- ¿Quieres algo más para desayunar hijo?
- No. Gracias mamá.
- ¿Te ocurre algo? Apenas has probado las tortitas y te encantan- Max no respondió.- ¿Tienes algún problema con Alex?
- No es nada mamá. No te preocupes.
- Está bien. No insisto.
- Se me ha ocurrido algo. ¿Qué te parece si vienes con Meredith y conmigo a verla al hospital? Quiero que mi novia conozca a la madre más encantadora del mundo.
- Maxwell... no digas estas cosas que me sonrojo enseguida.
- ¿Qué me dices? ¿Te animas?
- Me animo.
- Perfecto. Ves a vestirte que yo termino de recoger la cocina.- Clarise estaba muy orgullosa del hombre gentil y bueno en el que se había convertido su hijo. Desde que su marido les abandonó, Max se había convertido de la noche a la mañana en la persona que cuidaba de ellas, incluida la abuela. Era un chico estupendo y ella, como madre, esperaba que yo no le hiciese daño, sobretodo porque nunca le había visto tan enamorado de nadie. Sentía mucha curiosidad hacía mi. Hacía apenas unas semanas que Max y yo nos conocíamos y todo estaba yendo muy deprisa. Temía que si todo terminaba, la caída sería más dolorosa.
- ¡Tachan!- Meredith había terminado de vestirse. Esperó a que su madre terminara para peinarla y luego irse los tres.- Alex te va a encantar. Ya lo verás mamá.
- ¿Has cogido su regalo?
- No. Se lo daré en su día.- miró a su hermano y después le preguntó.- ¿Cuándo dejaran que se vaya a casa?
- No lo sé. Quieren asegurarse de que no haya alguna posible secuela.
- Alex es fuerte.
- ¿Sabes lo que me dijo cuando despertó?
- ¿Qué?- la madre escuchaba atentamente, supongo que para tener alguna opinión sobre mi.
- Que mientras estaba inconsciente, oía todo lo que le decíamos, y que escuchó cada uno de tus cuentos.
- ¿De verdad?- la niña abrió los ojos como platos.- ¿Y le gustaron?
- Le encantaron y me dijo que tenía muchas ganas de verte.
- Yo también. La he echado mucho de menos.- Clarise se preguntó que debía tener yo de especial para que incluso Meredith me apreciara tanto. La niña nunca había soportado a ninguna de las otras novias de su hermano. Conmigo era distinto. Max llamó a la puerta antes de entrar para avisarme que venia acompañado, así que escondí lo que estaba preparando para su hermana y después entraron. Beth se había ido finalmente a descansar, y Josh me había llamado para decirme que haría lo mismo y que más tarde pasaría a verme para enseñarme la portada y algunas hojas por si me gustaban. Mis padres también llamaron para decirme que vendrían antes de la hora de comer.
Meredith corrió hacia la cama para abrazarme antes de que pudiese hacerlo su hermano.
- Buenos días preciosa.
- Cuanto me alegro de que ya estés bien.
- Muchas gracias. Me ayudó mucho que me fuerais hablando mientras estaba dormida- sentía la mirada de la madre de los chicos observando cada uno de mis movimientos y prestando atención a lo que me decía, así que me volví hacía ella.- ¿Es usted su madre?- asintió.- Tiene unos hijos increíbles.
- Eres muy amable.- no sé muy bien como fue, pero algo hizo que se acercara a mi y me besara en la frente. Podía ver en sus ojos que incluso ella estaba sorprendida, por no decir que los otros dos también lo estaban, pero ninguno de ellos dijo nada. Conocían esa sensación.- ¿Qué te ha dicho el médico?
- Vino a verme esta mañana y me obligó a comer- les conté mi experiencia con el desayuno y los tres se rieron. Vi la cara de Clarise que parecía confundida, así que le pedí a Max si podía ir a comprarme un batido de la máquina y no sé si adivinó mis intenciones, pero se llevó a Mer con él.
- ¿Le has pedido que saliese de la habitación por algo?
- En realidad si. ¿Está usted bien?
- Lo estoy. Me siento muy tranquila, como nunca antes lo había estado. Los hospitales siempre me han puesto nerviosa, y lo he estado hasta que he entrado en la habitación.
- Eso no es malo.
- No, pero es muy raro. Creo que eres tu la que hace que sea así.
