en la de mi amiga. Tess se hallaba tumbada en su cama, comiendo de un cuenco de palomitas mientras veía una película antigua en el televisor.
- Menudo espectáculo. ¿Qué ha pasado?
- Nada. Me apetecía ver esta peli.
- Desde luego. Debe ser interesante, sobretodo el diálogo.
- Lo es.
- ¿Cómo lo sabes? No tiene volumen.
- Bueno, dejemos de hablar de la peli.- Se incorporó para sentarse y dejar el cuenco sobre la mesita.- Cuéntamelo todo.
Le conté todo, hasta el más mínimo detalle, e incluso las dos veces que Zack me llamó.
- Supongo que estoy dolida, que me siento traicionada, pero cuando estoy en brazos de Max me olvido de todo eso. Anoche le conté toda mi historia con Zack y no se alejó de mí, al contrario.
- ¿Hay algo más?
- Si, pero ahora no tiene importancia. Cuéntame como te fue a ti.
- Fue genial. Es increíblemente cariñoso, más de lo que ya sabía. Y en la cama... no puedes ni imaginártelo.
No podía comprender como era posible que ella llevase saliendo con Luke casi medio año y hasta la noche anterior no se hubiesen acostado y en cambio yo que hacía dos días que conocía a Max, me moría de ganas de hacerlo con él a todas horas.
- ¿Estás intentando darme celos?
- ¿Lo consigo?
- Si, pero me alegro mucho por ti.
- Hay otra cosa.
- ¿Qué es?
- Luke me ha pedido que me quede aquí a vivir con él.
- Eso es genial.- no sabía si decirle que Max me había pedido lo mismo a mi. Preferí esperar y contarle lo de mi futuro trabajo.
- ¿Lo es?- parecía de lo más extrañada.
- Si. Verás, cuando hemos salido hoy para ir a comer, entramos en una librería antigua...
- Ay dios...- era obvio que sabía lo que aquello significaba para mi.
Le conté toda la historia.
- Le dije hoy a Zack que si las cosas iban bien me quedaría en Italia para siempre.
- ¡Alex, que alegría!- nos abrazamos y luego me preguntó.- ¿Se lo has dicho ya a Max?
- ¿Qué me quedaría?- asintió.- Aun no. No sé muy bien hacía donde llegará lo nuestro.
- ¿No tienes ningún presentimiento hacia él?
- Sé que podría ser muy feliz a su lado, pero algo me dice que aun nos queda un largo camino.
- ¿Es por Zack?
- Creo que si.
- Yo lo veo de este modo. No puedes vivir preocupada por si le da por presentarse aquí. Es una locura.
- ¿Y si no lo es?
- Disfruta mientras puedas de lo que tenéis.
- Tienes razón. Bueno, ¿qué quieres hacer?
- Mi príncipe encantador me ha dicho que han abierto una pista de patinaje. ¿Qué tal si vamos a patinar sobre hielo?
- No podías haber tenido una idea mejor. Me cambio de ropa, te calzas y nos vamos.- nos costó un poco encontrarla pero cuando por fin llegamos fue increíble. Era enorme y apenas había gente.
Alquilamos los patines y guardamos nuestras cosas en una taquilla. Tardamos un poco en cogerle el truco, al fin y al cabo hacía años que no hacíamos aquello. Cuando éramos pequeñas nos apuntamos a clases de patinaje y se nos daba genial, incluso ganamos algún que otro concurso, pero de eso hacía unos diez años.
- ¿Te atreves a hacer aquel ejercicio tan difícil de la señorita Lorena?
- Atreverme si, en cualquier caso puede que no sobreviva al intento.- empezamos bien, hasta que llegamos a la triple vuelta. Caímos al suelo, y lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento fue el frío del hielo contra mi mejilla.
Mis padres seguían viendo la televisión cuando de pronto mi madre se incorporó de golpe.
- Hannah, ¿Qué tienes?
- No se, siento algo malo. Es Alex.
- Pero si acabamos de hablar con ella. Lo que pasa es que estás angustiada porque la echas de menos. Es normal.
- No es eso Jason. Algo le ha pasado.- cogió el teléfono de la mesita y marcó mi número. No hubo respuesta. Tampoco en el de Tess. Decidió llamar a la mansión, pero el ama de llaves le dijo que habíamos salido a patinar no hacia mucho y que en cuanto llegase me diría que la llamara.-Gracias.- aquello no la tranquilizó. Se levantó y fue directa a mi cuarto y se sentó en la cama abrazada a mi peluche favorito.
Papá la siguió y la miró desde el marco de la puerta. Nunca había llegado a comprender el vínculo que nos unía a Beth y a mí con mamá, pero sabía que nunca fallaba. Todas sentíamos cuando alguna de las otras dos no estaba bien y eso era lo que sentía en ese momento.
Beth irrumpió de pronto en mi cuarto.
- Mamá, es Alex.
- Lo sé cariño, pero no puedo localizarla. Solo podemos esperar.- Beth se sentó junto a ella y la abrazó. Papá no sabía que hacer salvo estar allí con ellas.
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