viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo 06

Zack llegó a su casa echo polvo. No quería ver ni hablar a nadie. Dejó el equipaje en la misma entrada, colgó la chaqueta en el perchero de tal modo que se le cayó sin darse cuenta. Se sentó en el sofá y encendió el televisor sin prestarle atención a lo que estaban emitiendo.
En el fondo ya sabia que las cosas no tenían solución. No había sido justo con sus sentimientos, no había sido capaz de ver que su historia conmigo no tenía futuro, pero me quería demasiado y una parte de él se negaba a admitir que me había perdido para siempre. No era únicamente porque se hubiese acostado con Sophie, sino porque nuestros sentimientos hacia él otro murieron en cuanto yo me subí al avión, puede que incluso antes.
Se levantó para acercarse al mueble bar. Deseaba con todas sus fuerzas olvidar, pero por mucho que lo intentara, por mucho que bebiera y perdiera el conocimiento, no serviría de nada.
Al final no tuvo valor para beber ni una sola gota de alcohol. Reconocía que era de cobardes hacer aquello. La bebida no aliviaba el dolor, solo lo mantenía en pausa hasta que uno recobraba el control sobre si mismo. Había pasado demasiadas veces por aquello. Demasiadas veces me había visto en brazos de otro chico, pero ambos sabíamos que ninguno de ellos me importaba. Por aquel entonces Zack lo era todo.
Cuando me vio con Max fue distinto. Comprendió que era el final de algo que en realidad, nunca tuvimos.
Pensó que lo mejor que podía hacer era irse a la cama, pero cuando se volvió para apagar el televisor, se encontró cara a cara con una fotografía en la que salíamos los dos. Él estaba medio agachado cogiéndome a caballito y ambos sonreíamos ante la cámara. Nos hicimos aquella fotografía en la última excursión que hicimos con la clase. Zack recordó aquellos días.
Hacia semanas que esperábamos con impaciencia a que llegase el momento de ir. Íbamos a pasar todo un fin de semana de acampada con la profesora de arte. Aquel fin de semana fue la primera vez que Zack me dijo que me quería. Quizá si no hubiese tenido tanto miedo...
Fue un fin de semana increíble. Hicimos muchas de las cosas que podían hacerse en un campamento de verano en tres días.
Por lo que sé, en el momento de formar las parejas, Zack le pidió a la mía que se cambiase con él.
- Vaya, no sabia que me tocase contigo.
- Si, ha sido toda una sorpresa- era obvio que mentía, pero me gustaba aquel juego, tanto o más que a él.
La monitora nos explicó la primera actividad. “La guerra en el agua”, consistía en subirse sobre los hombros de la pareja de cada uno y hacer caer al adversario.
Corrimos a ponernos el traje de baño y volvimos al lago. Para ser sinceros estaba muy nerviosa. Iba a pasar todo el fin de semana con Zack como pareja (no hace falta añadir que por aquel entonces ya estaba muerta con él).
- ¿Estás preparado?
- ¿Y tú?
- No lo sé.
- No es momento para dudar, ¿sabes?
- ¿Prometes cogerme fuerte?
- Prometo que si caemos, lo haremos juntos.- ¿cómo se le ocurría decirme aquello? ¿Que quería? ¿Matarme de los nervios?- ¿Te vale eso?
- Supongo...
- Vamos, anda.- me cogió de la mano y me llevó hasta el medio puente junto con los demás.
- ¿Alex, Zack?- dimos un paso al frente.- Contra Néstor y Victoria.
Los cuatro saltamos al agua a la vez. Zack se hundió y se deslizó entre mis piernas para subirme, y Néstor hizo lo mismo con su pareja.
- Lo haremos así. El que gane, seguirá hasta que lo eliminen.
- ¿Quieres ganar, Alex?
- Detesto perder... - me había recogido el pelo en una cola de caballo con una goma que llevaba siempre alrededor de la muñeca para que no me molestara. Ya dije que antes llevaba el pelo largo hasta la cintura- Vamos a machacarles.
- Así me gusta.
- ¡¿Preparados?! ¡¿Listos?!.... ¡Ya!
Zack y Néstor se acercaron él uno al otro y Victoria y yo nos empujábamos mutuamente con tal de tirarnos al agua. Al principio no las tenía todas conmigo, pero después de unos minutos que parecieron horas, Victoria empezó a cansarse y ahí tuve mi oportunidad.
- Néstor y Victoria, ¡eliminados! ¡Los siguientes!
- Lo has hecho muy bien niña.
No ganamos, pero quedamos en buen lugar. Tess y su pareja, nos ganaron. Me sentía bastante orgullosa porque quedamos segundos. Mi pareja no podía entender porque aun después de perder, mantenía mi sonrisa. Fue allí cuando nos hicieron la foto. Ambos pedimos copia y la guardamos como si fuese un tesoro.
- Creí que detestabas perder.
- Y lo detesto. Pero no hemos quedado en mal lugar, y pese a que puedas
pensar que me he dejado ganar por mi mejor amiga, he de decirte que estás equivocado.
- Sé que no es así, de modo que no estaba pensando en eso.
- ¿Y en qué pensabas?
- No importa... - apartó la mirada y siguió andando hasta su cabaña.
Yo volví también a mi cabaña, para secarme y cambiarme de ropa. Tess vino tras de mí para interrogarme.
- Bueno cuéntame, ¿que tal con Zack?
- Bien.
- ¿Solo bien?
- No sé que más decirte. Me ha sorprendido que me haya tocado con él.
- Bueno, digamos que ibas a ir con Lucas, y Zack lo evitó.
- ¿Que quieres decir?
- Pues que se cambio con Lucas.
- ¿Por que iba a hacer eso?
- Me parece obvio.- lo era, ¿pero a quien no le gusta oír que el chico que
te gusta también siente lo mismo?- Es evidente que está muerto contigo.
- No debe de ser para tanto- ¿y cuantas de las personas a quien se lo dicen
se lo creen?
- Ya lo verás. Me juego una cena a que antes de irnos el domingo
te lo dice.- Dios mío. ¿Y si me lo decía? Esperaba que hubiese cerca una piedra lo suficientemente grande como para esconderme debajo.
- Acepto.
- Bien. ¿Que toca ahora?- miré la lista de actividades. “El bosque” era la
siguiente. Los monitores escondían varios objetos y los grupos de alumnos debíamos encontrarlos siguiendo las pistas que nos daban. Me encantaba el bosque, y la idea de perderme en él con Zack me gustaba más, aunque no era lo suficientemente grande como para que eso ocurriese.
- Vamos.- ambas salimos de la cabaña al mismo tiempo que mi pareja y la de Tess salían de la suya. Nuestras cabañas estaban separadas por la de los monitores.
- ¿Estás preparada compañera?
- Lo estoy.
- Pues vamos allá- recogimos nuestra brújula, un par de botellas de agua por si nos entraba sed, y una hoja con las pistas. Cuando nos alejamos de los demás, Zack me cogió del brazo y acercó su boca a mi oído.- He traído algo para picar por si me animo a retenerte un poco más.
- ¿Cómo dices?
- Olvídalo, no tiene importancia- y se me adelantó.
Nos adentramos en el interior del bosque, y me puse a leer las pistas. Algunas eran fáciles, pero había cada una que no había forma de descifrarlas. No hacía más que darle vueltas y vueltas y no daba con la respuesta.
Debíamos encontrar diez objetos, y llevábamos seis cuando me senté en una piedra dispuesta a rendirme.
- Estoy sin ideas ya. No sé me ocurre nada.
- ¿Cuál es el problema?
- Pues que no entiendo el significado de esto.
- Déjame ver- se sentó a mi lado. Leyó la séptima pista y meditó un momento. Al poco rato me miró y sonrió.- Está clarísimo.
- ¿Sabes a lo que se refiere?
- No. Digo que está clarísimo porque te has rendido. Esto no tiene lógica.
- Desde luego ya te vale. Si se supone que debo fiarme de ti, estamos perdidos.- Zack me miró y me cogió la mano.
- No voy a dejar que te rindas. No habríamos encontrado nada de no ser
por ti. Intentémoslo una vez más.