- No es usted la primera que me dice eso.
- Te pido por favor que me tutees. Sé que no sirve de mucho pero así no me siento tan mayor.
- Lo intentaré.- a pesar de sentirse tranquila allí conmigo, noté que había algo que seguía preocupándola.- Sé que no me conoces, y debe ser un poco extraño que en tan poco tiempo tus hijos me aprecien tanto y que Max se haya enamorado de mi, pero a mi me pasa igual. No entiendo como nos ha pasado esto y me asusta que no pueda funcionar, pero mis padres me enseñaron a afrontar todo aquello a lo que temía. Si Max y yo no lo intentamos, nunca sabremos si podía haber salido bien.
- No quiero juzgarte Alex. No esperaba que fueras así, de echo te imaginaba echa una niñata, y por eso me extrañaba que Mer pudiera apreciarte, pero cuando te he visto todos mis temores han desaparecido, y la idea de que estés con mi hijo me hace muy feliz.
- ¿Puedo pedirte algo antes de que vuelvan?
- ¿Necesitas algo?
- Un abrazo- Clarise me abrazó como lo habría echo mi propia madre, y era justo lo que esperaba de ella. Cuando Max y Meredith volvieron, nos encontraron a ambas riéndonos de algunas anécdotas de cuando Max era pequeño.
- Tenias que haberle visto vestido de príncipe y montado en una especie de caballo de cartón.
- ¿Así que ya de pequeñito ibas rescatando princesas?
- No. Siempre mataba al dragón pero después no había nadie que me esperara en lo alto de la torre.
- Ahora si lo hay...- era consciente de que me había sonrojado, mientras que él no apartaba sus ojos de mi, Mer y Clarise reían por lo bajito.
- ¡Buenas!
- Por favor doctor, dígame que ha cambiado de opinión y que puedo hacer las maletas ahora mismo.- pero no me escuchaba. Miré hacía donde él lo hacía y vi que miraba a la madre de los chicos.
- Jack...- Max y yo nos miramos. Se conocían.
- Clarise, ¿qué haces tu aquí?
- He venido a conocer a la novia de mi hijo- y de pronto, volvimos a ser visibles.
- ¿Ellos dos son tus hijos?- le preguntó señalando a Max y a Mer.
- Si.
- Vaya... por un momento olvidé que estas casada.
- Ya no.- ¿Fueron imaginaciones o parecía que la noticia le alegraba?
- Perdón, ¿os conocéis?- Max estaba intrigado.
- Si. Jack y yo íbamos juntos al instituto. Cuando me quedé embarazada de ti dejé los estudios, pero cuando pude retomarlos, nos encontramos de nuevo.
- Si que me suena que cuando volvías de trabajar te ponías a estudiar conmigo.
- ¿Llegaste a sacarte la carrera?- Jack parecía muy interesado. Me pregunté si había habido algo entre ellos. Me moría de curiosidad.
- No. Pero últimamente he pensado en retomarlo de nuevo.
- ¿Para que carrera estabas estudiando?
- Para maestra.
- Pues no te lo pienses. Si de verdad es lo que quieres, hazlo.
- ¿Pero, y vosotros?
- De Mer me ocupo yo, por eso no te preocupes.
- Está bien. Me inscribiré para empezar el próximo curso.- de pronto todos caímos en lo mismo. ¿Para que había venido?
- Solo he venido a decirte que tu cocinero favorito se ha ido a casa y lo están sustituyendo.
- Menos mal. ¿Qué hay para comer?
- Pasta con carne picada y tomate; pollo con verduras y helado.
- ¡Me encanta! ¿Cuántos helados puedo comer?
- No puedo entender que tengas ese cuerpo con lo que comes.
- Si usted supiera...- añadió Max.- Tendría que haber visto la tarrina de cuatro sabores que devoró hace unas semanas.
- Max dijo que parecía un dragón- rió Meredith.
- Ya os vale, estáis todos contra mi- crucé los brazos e hice pucheros.
- Cariño no te pongas así, ya sabes que lo hago para picarte.
- Bueno yo me voy ya. Ha sido una sorpresa volver a verte Clarise, y encuanto a ti jovencita, espero que hagas honor a lo que dicen de ti y te lo comas todo.- miró el reloj y añadió.- Me escaparé cinco minutos para ir a tomarme un café.