- De acuerdo.- se levantó y me tendió la mano para ayudarme a levantar.
Seguimos caminando y volví a mirar la hoja. Pensé que quizá si intentaba encontrar la octava pista daría con la séptima, sin embargo no podía dejar de pensar en ella. Estaba segura de que algo había pasado por alto.
Leí por última vez la séptima pista. Parecía una adivinanza. Decía esto: <<No son ojos, pero caen lágrimas, y debes buscar las ocho esquinas junto donde mueren y sacian su sed pequeñas y grandes criaturas>>
Me paré en seco. Hacia ya un rato que oía un ruido, y me resultaba familiar. Tenia que ir hacia allí. Mis pies me llevaron prácticamente solos hasta el lugar.
- ¿Sabes Alex? Hace tiempo que quiero decirte una cosa, pero no encontraba el momento y creo que ahora que estamos aquí solos podría hacerlo.- se volvió para mirarme, pero no estaba.- ¿Alex? ¡¿Alex, donde estás?!
- ¡Zack ven! ¡Lo he encontrado!- siguió el rastro de mi voz y llegó hasta allí corriendo. No pude contenerme y le abracé. Estaba emocionada.
- ¿Que has encontrado?
- El séptimo objeto. Lo he resuelto.
- No puedo creerlo. ¿Que era?
- Mira- le señalé hacia una gran cascada.- Las lágrimas son el agua que
cae desde arriba y donde muere el agua es el río, que es donde beben los animales del bosque cuando tienen sed.
- ¡Eres genial Alex! Sabía que lo resolverías.
- Gracias, pero si tu no me hubieses animado a seguir no lo habría resuelto
nunca.
- ¿Quieres que paremos un poco y comemos algo?
- ¿Te parece este un buen lugar?
- Es evidente que te gusta y que te mueres de ganas de quedarte.
- Es verdad, lo has adivinado.- nos sentamos sobre unas rocas que
habían junto a la orilla. Mientras Zack buscaba algo para comer dentro de su mochila, yo rebusqué dentro de mis bolsillos y saqué aquel objeto que tanto dolor de cabeza me había causado. Me quedé mirándolo completamente absorta. Era la cosa más bonita que había visto en la vida. Era una piedra de forma octagonal, plana y de un color malva precioso.
Además aquel sitio tenía algo especial. Recordaba haber oído hablar de él a mis padres. Y si no recordaba mal, allí fue donde se casaron.
Hacia tiempo que no me sentía tan bien en ningún lado. Era como si ellos estuviesen allí conmigo. Lástima de Carl y Annette, ambos amigos de mis padres estuviesen de viaje. Podría haberles hecho una visita, pues tenían una cabañita un poco más lejos de donde nos encontrábamos.
- Toma. Come algo- me alcanzó un sándwich que había cogido prestado
del campamento y un botellin de agua y luego cogió ambas cosas también para él.- ¿Qué tienes ahí?
- Lo que llevamos rato buscando.
- ¿Este es el maldito objeto?
- Si, solo que es precioso.
- Alex...
- ¡Alex, Zack! ¿Dónde estáis?
- Es Tess- me levanté de golpe y la llamé.- Estamos aquí. - al poco rato apareció junto a la monitora, nuestra profesora de arte y la mitad de la gente de nuestra clase.- ¿Que hacéis todos aquí?
- Hace más de una hora que han vuelto todos. Vosotros sois los únicos que no aparecíais- miré mi reloj y me quedé de piedra. Llevábamos más de dos horas buscando objetos y ninguno de los dos había reparado en el tiempo que hacía que estábamos allí.
- Perdón, no nos habíamos dado cuenta de que se había hecho tan tarde.
Nos encallamos en una pista y no paramos hasta que dimos con la respuesta.
- Bueno, por lo menos estáis bien. Volvamos a las cabañas y prepararemos las cosas para que podáis empezar a dibujar.
Volviendo al campamento, Tess me cogió a un lado y empezó a interrogarme. Estaba convencida de que entre Zack y yo había pasado algo, pero no era así. Lo más íntimo que habíamos hecho era abrazarnos, y en realidad tampoco había sido para tanto. Al fin y al cabo él ni siquiera me rodeó con sus brazos, se quedó como si nada. Eso fue todo lo que pude contarle.
- Bueno, si no ha reaccionado quizá es porque no esperaba que lo hicieras.
- Déjalo ya Tess. Lo nuestro no va a poder ser. Yo estoy enamorada de él, y Zack ni me registra.
- Ya verás como te equivocas.
- Vamos.- aunque no se lo dije a mi amiga, lo que quedaba de camino hasta llegar me lo pase pensando en aquellas horas con él. Lo pillé más de una vez mirándome, pero cuando le devolvía la mirada, me daba la espalda. Además, algo me decía que quería decirme algo, pero que no había podido. Lo mejor quizá seria hablar con él y preguntárselo, pero ¿y si solo eran imaginaciones mías? Si seguía con esas ideas me volvería loca. Lo mejor era pensar en otra cosa, en algo bonito, algo como la cascada y lo que la rodeaba.
Al llegar al campamento, me dirigía a nuestra cabaña cuando noté que alguien venia tras de mí. Me volví y me encontré cara a cara con Zack.
- Menudo susto me has dado. ¿Por que me sigues?
- Quiero hablar contigo- ¿así qué yo tenia razón?
- Pues habla.
- Ahora no. Quedamos a medianoche en la cascada. Te esperaré allí- podía sentir latir mi corazón como si lo estuviese sujetando entre mis manos. Me temblaba todo. Le vi alejarse sin volverse. Entré en la cabaña y me eché sobre mi cama. No sabia si ir o no. ¿Y si era una broma? ¿Y si no se presentaba? Me moriría de dolor, aunque primero me vengaría. Miré la hora. Tenía tiempo para decidir que hacer. Me incorporé, cogí mi cuaderno de dibujo y mis cosas y volví junto a los demás.
- ¿Estás bien?- no sé muy bien que aspecto debía tener, pero por la cara de
Tess supuse que no demasiado bueno.
- Sí. - me senté a su lado y pensé que podía dibujar. Debíamos dibujar algo que viésemos a nuestro alrededor, un paisaje, pero yo tenía otra cosa en la cabeza. No veía otra cosa en ella. Recordaba cada detalle, y lo plasmé en el papel. Quedé bastante impresionada por lo que había hecho, pero aun le faltaba color. Volví a la cabaña y cogí las pinturas. Regresé junto a Tess y me dejé llevar.
- Alex, ¿qué dibujas?- preguntó la profesora que pasaba por allí.
- Un paisaje.
- Si, ya lo veo. Te ha quedado muy bien pero no es algo que puedas ver. Todos tus compañeros están dibujando cosas que pueden ver.
- Yo esto lo he visto, y usted también e incluso la mayoría de ellos- dije señalando a mis compañeros.- No puedo quitarme esta imagen de la cabeza y no deja de ser un paisaje como cualquier otro.
- Supongo que tienes razón.- miró por última vez mi dibujo y después se marchó.
Terminé de pintarlo y me sentí muy orgullosa. Mirar aquello me tranquilizó, era como si volviese a estar allí. Decidí acudir a mi cita y ver que ocurría entre nosotros.
La siguiente actividad, consistía en la cena. Los chicos irían a pescar y las chicas pelaríamos y cortaríamos las verduras para cocinarlas y cuando trajesen el pescado, lo cocinaríamos también. La sola idea ya me repugnaba. Me encantaba el pescado, una vez cocinado. Tocarlo mientras aun estaba viscoso... ¡Qué asco!
- Tess, te cambio los pescados que traiga mi pareja por tus verduras. Tú limpias mis pescados y los cocinas y yo corto y pelo tus verduras.
- ¿Por que no le pides a tu pareja que te ayude? Yo tengo a Marcos bajo mi dominio.
- ¿Tú crees? Al igual tienes razón.
- Pues claro.
- Tengo que decirte una cosa- dejé de cortar y miré a mi amiga.
- ¿Que te pasa?
- Zack me ha dicho que teníamos que hablar y me ha citado en la cascada a medianoche y tengo pensado ir, pero...
- ¿Quieres que te diga si has tomado la decisión acertada?
- Sí.
- Creo que si no vas te arrepentirás toda tu vida.- Zack hizo su aparición antes de que pudiésemos hablar de algo más.
- ¿Que tal va la cena mujercita?
- ¿Mujercita? ¿Yo?
- Bueno, yo traigo la comida y tú la cocinas, ¿no?
- Mira por donde, ahí te equivocas.
- ¿Que quieres decir?
- Que el pescado, lo limpias y lo cocinas tu.- terminé de echar lo que quedaba de verduras en el agua hirviendo y me fui a lavarme las manos. Tess vino tras de mí.
- ¿Se puede saber que demonios haces?
- No lo sé. Me ha puesto nerviosa que me llamase de ese modo.
- Pero si te encantaría ser su mujercita.
- Si, pero no sé. Primero quiero esperar a ver que pasa esta noche.
Zack se quedó mientras tanto pensativo limpiando el pescado. ¿Que había hecho para que me enfadase por esa tontería? Tenia que hablar conmigo sin falta. Debía confesarme lo que sentía de una vez.
Marcos, que estaba a su lado, limpiando su parte, lo miró con curiosidad.
En clase se rumoreaba que Zack estaba enamorado de una chica, pero nadie sabía quien podía ser, sin embargo, tras ver como se había quedado después de que yo me marchara, todo encajaba.
- Oye tío, los chicos y yo hemos pensado en gastarle una broma a los mayores. ¿Te animas?
- ¿Cuando?
- Está noche. Sobre las diez y media, u once.
- Vale. ¿Que habéis pensado?- el plan consistía en ir a buscar sapos y antes de que los monitores se fueran a dormir, colarlos dentro de las camas, y cuando se pusieran dentro...
- Después de cenar, nos reunimos en el lago.
- No nos llevará mucho tiempo, verdad?
- ¿Tienes que ir a algún sitio?
- No, pero estoy cansado y quiero acostarme pronto.- nunca fue bueno mintiendo.
Tess y yo regresamos y terminamos de hacer la cena. Todos ayudamos a poner la mesa y comimos tranquilamente hablando los unos con los otros. Intenté no mirarle durante toda la cena y él evitó hablarme supongo para evitar meter la pata de nuevo.
A medida que íbamos acabando, recogíamos nuestro plato y tirábamos los restos a la basura, incluido, cubiertos, platos y vasos de plástico. Zack acabó poco después que yo y se me acercó para recordarme nuestra cita.
Al cabo de un rato le vi marchándose con los chicos y yo me fui con Tess a la cabaña. Esta insistió en que me pusiera algo bonito para la ocasión, pero aunque me arreglé un poco más de lo que debería, iba bastante informal.
Faltaba un cuarto de hora para nuestra cita y salí de la cabaña sin hacer ruido. Llevaba conmigo una linterna y una manta por si más tarde refrescaba. Algo me decía que no siguiera, pero a veces, no siempre seguimos lo que nos dicta el corazón.
Cuando llegué, no había rastro de él, pero no le di importancia. La puntualidad nunca había sido su fuerte. Llegué a esperarme media hora más, y siguió sin aparecer. Pensé que no soportaría aquella humillación. ¿Cómo había podido pensar que vendría?
Cogí de nuevo la manta, la puse alrededor de mis hombros y me fui. Llegué a la cabaña en silencio. Me desvestí y refugié bajo las sábanas.


- Os lo habéis ganado chicos. Está vez no os salvará nada de suspender.
- Pero si no es más que una broma de nada- se atrevió a decir uno de ellos.
- Sois ya mayorcitos para hacer esta clase de bromas. Debisteis pensarlo antes.
- Por favor, no nos castigue...
- Ya he dicho que debisteis pensarlo antes. Mañana a primera hora os quiero en pie. Vais a tener que hacer algunas tareas. Ahora a dormir.
- ¿Que hora es?- susurró Zack a Marcos.
- La una menos cuarto.
- ¡Mierda!- salió corriendo hacia el bosque hasta llegar a la cascada, pero ya era tarde. Ya me había ido. Se sentó en la hierba mirando el agua. Cogía piedras del suelo y las lanzaba, hasta que cogió algo distinto. Se miró la mano y vio que era. Nuestro séptimo objeto.



A la mañana siguiente sentí que no podía levantarme. Me dolía el cuerpo por dentro. Solo tenia ganas de llorar y de volver a mi casa. Le conté a Tess lo ocurrido, y cuando terminé no sabia cual de las dos estaba más enfadada.
- ¿Que harías tú?- le pregunté.
- Pediría que me pusieran con otra pareja.
- Bien, pues hagámoslo.- cogí fuerzas de lo más hondo de mi ser y salí a buscar a mi profesora. La encontré de un modo provechoso. Enfadada con los chicos, entre ellos, el motivo de mi venganza. Les estaba haciendo pintar las cabañas, una a una. Quería asegurarme de que este oyese todo lo que tenia que decir.
- Buenos días Alex, ¿qué te trae por aquí tan temprano?
- Necesito pedirle un favor. Es muy importante.
- Cuéntame, ¿qué pasa?
- Es que verá, quisiera saber si podría cambiar de pareja.
- ¿Que le pasa a la que tienes ahora?
- Pues que no funciona. Tenemos ideas muy distintas y eso me supone un problema a la hora de hacer bien las cosas.
- ¿Y con quien te gustaría ir?
- Estoy segura de que cualquiera puede compenetrarse mejor conmigo que él, así que usted misma puede elegir a mi nuevo compañero.
- Creo que yo también tengo algo que decir, ¿o no?- Zack tiró la brocha dentro del bote de pintura y se nos acercó.- ¿Qué pasa si yo quiero seguir contigo?
- Pasa que yo no quiero. Búscate a otra a quien tomarle el pelo- y me fui.
- ¿Se puede saber que le has hecho?- incluso la profesora se dio cuenta de que había algo más que no habíamos querido decir.
- Que más da. Ya ha tomado una decisión. Por lo visto yo no cuento.
- No sé porque hago esto pero, voy a decirle que nadie quiere cambiar de pareja y que tiene que hacer las actividades contigo por fuerza o suspenderá.
- ¿Haría eso?
- Si, pero hazte un favor a ti mismo y arregla esto. No creo que quieras que te odie el resto de tu vida.
- Espero que no sea demasiado tarde.
Volví a la cabaña y Tess estaba esperándome para que le contase lo que me había contestado la profesora. Le conté que Zack estaba allí, por lo visto castigado.
- Genial, él se lo ha buscado.
- Supongo que sí.
- ¿Te arrepientes?
- No, pero no parecía indiferente. Me pareció que estaba dolido. ¿Y si hubo un motivo por el cual no pudo presentarse?
- Se hubiese escapado. Ya lo conoces, cuando realmente le interesa algo, nada puede impedírselo.
- Por lo visto no le conozco tan bien como creía.- revolví en el armario y saqué una toalla. Después entré en el cuarto de baño para coger el bañador que tenía tendido sobre la barra de la ducha y me lo puse.
- ¿Vas al lago?
- Sí. Aprovecharé para nadar un poco antes de desayunar.- Aun faltaba una hora para que los demás empezaran a despertarse, así que estaría tranquila.- ¿Quieres venir?
- No, me quedaré un poco más.
- Vale.- salí y caminé lentamente hasta el medio puente. Dejé la toalla sobre mis sandalias, me recogí el pelo en un moño mal hecho y me lancé al agua. No sé cuanto rato estuve nadando pero cuando me paré, me encontré cara a cara con la cueva donde haríamos la prueba del valor aquella noche. A simple vista no daba miedo, pero yo sabia que aun siendo de día no me atrevería a entrar sola. Busqué un sitio por donde escalar y así comprobar si era capaz de entrar. Lo encontré y me subí. Antes de que pudiera dar un paso oí a alguien que me llamaba. Me volví y vi a un chico sobre el medio puente. Zack.
Me tiré al agua y nadé hacia él. Subí al medio puente, cogí mi toalla, me puse las sandalias y me alejé mientras me secaba.