Cuando salió de la habitación nos quedamos todos en silencio. Miré a la madre de Max y parecía que tenía la cabeza en otro sitio. Sabía lo que quería decir aquello.
- Clarise, ¿por qué no vas a tomarte algo? Te irá bien si tan nerviosa te ponen los hospitales.- ella me miró y comprendió porque lo decía.
- Creo que es una buena idea. No tardaré- prácticamente salió volando de la habitación.
- Vaya, si que tenía ganas de salir de aquí.
- Yo estaría igual- como me miró con cara de sorprendido se lo aclaré.- Si me pone nerviosa un sitio y tengo la oportunidad de salir de él, lo hago.
No sé si mi respuesta le convenció, pero el caso es que cambió de tema radicalmente y nos pusimos los tres a hablar de las cosas que nos gustaban, películas que nos gustaría ver y esa clase de cosas en las que Meredith pudiese participar.
Clarise entró de sopetón en la cafetería del hospital y buscó a mi médico con la mirada.
Le encontró sentado solo en una mesa, rodeando el vaso de café con un dedo. Clarise sabía lo que aquello significaba. Jack solo hacía eso cuando necesitaba pensar. No pudo evitar sonreír. Era como volver de nuevo al instituto.
Se acercó lentamente y cuando él levantó la vista para mirarla se quedó sin habla.
- ¿Te importa si me siento contigo?
- Claro que no. ¿Quieres tomar algo? ¿Un café? ¿Chocolate?
- No te preocupes por mí. No me apetece nada.
- ¿Entonces a que has venido?
- Vine a verte. Me preguntaba si querrías que nos viésemos algún día fuera de este lugar.
- ¿Te refieres a una cita?- preguntó emocionado.
- Me siento como una chiquilla de nuevo, pero si, digamos que podría ser
una cita.
- Ahora tengo que irme, pero te llamaré- se levantó, besó a Clarise en la mejilla y se fue.
Cuando la madre de Max regresó a la habitación, apenas nos habló. Entre los tres intentamos hacerla hablar, pero no conseguimos nada.
- Mamá, ¿qué te pasa?
- Tengo la cabeza en otro lado.
- ¿Por qué no te vas a casa y descansas un poco?
- Yo iré contigo mamá. Alex- dijo volviéndose hacía mi.- vendré a verte mañana.
- Tienes razón. Debería ir y de paso ver a la abuela- besó a su hijo y después se acercó a mi para besarme en la mejilla.
- ¿Quieres que le diga algo?- le pregunté antes de que se marchara.
Clarise se volvió hacía mi y me sonrió. No hacía falta que respondiera. Algo quedaba en el aire, ¿pero el que?
Clarise lo sabía. ¿Cómo iba a llamarla Jack, si no se había molestado en pedirle el número de teléfono?
Claro que como Max iba todos los días al hospital, podía pedírselo a él. Quizá solo se le había olvidado. Pero, ¿y si lo había dicho por decir?
Se obligó a si misma a no pensar en más en aquello. Cogió a Meredith de la mano y regresaron a casa.
Max se quedó a solas conmigo hasta que a media mañana aparecieron mis padres.
Beth y Josh llegarían dentro de poco rato y mis padres estaban empeñados en ir a buscar algo para comer y comérselo allí conmigo. Menos mal que pude convencerles de que cambiasen los planes y se marcharan a la cafetería o a algún restaurante.
- ¿Cómo has pasado la noche cariño?
- He dormido poco, pero bien. He aprovechado la noche mamá.
- Eso parece. Tu hermana y Josh aun seguían durmiendo cuando nos hemos marchado.
- ¿Se puede saber que habéis hecho toda la noche?
- Están ayudándome con el regalo de Meredith.
- Debe ser algo especial si no me lo puedes contar.
- Será una gran sorpresa. Es lo único que puedo deciros.
- Está bien. Nos vamos a comer. ¿Te vienes con nosotros Max?
- Claro, pero si no les importa bajaré dentro de un rato. Antes quiero hablar un poco más con Alex.
- Te esperamos abajo.
- Hasta ahora.- cuando mis padres se marcharon esperé a que Max me dijese que era lo que quería decirme.
- ¿Y bien? ¿Pasa algo?