- ¡Alex!- me detuve, pero no me volví.- Lo siento. Tienes que dejar que te explique porque no fui.
- No te molestes. No importa.
- Si pensases eso de verdad, no pedirías que te pusieran a otro de compañero.
- Olvídalo.- y seguí mi camino.
Volví a la cabaña y poco después entró la profesora para avisarnos que hoy prepararían el desayuno los chicos como castigo. Antes de irse, se volvió.
- Por cierto Alex, siento decirte esto pero tendrás que seguir con tu actual compañero. He estado preguntando y todo el mundo esta bien como está.
- ¿Y no podría poner a Marcos y a Zack juntos?
- La idea es que chicos y chicas aprendáis a trabajar juntos.
- ¿Entonces no hay nada que pueda hacer?
- Podrías negarte a participar, pero te juegas tu nota, y no creo que sea eso lo que quieres.
- No- tenia que conformarme.- Si no hay más opciones seguiré con él.
Durante el desayuno pensé como comportarme a partir de ese momento con él. No quería que pensase que ya no estaba enfadada por el simple hecho de seguir como pareja.
Me preguntaba cuanto tiempo podría aguantar de aquel modo. Nunca había podido estar más de un día enfadada con él.
- ¿Podrás hacerlo?- me susurró Tess.
- No lo sé. Una parte de mí desearía estrangularle, pero la otra...
- Tienes que aprender a mantener separadas ambas partes.
- ¿Y tú no querrías cambiar de pareja?
- Yo no estoy enamorada de él.
- Por eso mismo.
- Por eso mismo no dudaría a la hora de estrangularlo.
- Ohhh... no se que hacer- oculté la cara entre mis manos y entreabrí los dedos para ver a través de ellos. Eso me permitió ver como Zack me miraba.


- ¡Tío reacciona!
- ¿Que pasa?
- Pues que te quedas atontado mirándola y aun nos queda peña para servir.
- Si, será mejor que nos pongamos las pilas.
Tess y yo terminamos de desayunar y nos fuimos a la cabaña para estar un rato tranquilas antes de que empezase la siguiente actividad. Miré en la lista. No esperaba que llegase la hora de hacer aquello. “El barro” era lo que venia a continuación. Lo que había que hacer básicamente era una pieza de barro junto con el compañero.
Oímos llamar a la puerta. Tess se levantó de la silla donde se había sentado y fue a abrir.
- ¿Que quieres?
- Vengo a buscar a Alex. Me han dicho que seguimos siendo compañeros.
- Si, aunque no te lo mereces.
- Tess, ¿quien es?- no había oído la conversación, lo que quería decir que ambos hablaban en voz baja, y eso solo podía significar una cosa. Me acerqué a la puerta.- Lo sabia.
- He venido a buscarte. Van a empezar con la actividad y quisiera empezar cuanto antes.
- De acuerdo. Vamos.- pasé por su lado intentando contener la respiración, pero no me servia de nada. Seguía oliendo a su colonia, que siempre me había encantado.
Mi amiga vino tras nosotros y se reunió junto con Marcos. Había un taburete de dos asientos frente a cada mesita, y el barro sobre la rueda que había encima de esta.
A la hora de sentarnos lo pase fatal, porque mi asiento era un poco más bajito y quedaba justo entre sus piernas. Mi cabeza le llegaba a la barbilla.
- Fijaos bien como movéis la rueda. Mojad bien el barro para que tome mejor forma. Podéis empezar.
- ¿Que quieres hacer?- me preguntó.
- Un jarrón, para poner orquídeas.
- ¿De que color?
- Blancas.
- Lo tendré presente- no dije nada y tampoco él. Cogió del suelo un cuenco y lo llenó de agua. Junto a cada mesa había también un cubo lleno de agua. Echó un poco por encima del barro y volvió a dejar el cuenco. Deslizó sus manos sobre mis brazos, erizándome la piel, hasta ponerlas sobre las mías que sostenían el barro mojado. Prosiguió moviendo lentamente la rueda mientras yo iba dándole forma. Colocó su barbilla sobre mi hombro, haciéndome sentir su respiración. Me estaban entrando unas ganas enormes de besarlo, y no sabía como controlarme.
Intenté centrarme en lo que estaba haciendo, pero el olor de su colonia me recordaba que seguía allí, pegado a mí.
No sabía como reaccionar. Mi cuerpo no respondía. Cerré los ojos y dejé que Zack pusiera de nuevo sus manos sobre las mías mientras el barro tomaba forma.
- Alex... - incluso su voz me sonó como una caricia. No podía pensar en nada más que él, en lo que sentiría al besarlo. Mi pulso se aceleró- tengo que contarte algo.
- ¿El que?- me acerqué más a él. ¿Por que no se acababa de una vez
aquella maldita actividad?
- Quiero que sepas que fui a la cascada, pero llegué tarde.
- ¿Por que me hiciste ir?
- Necesitaba decirte algo importante. Hace tiempo que quiero decírtelo.- abrí los ojos, aparté las manos del barro y me volví para mirarle.
- Dímelo ahora.
- Ahora no. Hablaremos más tarde.
- No me hagas esto de nuevo. No quiero que vuelvas a dejarme plantada.
- No lo haré- me acarició las mejillas con ambas manos, dejándome la cara manchada de barro.- Cuando llegué a la cascada, encontré algo.
- ¿Que es?
- Nuestro objeto. Pensé que lo habías dejado allí al marcharte, y me lo llevé para poder devolvértelo. Sé que te gusta- sentí que por un momento me deshacía al oír aquello.
- Será mejor que nos centremos en hacer bien el jarrón. Dale vueltas a la rueda. Voy a echarle un poco más de agua.- esperaba a que no volviese a sacar el tema, y no lo hizo.
Cuando acabamos, cada uno fue a su respectiva cabaña para ducharse mientras tanto el barro se secaba.
Tess me miraba con curiosidad mientras yo estaba secándome el pelo con una toalla y me envolvía en otra.
- ¿Vas a explicarme que demonios te ha pasado con tu pareja?
- No sé de que me hablas.
- A mí me parece que sí. Por un momento pensé que ibais a fundiros en uno.
- No seas bruta... - pero la idea era tan tentadora.- Me hubiese
encantado... Dios mío Tess, no puedes ni imaginarte lo que me ha hecho sentir.
- Ya me imagino. Tienes las mejillas coloradas.
- ¿Que voy a hacer? No me reconozco cuando estoy con él. No tengo ningún control sobre mi misma.
- Eso no siempre es malo.
- Sigue queriendo que hablemos a solas.
- ¿Otra vez? ¿Para que?
- Dice que anoche tenía algo importante que decirme.
- Y no va a parar hasta que te lo diga.
- Me parece que no.- después de que Tess se duchara, salimos haber como habían quedado nuestras obras de arte.
- Esta claro que yo no voy a dedicarme a esto- miré lo que había hecho mi amiga junto con Marcos. No sabría decir exactamente que era, pero creo que pretendía ser una jarra.
- Que va, si esta muy bien- las amigas a veces mentimos, pero yo no soy buena en eso.
- No engañas a nadie. Es horroroso- nuestras respectivas parejas vinieron poco después seguidos de la profesora y algunos alumnos.
- Bueno chicos voy a dejaros que hagáis lo que queráis hasta la hora de comer- se miró el reloj y luego a nosotros.- Tenéis dos horas.
- ¿Podemos ir a cualquier lado o hacer lo que sea?- estaba atónita y sorprendida. Me encantaba la idea.- ¿Sin parejas?- me parece que por como me miró la mía no debió de hacerle demasiada gracia.
- Eso es.
- Vale, hasta luego.-cogí a Tess de la mano y nos fuimos corriendo hacia la cabaña. Quería ir a la cascada. Necesitaba estar allí, pero mi amiga no. Prefirió quedarse tumbada haciendo crucigramas. Yo, por mi parte, cogí el libro que había traído conmigo y una manta para poner en el suelo y me adentré en el bosque. Sabia perfectamente como llegar hasta allí, no podía perderme. Poco a poco los árboles me abrieron el camino y me encontré en aquella explanada. Puse la manta sobre la hierba, me senté sobre ella y abrí el libro por la última página leída. Cuando ya llevaba un rato allí, oí que alguien venia. Ya sabía quien era sin haberle visto. Tenia que haber imaginado que no tardaría en aparecer. Me pregunté si pasaría algo entre nosotros o si Zack, por fin me diría aquello tan importante.
- Hola- me sonrió y se sentó a mi lado.
- Te estaba esperando.
- Pero si no habíamos quedado.
- No, pero sabias que vendría aquí, por eso has venido.
- Supongo que es así. Vine a darte esto- sacó de su bolsillo nuestro objeto y lo sostuvo entre sus manos un rato antes de dármelo.
- Gracias- esperé entonces a que me dijese algo más, pero no lo hizo.
Se limitó a quedarse mirando el agua de la cascada, como caía con fuerza. Dejamos que pasase el tiempo y un poco antes de la hora decidimos volver.
- ¿Nerviosa por lo de esta noche?
- No es esa la palabra exactamente.
- ¿Y cual es?
- Acojonada. Me da un pánico terrible.- aquello pareció sorprenderle.- Siempre he sido un poco cobarde.
- No te preocupes. No dejaría que te pasara nada.
- Eres muy amable.- llevaba una de las manos en el bolsillo y agarré con fuerza el objeto antes de preguntar.- ¿Por qué llegaste tarde anoche?
- Nos pillaron. Los chicos y yo quisimos gastarle una broma a los mayores y nos pillaron.
- ¿Por eso estabais esta mañana pintando las cabañas?
- Sí. No pude escaparme Alex. Si lo hubiese hecho me habrían echado y enviado de nuevo a casa y ahora no estaría aquí contigo. No quería arriesgarme. Me gusta estar contigo.
- Y a mí contigo. Nos lo pasamos bien juntos. Hubiese sido una lástima si te hubieses marchado.
- Yo también pienso igual. Para mí este fin de semana es especial y no quiero perderme nada.
- Yo tampoco- de pronto sentí como si todo lo que sentía por él fuese a salir de mi boca y me detuve. Zack se paró un poco más adelante y me miró.
- ¿Te pasa algo?- se me acercó preocupado.
- No, estoy bien- cerré los ojos, cogí aire y volví a abrirlos. Quiso tocarme la mano con la que sujetaba el libro y recibimos una descarga, por culpa de la cual se me cayó el libro al suelo. Ambos nos agachamos para cogerlo.
- Lo siento. Creo que llevo demasiada tensión encima.
- No pasa nada.
- ¿Seguro que estas bien?
- Si, solo que... te parecerá una tontería pero siempre he pensado que cuando dos personas reciben este tipo de descargas es porque se atraen de un modo mágico.
- ¿Eso crees?
- Ya te he dicho que es una tontería. Olvídalo- pero no lo hizo, ni yo tampoco y aunque seguimos el resto del camino en silencio, ambos recordábamos perfectamente que teníamos algo pendiente.
Cuando regresamos ya había empezado el movimiento para preparar la comida. Esta vez se habían encargado básicamente los profesores de prepararlo todo, aunque algunos de los alumnos se habían ofrecido a ayudar. Volví a la cabaña para dejar mis cosas y de paso contarle a Tess lo ocurrido, pero no estaba. Salí fuera para ver si la veía, pero no había rastro de ella. Pensé que quizá estaría por ahí con las demás chicas de clase. Me acerqué a los profesores y me ofrecí a ayudar, fue entonces cuando la vi. Al principio pensé que no era ella, pero tras fijarme una segunda vez no tenia dudas. Estaba con Néstor y se estaban besando. No podía verles todo el mundo porque se encontraban entre dos cabañas, y yo no podía creer lo que estaba viendo.
- Hola de nuevo compañera.
- Hola- no le miré. No podía apartar la vista de lo que estaba viendo.
- ¿Que miras con tanto interés?- se puso a mi lado y miró hacia el mismo lugar que yo.- ¡Dios mío, pero si son...!
- ¡Cállate animal!- susurré dándole un codazo.- te van a oír...
- Es que no puedo creerlo.- continuó en un susurro.
- Ni yo- tuve que hacer un esfuerzo para mirarle y apartar la vista de esos dos.- ¿Has venido a ayudar?
- A eso también- me sonrió y se fue con los demás a acabar de poner las mesas. ¿Acaso quería volverme loca? Intenté apartar cualquier pensamiento de mi cabeza y apunté mentalmente que debía hablar con Tess.
Ella no me comentó nada durante la comida, pero veía como se lanzaba miraditas con Néstor y se sonreían. Zack también debió darse cuenta porque me miraba y se reía. No oí lo que me decía pero leí sus labios << Habla con ella>>
No era un problema que Tess y Néstor se hubiesen liado hasta cierto punto, pero Néstor llevaba dos años saliendo con una chica y siempre presumía de lo bien que les iba. Estar de ese modo con mi amiga demostraba todo lo contrario, y lo que era peor, temía que ella lo pasase mal al final.
¿En que demonios estaba pensando cuando se animó a liarse con él? No podía comprenderlo.
- Has estado muy callada durante la comida. ¿Ha pasado algo que me quieras contar?
- Puede. ¿Y tú? He ido a buscarte a la cabaña y no estabas.
- Lo sé. Me estaba agobiando allí dentro. Salí a dar una vuelta. Cuéntame que te ha pasado.
- Zack y yo tuvimos un pequeño percance.
- ¿Estáis bien?
- Recibimos una descarga al tocarnos.
- ¿Ha pasado algo entre vosotros?
- No, pero no es eso lo que me preocupa en este momento- por la cara que puso supongo que ya se veía venir lo que iba a decirle.
- ¿Y que te preocupa?
- ¿En que demonios estas pensando? Néstor tiene novia.
- Ya sé lo que parece, pero me ha dicho que va a dejarla.
- ¡Tess!- estaba convencida de que Néstor no dejaría a su novia. Estaba loco por ella.
- Alex le quiero.
- ¿Y él a ti?- me miró con lágrimas en los ojos.- ¿Te lo ha dicho?
No fue necesario que respondiera. Me abrazó y rompió a llorar. Zack pasó por nuestro lado y me guiñó un ojo. Le sonreí y la llevé a nuestra cabaña para que se lavase la cara y se relajase. Cuando ella estuviese mejor, me ocuparía de mis problemas eléctricos con mi compañero.
Después de desahogarse un buen rato, se sentó en la cama y me miró.
- Cuéntame ahora que os ha pasado.
Le expliqué todo lo ocurrido desde que me había ido a la cascada después de dejarla a ella haciendo crucigramas.
- Lo que más claro tengo es que ahora tenemos algo pendiente.
- Ya te dije que antes de volver a casa te lo diría.
- Pero si aun no me ha dicho nada.
- Lo hará. Estoy segura.
- No quiero pensar en eso ahora- quería sacarla de la cabaña y llevarla a hacer algo. Entonces se me ocurrió.- Ponte el bañador. Nos vamos.
- ¿A donde?
- Tu póntelo- para mi sorpresa, me hizo caso. Me puse yo también el mío, cogimos las toallas y después corrimos hasta el lago.
Dejamos las cosas sobre el medio puente y saltamos al agua. Nadamos hasta la cueva, escalamos hasta ponernos frente a ella, nos cogimos de la mano y entramos. Separadas no podíamos hacerlo, pero juntas éramos más fuertes y lo sabíamos.
Con la otra mano tocaba la pared para guiarme hasta que me hice daño con algo.
- ¡Ay!- aunque apenas entraba claridad del exterior, sabia que la mano me sangraba.
- ¿Que ha pasado? ¿Estás bien?
- Creo que me he hecho una herida y me sangra.
- Vamos fuera- esta vez fue ella la que me guió. Al salir lo vi con más claridad. No parecía un corte profundo pero me dolía y lo peor era que me picaba y no podía rascarme.- Déjame ver.
Tess detestaba la sangre, pero esta vez se mantuvo en su sitio, ni se mareó, ni se apartó. Hizo todo lo contrario. La vi rebuscando en el suelo y cogiendo algo.