- He estado pensando mucho yo también durante esta noche pasada, bueno y mientras estabas inconsciente.
- ¿Qué has pensando?
- Que quiero hacerte el amor nada más salir de aquí.- le miré alucinada. Me esperaba cualquier cosa excepto eso.- A lo mejor te parece precipitado, pero no quiero que nos pase lo mismo que os pasó a Zack y a ti. Si lo nuestro se acaba alguna vez quiero estar seguro de que te lo he dado todo.
- Y de que yo te lo he dado a ti, ¿no?
- Eso es.
- Yo también quiero hacerte una pregunta. No tiene nada que ver con lo que estamos hablando pero siento curiosidad.
- ¿Y que es?
- ¿Por que apenas me hablas de ti?
- Te he contado cosas.
- Si, pero yo te he contado más cosas de mi que al revés.
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Siempre estás disponible? ¿No tienes ningún trabajo? ¿No estudias?
- Acabé el instituto y he tenido algún que otro trabajo de verano pero he llegado a un punto que quiero estar con mi hermana, tener novia y pasármelo bien. He crecido cuidando a mi hermana, y no es que me queje porque me encanta estar con Meredith, y no cambiaría nada de lo que he vivido por nada del mundo, pero quiero vivir mi vida, y quiero que tú formes parte de ella.
- No se que decir. Me has dejado sin palabras, y mira que para dejarme sin palabras a mí...- ambos sonreímos.
- ¿Te molesta que te lo haya dicho?
- Para nada. La sinceridad es lo primero para que una relación funcione.
- Estoy de acuerdo.- se acercó a mi para besarme justo en el momento en que me traían la comida.- Será mejor que vaya con tus padres. No quiero que piensen que les he dejado abandonados.
Max se fue poco después que la enfermera. Recé para que la comida fuese comestible. Cerré los ojos mientras destapaba la bandeja. Dejé la tapa a un lado, abrí un ojo y después el otro. Para mi sorpresa, aquello olía de maravilla y el aspecto era aun mejor. Estaba emocionada. Si el sabor era igual de bueno, no volvería a quejarme hasta que me diesen el alta.
Enrollé los tallarines con la ayuda de una cuchara y me los llevé a la boca. Estaban en su punto, tal y como a mi me gustaban. No recordaba haber comido tan bien desde hacía tiempo.
Cuando Jack vino a verme más tarde, miró atónito la bandeja. No había dejado nada. Incluso el pollo estaba buenísimo, y el helado... no tenía palabras.
- Deberíamos quedarnos con está cocinera, ¿no crees?
- Estoy completamente de acuerdo. Estaba delicioso.
- Me alegra que te haya gustado.
- ¿Ha comido usted ya?
- No he tenido tiempo. Picaré algo más tarde.
Se veía desde lejos que no parecía el mismo. Había algo distinto en su mirada, algo que todos conocemos.
- ¿Puedo preguntarle una cosa?
- Adelante.
- ¿A usted le gusta mucho la madre de Max verdad?- me miró de un modo que me hizo comprender que si volvía a tratarle de usted no me daría el alta en la vida.
- Quizá no debería decirte esto, pero siempre he estado enamorado de ella, desde que la conocí.
- ¿Y nunca pasó nada entre vosotros?
- Nunca me atreví a confesarle lo que sentía por ella. Quise hacerlo, pero entonces se quedó embarazada, después se casó y desapareció de mi vida.
- Pero volvió de nuevo.
- Pero seguía casada y luego tuvo a la niña.
- Y desapareció, hasta hoy.
- Eso es.
- ¿Sigues enamorado de ella?
- No lo sé. Ahora mismo hay una cantidad de sentimientos en mi interior que necesito analizar.
- ¿Quieres mi opinión?
- Claro, ¿por qué no?
- A mi me parece que le gustas mucho, pero no tuvo oportunidad de demostrarlo.
- ¿Ella te ha dicho eso?
- No es necesario. A veces se entiende mejor a las personas cuando no dicen nada.
Jack se quedó un rato más hablando conmigo y después se marchó. No estuve mucho rato sola, pues Beth y Josh aparecieron de golpe.
- Sé sincera conmigo y dime si te gusta- dijo Josh cuando me mostró lo que había echo durante toda la noche.
- Dios mío, es increíble. Me encanta.
- ¿Lo dices en serio?