- ¿Que estas haciendo?- me apreté la herida, Tess cogió la piedra que había recogido del suelo y se hizo una herida en la palma de la mano.- ¡Estas loca!
- Dame tu mano- extendí la mano que tenia herida y la juntó con la suya, también herida.- Ahora no solo somos las mejores amigas. Somos hermanas.
- Estas como una regadera, pero te quiero.
- Yo también hermana- ambas nos reímos. Regresamos al medio puente por otro camino. No podíamos meternos en el agua con las manos como las teníamos. Envolvimos las manos con nuestras toallas y de vuelta a la cabaña nos encontramos a Zack hablando con la profesora.
Tiempo después, me confesó que le estaba agradeciendo el no haberme asignado a ningún otro compañero.
Ambos nos miraron angustiados al ver las toallas manchadas de sangre y descubrir las heridas de las manos.
- ¿Pero que habéis echo niñas?
- No es más que un rasguño.
- Un rasguño que no deja de sangrar.
- Tenéis que ir a curaros eso antes de que se infecte.
- Sí papá.
- Zack tiene razón. Vamos- los cuatro fuimos a la cabaña de los profesores a que nos pusieran algo en la mano.
Tess y la profesora se adelantaron y él y yo nos quedamos atrás.
- ¿Has hablado con ella?- asentí. No sé exactamente porque pero me sentía muy unida a él en aquel momento.
- No creo que haya nada más entre ellos después de lo de hoy- no quería contarle nada demasiado personal porque al fin y al cabo no se trataba de algo mío, sino de mi mejor amiga.
- Así es mejor- entramos en la cabaña y nos desinfectaron la herida.
La taparon con una venda y después nos dejaron ir.
- ¿Por que no vais a pintar vuestras obras de barro?
- Vayamos- se animó mi amiga.
- De acuerdo- Tess fue a buscar a Marcos para poder terminar con su obra de arte aparentemente abstracta.- Es genial verla animada otra vez.
- Tú también lo pareces. Y bastante más tranquila.
- Tienes razón. Me pregunto en que momento empezó todo y porque.
- ¿No te lo ha dicho?- negué con la cabeza.
- Tampoco he querido preguntar. Es un tema un poco delicado ahora mismo y me temo que no debe de ser fácil tener que verle a menudo. El amor es algo mágico y complicado.
- Oye Alex, he estado pensado en esa descarga de antes y en lo que dijiste que significa.
- No es porque yo lo diga o porque sea así, sino que siempre he creído que era por ese motivo.
- ¿Te había pasado antes?
- No. ¿Y a ti?
- Tampoco. ¿Quiere decir eso que nos gustamos?
No supe que decirle.
- Nunca pensé que llegaría el día en que hablase de esto contigo.
- Para mí tampoco es fácil. Quizá lo mejor sea dejar a un lado el tema por el momento.
- ¿No tienes curiosidad por saber que nos pasa?
- Soy bastante consciente de las cosas que me pasan, así que no lo veo necesario.
- Vamos a pintar el jarrón y olvidémonos de esto. Seguro que en el fondono fue nada.- existía esa posibilidad, pero ¿y sí yo tenia razón? Decidí que lo mejor era dejar de pensar en eso y centrarme en nuestra obra.
- ¿Tienes ya las pinturas?
- Sí. ¿Con que color empezamos?
- Con el verde.
- Ten- al ir a entregarme el pincel junto con el bote verde de pintura, volvió a darnos un chispazo.- ¡Joder!
- ¡Mierda!- quizá Zack no quisiera darse cuenta, pero estaba claro que algo había. Yo sabia cuales eran mis sentimientos, pero que me ocurriera aquello con él tenia que significar que algo sentía por mí- Lo mejor seria que evitásemos tocarnos el mayor tiempo posible.
- Si... será lo mejor.- pintamos el jarrón como pudimos, evitando cualquier
acercamiento con el otro para evitar morir electrocutados.
Pasamos lo que quedaba de día haciendo distintas cosas. Yo intentaba pasar tiempo con Tess para evitar que cayese en la tentación y fuese a buscar a Néstor.
Antes de cenar, mientras Zack me ayudaba a cortar verduras, porque me dolía la herida, Néstor se acercó a ella aprovechando que Marcos se había alejado un momento.
- No te he visto desde esta mañana.
- He estado por ahí.
- ¿Que le ha pasado a tu mano?- mi amiga se miró el vendaje y sonrió.
Pensaba que no podría enfrentarse a él, que lo que sentía por él le nublaría, pero aquel vendaje le recordaba que no estaba sola, que tenia una hermana de sangre y que juntas éramos invencibles.
- Me corté con una piedra.
- Déjame ver- extendió la mano para cogerle la de ella pero Tess se apartó.
- ¡No!- aquello era el fin. Aunque siguiera queriéndole, todo había terminado.- Vuelve con tu novia y sé feliz con ella. Yo voy a mantenerme lejos.
Néstor no supo que decir y se alejó en busca de su compañera. Zack y yo la miramos con una sonrisa que ella nos devolvió. Ahora lo tenía claro. Tess estaba bien.
- ¿Estas mentalizada?
- ¿Para que?
- Para lo que viene tras la cena. La prueba del valor.
- No me asusta. He entrado hoy en la cueva con Tess. Fue ahí donde nos hicimos daño.
- Pero no es lo mismo de día que a medianoche.
- He aprendido que para vencer mis miedos solo debo dejarme llevar.
- En ese caso déjate llevar por mí esta noche. Deja que te demuestre que el mayor miedo es el propio miedo.
- Vaya, que filosófico...
- No te burles.
- No lo hago. Me encanta que seas así de dulce.
- Lo soy cuando estas cerca de mí.
- ¿A cuantas chicas les has dicho lo mismo?
- Eres la primera- por un momento me faltó el aire. Una parte de mí quería creerle, pero la parte más racional, pensaba en lo mal que lo iba a pasar si todo lo que decía no eran más que mentiras.
- Hablaremos más tarde de esto. Vamos a cenar.- No tocamos más el tema por el momento. A medianoche nos reunimos todos junto al lago. Tras asegurarse de que no faltaba nadie, uno de los monitores nos condujo hasta la entrada de la cueva por el mismo camino por el que Tess y yo habíamos vuelto aquella tarde.
Nos iban dando a cada pareja una vela encendida conforme íbamos entrando. Cuando ya solo faltaba una pareja para que entráramos nosotros, empecé a ponerme nerviosa.
- Bueno chicos recordad que hay dos caminos y debéis coger el que creáis correcto. En uno, encontrareis un altar, donde deberéis dejar la vela y salir por la parte de atrás donde os espera otro monitor; en la otra no hay salida.- ¿Y ya está? ¿No nos deseaba suerte ni nada? No quería entrar. Tenía miedo.- Alex y Zack, entrad.
No quería estar allí, pero no podía moverme, mis pies no respondían. Temblaba de arriba a abajo. Di un respingo al sentir algo. Noté la mano de mi compañero entrelazarse con la mía. Ya no me sentía perdida. No iba a entrar sola. Apreté con fuerza su mano para evitar que me soltara.
Entramos despacio, mirando bien donde pisábamos y no nos soltamos en ningún momento, ni siquiera cuando Zack creyó que ya habíamos mantenido el silencio durante demasiado tiempo.
- No hemos recibido ninguna descarga cuando te cogí la mano.
- Es cierto. Supongo que solo pasa en algunas ocasiones. Cuando la tensión entre ambas personas esta a flor de piel.- seguimos adelante. Reconozco que tenia tanto miedo que no podía dejar de mirar hacia todos lados por si salía alguien intentando asustarnos.
También debo admitir que era una buena excusa para acercarme a él.
Llegamos frente a los dos caminos. Debíamos elegir bien. Lo último que quería era terminar en el camino sin salida.
- ¿Que camino dirías que es?
- Algo me dice que a la izquierda no hay salida, pero otra parte de mí me dice que no vaya a la derecha.
- ¿Y de cual te fías más?
- Ahora mismo, de ninguna. Elige tú.
- ¿Y si escojo mal?
- Fíate de lo que te dice el corazón.
- Mi corazón tiene otra cosa en mente.
- ¿Y que es?
- A ti. Te quiero Alex- No podía creer que me hubiese dicho aquello y menos aun que no hubiese elegido un momento mejor. ¿Dónde estaba la piedra para esconderme debajo?
- No estoy para bromas ahora.
- No es una broma- me cogió más fuerte la mano para evitar que se la soltase.
- ¿Es por lo de esa descarga? ¿Es por eso que crees que me quieres?
- Eso no tiene nada que ver. Llevo años enamorado de ti como un idiota.
- ¿Y por que no me has dicho nada hasta ahora?
- Porque no sabia si tu sentirías lo mismo.
- ¿Y como sabes que ahora si lo siento?
- Me lo dice el corazón- ¿Eran imaginaciones mías o se me estaba acercando para besarme? Cerré los ojos dejándome llevar por lo que sentía. Casi podía asegurar que mis pies habían dejado de tocar el suelo, cuando sentí el roce de los labios de Zack. Había deseado durante tanto tiempo aquello... Sin embargo no fui lo único que sentí. Está vez las chispas fueron a más. Se me cayó la vela al suelo y se apagó. Empecé a ponerme muy nerviosa, pero él sabía como calmarme.- Menos mal. Por fin un poco de intimidad.- y me besó como nunca antes me habían besado.
No sé cuanto rato estuvimos besándonos, pero me pareció muy poco cuando oímos de repente unas voces a lo lejos. La pareja siguiente a nosotros se acercaba, lo cual era bueno porque nos habíamos quedado a oscuras y malo porque no quería que nos encontraran en aquella situación.
- Escondámonos.
- ¿Estás loco? Estamos a oscuras.
- Estas conmigo. No dejaría que te pasara nada.
- No quiero quedarme aquí. Salgamos con ellos y encontrémonos más tarde en la cascada.
- Está bien. Como quieras- con ello esperaba tener tiempo para pensar en lo que acababa de ocurrir. Si Zack me había dicho lo que sentía, yo debería ser capaz de hacer lo mismo. No me parecía justo no ser sincera con lo que sentía y guárdamelo para mi misma.
Quería decírselo, pero no podía. La idea de que quien se acercara me oyese me aterrorizaba.
Por fin tenía lo que quería. La persona a quien más amaba en el mundo acababa de decirme que sentía lo mismo por mí, y sin embargo yo, no era capaz.
Zack volvió a acercárseme, quizá para volver a besarme o tal vez para acariciarme, pero no pude averiguarlo, Néstor y Victoria aparecieron antes de que volviese a pasar algo.
- ¿Interrumpimos?- la verdad es que nunca había podido soportar aquella
chica. Era pija y retorcida y me encantaba la idea de haberla tirado al agua. Estaba segura de que deseaba vengarse de mí.
- No. Se me cayó la vela y se apagó. Menos mal que habéis llegado.
- Sí, seguro que sí- ¡qué tía más odiosa!
- ¿Os importa si vamos con vosotros?
- Claro que no. Coge vuestra vela Alex. Voy a encenderla- sacó un mechero del bolsillo y la encendió.
- Gracias- Victoria aprovechó, cogió a Zack del brazo y eligió el camino de la derecha. Néstor y yo les seguimos. La muy bruja había encontrado la manera de vengarse.
En ese momento comprendí porque no quería ir tampoco por la derecha. De haber ido, hubiésemos encontrado la salida, y lo mío con Zack nunca hubiese ocurrido.
- No le des importancia- Néstor me ofreció su brazo y andamos tras los otros dos.- Hace años que te quiere, así que nadie podrá quitaros eso.
- ¿Tú lo sabias?- no podía creerlo. ¿Es que de pronto todo el mundo estaba al corriente menos yo?
- A veces no queremos ver lo que tenemos delante- ¿Hablaría por experiencia propia?- Imagino que debes estar al corriente de lo que ha pasado con Tess. Debes pensar que soy un capullo sin sentimientos, pero ella me importa.
- No hace falta que me des explicaciones.
- Pero quiero hacerlo. Hace un par de meses que empezó todo.
- Néstor de verdad que no es necesario.
- Alex por favor... - se detuvo y me paró en seco.- Quiero a mi novia, pero Tess me ha dado en estos últimos dos meses lo que mi novia no me ha dado en el tiempo que llevamos juntos.
- ¿Ocurre algo?- me preguntaba cuanto tiempo tardaría sin interferir.
A pesar de estar absorbido por la horrorosa Victoria, había estado al tanto de
Néstor y de mí.
- No es nada. Por favor, salgamos de aquí- le arrebaté mi vela a Néstor y seguí adelante. Victoria llevaba la de ellos, y el chico había aguantado la de nuestro grupo todo el rato.
Avancé y encontré el altar y dejamos allí las dos velas. Poco después los cuatro salíamos de allí.
Tess estaba fuera esperándome y al ver que Néstor y Victoria salían con nosotros se quedó paralizada.
Respiré hondo y fui a hablar con el monitor.
- No me siento muy bien. Quisiera irme a la cama.- Zack y Néstor me observaban con curiosidad.
- Claro. Buenas noches.- salí de allí sin mirar atrás. Sabia que Tess venia detrás de mí, y que había alguien más que deseaba hacerlo.
Cuando entré en la cabaña, rompí a llorar. Tess, que entró poco después y me abrazó. No entendía que me estaba pasando pero comprendí que por el momento no podía afrontar mi relación con Zack. Simplemente no podía.
Lo mejor era hacer como si nada hubiese ocurrido. Después de lo que me había dicho Néstor no me parecía justo amar a nadie.
Nadie podía asegurarme que todo seria perfecto. No quería seguir amándole con aquella intensidad.
Pasadas un par de horas, cuando conseguí calmarme contándoselo todo a mi amiga, esta me dijo que había encontrado un trozo de papel por debajo de la puerta.
Era una nota de Zack. Decía así: << Te espero donde siempre. No importa cuando leas esto. Esperare toda la noche si hace falta. >>
- Creo que deberías ir. Dile lo que sientes de verdad.
- ¿Crees que estoy loca, verdad?
- Creo que uno no se equivoca cuando sigue lo que le dice su corazón.
- Eres genial- cogí la chaqueta por si refrescaba y una linterna y salí a buscarle.
Cuando llegué estaba lanzando piedras al río (os dije que le encantaba, ¿no?). Desee que las cosas fuesen distintas. Antes de que pudiese decir nada, se volvió para mirarme. Podía sentirme antes de saber que estaba allí, como me ocurría a mí.
- Temía que no fueses a venir.
- Sabias que cedería. Reconócelo.
- Es cierto-se acercó y me cogió por la cintura para acercarme a su cuerpo. Quiso besarme pero aparté la cara.- ¿Qué te pasa?
- Tenemos que hablar- siguió pegado a mí.
- ¿Qué tienes que decirme?- empezó a soplar un poco de aire. Zack me
apartó un mechón de pelo de la cara y me acarició las mejillas.
- Quiero que hablemos de lo que me dijiste antes.
- Solo dije lo que siento por ti.
- Lo sé. He venido para decirte que te quiero desde el día en que nos conocimos. Sé que me arriesgo a que no sea más que una mentira y que él echo de que te haya confesado lo que siento no sea más que motivo de burlas pero...
- Lo que siento es real. ¿Por qué no me crees?
- Porque la mayoría de los tíos hacen eso. He visto como han quedado muchas de las chicas después de algo así y no es bonito de ver.
- Ellos no son yo. Nos conocemos desde hace tiempo. Deberías saber que no soy así.- me obligó a mirarle. Había lágrimas en mis ojos y podía ver la confusión en los suyos.- ¿Alex, que te pasa?
- No puedo estar contigo. No va a funcionar.
- ¿Pero que dices? No hay nadie en el mundo que se merezca tanto sentir esto como nos lo merecemos nosotros.
- No me parece justo.
- Nos ha costado mucho llegar hasta aquí. ¡Maldita sea, Alex!- se alejó de mí y se sentó en la hierba escondiendo la cabeza entre las manos.