- Por supuesto. Gracias por esto.
- No tienes que dármelas. Lo he hecho encantado, de verdad te lo digo.
- ¿Podrás prepararme más hojas? Esta noche quiero empezar a pasarlo a limpio.
- Eso me recuerda que ese señor tan amable de la librería me ha dado esto para ti.- sacó de la bolsa donde llevaba todas las cosas una caja de madera. La abrí y contenía una pluma y una nota. Decía así: << Ahora que has recuperado parte de los recuerdos, es hora de que dejes que el papel refleje cada una de las historias pasadas. Espero que te guste. Máximo>>
Me cubrí la boca con ambas manos. No podía haberme regalado nada mejor.
- ¿Y bien? ¿Por qué no nos cuentas toda la historia de cómo conociste a Alex?- mamá no pudo resistirse. Se moría por conocer todos los detalles. Además, Max le gustaba como persona.- No olvides ningún detalle.
- No hay mucho que contar. No hace mucho que conozco a Alex, pero lo que siento es sincero.
- Mi flechazo con Hannah también fue al momento y llevamos casados veintidós años.
- Antes de conocerla, no pensé en que esto pudiese suceder. No tenía planes de enamorarme así de nadie y siempre lo he planeado todo para que fuese perfecto.
- El amor no se planea. Uno se guía por su corazón, sobretodo en estos casos.
- Es increíble. Alex cuenta maravillas sobre vosotros. Os tiene en un pedestal. Puedo decir incluso que os admira.
- Pasamos por muchas cosas antes de poder casarnos. No fue fácil, pero merece la pena por luchar por alguien que te hace temblar.
- ¿Aun te pasa eso conmigo, Jason?
- Si. Voy a cumplir cincuenta y parece que tengo quince.
- ¿Tan difícil fue para vosotros?
- Deberías pedirle a Alex que te cuenta la historia.
- Tess me dijo lo mismo. ¿Por qué es tan importante que sea ella quien me la cuente?
- Porque le encanta hacerlo y a nosotros nos gusta que lo recuerde. Conocer esa parte de nuestras vidas la hizo crecer como persona y le enseña a no rendirse.
- Está bien. Voy a contaros como fue todo…
Cuando Max y mis padres regresaron de la cafetería me miraron con curiosidad. Había algo diferente en mi, algo que solo podían ver aquellas personas que me conocían. Tess y Luke hicieron su aparición a media tarde y también percibieron algo, pero ¿qué era?
- Algo me dice que no tardaré en salir de este hospital.
- ¿Y sabes eso después de tocar esa pluma?- preguntó Josh lleno de curiosidad.
- Si.
- ¿Cómo es eso posible?
- Simplemente lo sé. Ya lo veréis.
Sabía que ninguno de ellos me creía, pero yo estaba convencida de que tenía razón, mi corazón me lo decía, y eso para mi era suficiente.
A media tarde, cuando ya había anochecido, Tess se quedó a solas conmigo.
- ¿No te sientes algo vacía?
- Un poco si, pero no quiero que se den cuenta.
- ¿Es por Zack?
- Supongo que en parte si. No puedo evitar preguntarme que habría pasado si no llego a conocer a Max. Si le habría perdonado, o si aun sentiría según que cosas por él.
- Yo creo que no hubieseis salido adelante de ningún modo.
- Tienes razón.
El timbre de la puerta no dejaba de sonar. Quien fuese que estaba al otro lado, parecía que no tuviese intención de marcharse a ninguna parte hasta que él no abriera la puerta.
Intentó levantarse de la cama, pero se notaba el cuerpo dolorido, además apenas había pegado ojo en toda la noche recordando los viejos tiempos.
Finalmente sacó fuerzas para poner un pie en el suelo y conseguir mantenerse de pie.
Arrastró los pies hasta la puerta y la abrió. Se encontró cara a cara con Sophie.
- Dios mio, que mala cara tienes.
- No se puede decir que tú estés mucho mejor.
- Zack, tenemos que hablar. Quiero que me aclares de una vez que sientes por mi.
- No sé que decirte. Ahora mismo desearía estar durmiendo y no despertar nunca más.
- No todo lo que se desea se cumple.
- Pasa- se hizo a un lado y la chica entró. Esperó a que él cerrara la puerta y la condujera hasta el sofá.- ¿Quieres tomar algo?
- No. Estoy bien.
- Vale.- se sentaron frente a frente esperando a que el otro hablara.
Sophie fue la que primero se rindió. No podía soportar el silencio incomodo que se producía algunas veces entre ellos.
- No quiero presionarte pero necesito saberlo.
- No puedo contestarte ahora. Tengo la cabeza echa un lío y ahora no me siento yo mismo.
- Tengo que saberlo.
- ¿A que viene tanta prisa?
- Si no quieres nada conmigo desapareceré de tu vida y tendrás un problema menos del que preocuparte.
- ¿Pero que dices?
- Lo que has oído. Si no me quieres me olvidaré de ti y ya está.
- Dame algo de tiempo.
- Mañana quiero una respuesta. Si vienes a casa, estaremos juntos. Sino, te dejaré tranquilo. Es así de fácil.- se levantó y no esperó a que él la acompañara a la puerta.
De camino a su casa deseó que Zack fuese al día siguiente a verla. No sabía que hacer si él no aparecía. Deseó tener más confianza en si misma. Deseó no quererle tanto o que él la quisiera más.
- ¿Entonces por que parece que te sigue preocupando?
- Porque Zack no quiere verlo. Y eso solo conseguirá hacerle más daño.
- Quizá no es un buen consejo el que voy a darte, pero deberías llamarle.
- ¿Para qué?
- Para saber si está bien o no.
- Alcánzame el teléfono.- al principio me temblaban las manos a la hora de marcar, pero fue aun peor cuando dio señal.
- ¿Quieres que te deje sola?- negué con la cabeza.
- ¿Diga?- su voz sonaba triste, cansada. Sentí como las lágrimas venían a mis ojos y resbalaban una a una por mis mejillas.
- Soy yo.- Zack se incorporó de golpe de la cama en la que llevaba prácticamente todo el día tumbado para pellizcarse.
- ¿Alex, estás bien?
- Si, es solo que no he podido contenerme- me sequé las lágrimas con la manga del pijama.- ¿Tu estás bien?
- No, no lo estoy- aquello era peor que el echo de que me mintiera. ¿Significaba que seguía creyendo que debíamos estar juntos?- No dejo de pensar en porque te deje marchar. Porque no fui más fuerte; porque no fui a buscarte; porque...
- Déjalo ya. No se puede retroceder en el tiempo.
- Eso es lo que llevo haciendo yo desde que volví. He recordado muchas cosas de las que hemos vivido juntos.
- Yo también. El campamento, las escapadas a la nieve, las visitas a medianoche.
- Nuestra cascada...
- Quiero que volvamos a ser amigos.
- ¿Sin sentimientos de por medio?
- Solo amistad.
- ¿Por qué?
- Porque es el único modo en que funcionamos bien. Como amigos éramos uno solo. Como pareja, éramos un desastre.
- Tienes razón. Lamento si te hice daño.
- Y yo lamento que no haya funcionado.
- No te preocupes. Estaba destinado a ocurrir.
- Aparte de lo evidente, ¿te pasa algo más?
- Sophie quiere saber que siento por ella. Me ha dado tiempo hasta mañana para que le dé una respuesta.
- ¿Y ya has tomado una decisión?
- No estoy seguro. Es como si hubiesen dos caminos. Algo me dice que vaya al de la derecha y estar con Sophie, y el otro me dice que lo mejor es estar solo.
- ¿Y de cuál te fías?
- De ninguno. ¿Qué crees que debería hacer?
- No puedo ayudarte en eso cariño. Es una decisión que deberás tomar por ti mismo.
- ¿Y si me equivoco?
- Si sigues lo que te dice el corazón, no puedes equivocarte.
- Siempre te voy a querer.
- Yo también a ti. Pase lo que pase....
- ... nunca podremos querer a nadie como nos hemos querido nosotros.- terminó mi frase. Me sentía orgullosa y feliz. Zack saldría adelante, y lo más importante, no estaría solo.
- Exacto.- hablamos durante un rato más. Hacía poco que Tess había salido de la habitación al ver que ya no lloraba. Tenía ganas de hablar con Max y contarle lo ocurrido.- ¿Me irás llamando, verdad?
- ¿Acaso lo dudas?- conseguí que se riera, y sabía que lo hacía de corazón y no para que no me preocupase. Podía percibir cuando alguien me mentía en esos aspectos.