- Lo siento- pensé en acercarme, pero si lo hacia terminaría haciendo lo que él quisiera.- pero no puedo.
- ¿Y ahora que?
- Seamos amigos.
- No lo entiendo. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?
- Esta noche comprendí algunas cosas- de pronto todo encajó.
- ¿Es por Néstor? ¿Qué fue lo que te dijo?
- Simplemente tengo miedo, y no se si tú puedes entender como me siento- me fui de allí antes de que pudiese decirme algo más.
El día siguiente fue aun peor, al menos al principio. Todo me salía del revés. Me costó mucho hacer como si nada hubiese ocurrido, y más aun cuando vi la cara de Zack. Tenía el mismo aspecto que yo. Ninguno de los dos habíamos dormido nada.
- Buenos días... - apenas me salían las palabras.
- Hola.- se puso a mi lado y se llenó un vaso con leche, cogió un puñado de galletas y se fue. Supuse que se volvía a la cabaña para comer allí.
Decidí escaparme después de desayunar e ir a verle. Le pedí a Tess que mantuviese a Marcos lejos para así poder hablar tranquilamente.
Llamé un par de veces a la puerta pero no me contestó nadie. Entré lentamente y comprendí porque nadie me había abierto. Oía el ruido del agua, con lo que imaginé que Zack debía estar en la ducha. Me senté en una de las camas y esperé a que saliera. Poco a poco me fue entrando el sueño y me quedé dormida.
No sé que pasó, pero cuando desperté le tenia a mi lado acariciándome el pelo, y había pocas cosas que me gustasen tanto como eso.
- ¿Qué estas haciendo aquí?
- Vine para hablar contigo.
- Solo si prometes no irte corriendo.
- Lo prometo.
- ¿Has cambiado de idea?- negué con la cabeza.
- Siento lo de anoche, pero es lo que siento. No creo que vaya a salir bien lo nuestro, y no es que sea por ti, soy yo.
- Pero si no has echo nada...
- Ya pero tengo miedo. Me asusta lo que pueda pasar. No me parece seguro enamorarme.
- Es tarde para eso.
- Lo sé, y desearía no estarlo. Todo esto viene porque Néstor me dijo que aunque quisiera mucho a su novia, Tess era muy importante, que le había dado cosas que su novia no había sido capaz de darle. No quiero que eso nos pase a nosotros.
- No tiene porque pasarle a todo el mundo.
- Pero no lo sabemos seguro y no me quiero arriesgar.
- Sigo sin comprender.
- No quiero perderte. Me moriría si eso pasara.
- No digas eso.
- Es la verdad. Quiero que seamos amigos y que tengamos nuestras relaciones.
- Yo no quiero estar con nadie que no seas tú.
- Haz esto por mí. Quizá más adelante me sienta preparada, pero no ahora... no contigo.
- ¿Y con otro sí?
- A ver si entiendes esto. Pase lo que pase entre nosotros, nunca amaré a nadie como te amo a ti.
- Déjame besarte una última vez.- yo seguía tumbada en la cama, y él estaba a mi lado apoyado sobre su brazo. Se fue acercando lentamente a mí y me besó. Sentí sus manos recorriendo mi cintura, mis caderas, los brazos. Nos desnudamos mentalmente pero no llegó a ocurrir nada entre nosotros. Por desgracia, en algún momento entró nuestra profesora y nos invitó a volver a casa antes que a los demás.
A la semana siguiente cuando entramos a clase, todo el mundo estaba al corriente, y aunque era una situación bastante incomoda pudimos sobrellevarlo hasta que más o menos la gente lo dio por olvidado.
Nuestra relación no avanzó. Éramos amigos e hicimos como si nada hubiese pasado. Tuvimos nuestras relaciones, tal y como acordamos, bueno al menos yo las tuve. Nunca vi a Zack con ninguna otra chica que no fuese yo, hasta que le vi con Sophie, que fue dos días antes de irme a Italia. A veces nos juntábamos unos cuantos y hacíamos escapadas por ahí u organizabamos algún viaje al que siempre nos apuntábamos.
Néstor y Tess hablaron por fin y dieron su relación por terminada. Ahora son grandes amigos y seguramente el año que viene iremos de boda porque su novia se ha quedado embarazada y es bastante tradicional en ese aspecto.
Ah! Al final tuve que invitar a cenar a Tess, por lo de la apuesta.
Finalmente Zack se fue a dormir. Hubiese querido volver atrás y haber echo las cosas bien, pero estaba cansado y no quería pensar más en ello.
Yo también había recordado aquellos tiempos, solo que en sueños. Viví de nuevo cada experiencia, cada sentimiento, cada risa o lágrima. Era una parte de mi vida que quería dejar atrás pero que sin embargo estaba demasiado presente en mi cabeza.
Me pregunté cuanto tiempo me duraría aquel sentimiento, si algún día desaparecería o si de algún modo conseguiría mantenerlo en coma.
Beth y yo nos pasamos la noche entera escribiendo algunos de los cuentos en borrador.
A la mañana siguiente cuando me trajeron el desayuno casi no podía abrir los ojos. Prácticamente le supliqué a la enfermera que me dejase en paz. Los entreabrí al ver que no había forma de hacer que desapareciera y me dejase dormir y vi a Beth dormida en el sofá microscópico que había en aquella habitación.
- Beth, despierta- como tenía que ir urgentemente al cuarto de baño, la sacudí un poco del brazo.
- Déjame cinco minutos más mamá por favor.
- Menuda estás echa. Levántate de una vez.- está vez la sacudí más fuerte.
- ¡Joder Alex! Menudo susto.
- ¿Por qué no te vas a casa a descansar un poco?
- Que va. Voy a llamar a Josh para que traiga el papel y te ayudaré a pasar los cuentos a limpio.
- Me sabe mal. Apenas has dormido.
- Tu tampoco. Desayuna algo que mientras tanto yo iré a por un café.
- De acuerdo.- puedo jurar que lo intenté, pero la comida del hospital estaba malísima y no había quien se comiera aquello. Cuando vino el médico a verme, arqueó la ceja al ver que apenas había probado bocado.
- ¿Te encuentras mal?
- Estoy muerta de sueño, pero me siento bien.
- ¿Entonces porque parece que hay más comida de la que te han traído?
- He intentado comérmelo, pero es imposible.
- Pues inténtalo con más ganas. Tienes que comértelo o no te moverás de aquí.
- Pero...
- Nada de excusas. A comer- conseguí comérmelo todo sin echarlo. Hubiese sido más fácil si el doctor no se hubiese quedado allí para asegurarse de que no quedaba nada en el plato.
- Se acabó. Me lo he comido- estaba impaciente por ir a darme una ducha y de paso enjuagarme la boca. No había modo de que se me quitase el sabor de aquel zumo y de las tostadas con jamón que había ingerido obligada.
- Así me gusta.- se acercó a mi para apartarme la bandeja y poder examinarme.- Abre la boca.- odiaba aquellos palos de madera, me daban ganas de devolver, y era lo último que me faltaba después de haberme comido aquel desayuno tan asqueroso. Cuando por fin me lo quitó de la boca, cogí la botella de agua que había en la mesita y bebí para evitar que saliese el desayuno y la cena del día anterior de mi boca.
En definitiva, me hizo un par de observaciones más y cuando acabó me sonrió.
- No ha sido para tanto.
- ¿Cuándo podrá darme el alta?
- Esperemos un poco más. Tendrás que comer aquí al menos un par de días más y ya veremos.
- Pues que despidan al cocinero- el médico rió a carcajadas. Parecía sincero.
- Eres la mejor paciente que he tenido en mi vida, y te voy a echar de menos cuando te vayas.
- Bueno, al igual vengo a visitarle algún día y nos vamos a tomar un café. Siempre y cuando sea fuera de estas paredes.
- Te tomo la palabra- poco después se marchó y yo me quedé pensativa.
Me pregunté si estaría casado, aunque no me había parecido verle ninguna alianza. Me pregunté también que debía hacer cuando salía del hospital. Me caía simpático.

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