Colgamos al poco rato. Ya me sentía mucho mejor y sabía que después de hablar conmigo, Zack también.
Después de colgar, se quedó pensativo. ¿Y la única manera de olvidarse de mi era estando con Sophie? ¿Podría llegar a ser feliz alguna vez? Solo había un modo de averiguarlo.
Aproveché mientras pude de mi soledad en la habitación para pensar en la conversación que acababa de tener.
Max no tardó en aparecer, pero para entonces yo ya estaba que me caía de sueño y me dormí.
Él se sentó a mi lado y me besó.
- No sabes cuantas veces desee poder ser así de feliz. Encontrar a alguien que no solo me amase a mí, sino también a los míos. Ojalá tengas razón y salgas pronto de aquí. Necesito llevarte lejos de estas cuatro paredes. Quiero darte tantas cosas. Enseñarte todo lo que te has perdido mientras has estado en este hospital.
- Max, ¿podemos hablar?- Luke se asomó al ver que Max tardaba en salir.
- ¿Te pasa algo? Pareces preocupado.- el chico entró en la habitación y habló bajito para no despertarme.
- Es Tess. Aun no me ha dicho nada sobre lo de quedarse a vivir aquí.
- Pero tampoco habla de marcharse.
- Quizá no quiere preocuparme.
- ¿Y por que no hablas con ella?
- Porque pensará que la presiono y eso es lo último que quiero.
- ¿Y que vas a hacer?
- No lo sé.
- Esto no es normal en ti. ¿Cuándo has dudado?
- ¿Y tu? Mírala.- señaló hacia mi.- Alex te quiere. Lo ha pasado mal. El amor de su vida la engañó, y es contigo con quien quiere estar.
- ¿Qué tiene eso que ver? Yo también quiero estar con ella.
- ¿Entonces por que dudas aun? Su ex se ha ido y tu sigues temiendo que se la lleve con él.
- Si, lo sé. No sé porque dudo, pero me aterra perderla.
- Del mismo modo que yo temo perder a Tess.
- ¿Y ahora qué?
- Vamos a la cafetería. Necesito un café.
- Yo invito.- cuando cerraron la puerta tras ellos, me incorporé. No podía creer lo que acababa de oír. ¿Cómo podía ser que Max aun dudara? No sabía que hacer o si decirle que les había escuchado.
Me levanté de la cama, y me fui al cuarto de baño. Me quité la ropa y me di una ducha. Debía pensar que hacer o como actuar.
Conocer sin querer como se sentía Max me había echo reaccionar de un modo extraño. Que no estuviese seguro de lo nuestro podía significar que no confiaba en mí, y entonces ¿qué sentido tenía quedarme?
La ropa que llevaba el día que me ingresaron seguía allí, dentro del armario. Jack entró cuando terminé de vestirme.
- Alex, ¿a dónde vas?
- No puedo quedarme. Tengo que irme.
- No te puedes ir del hospital sin que yo te dé el alta- me volví hacia él con lágrimas en los ojos.
- Bueno entonces dámela.
- ¿Qué tienes?- se me acercó y me cogió de los hombros.- ¡Alex!
- Quiero irme de aquí. No aguanto más.
- Ven, vamos.
- ¿A dónde?
- Iremos a dar una vuelta.- le seguí hasta el ascensor y después hasta el patio trasero del hospital. Nos sentamos en un banco y esperó pacientemente hasta que empecé a hablar.
- Max no confía en mí- sentía la mirada de Jack sobre mí. Podía sentir su compasión y no lo soportaba.- Le escuché hablando con Luke y decía que seguía temiendo que mi ex novio consiguiera llevarme con él.
- Tener miedo no es malo.
- Pero desconfiar de la persona que quieres y que te quiere si.
- Deberías hablar con él antes de salir corriendo.
- ¿Y que le digo?
- La verdad. Dile como te sientes y que les oíste.
- ¿Sabes? Quizá deberías seguir tus propios consejos para empezar.
Nos quedamos allí un rato más. Vimos pasar a la gente, intentando no pensar en nada.
Ambos debimos percibirlo, pero no lo hicimos. Teníamos demasiadas cosas en las que pensar como para darnos cuenta de que alguien nos miraba.
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