jueves, 1 de diciembre de 2011

Capítulo 05

Mientras esperaba fuera, Tess y Luke le contaron a Max como había sido el viaje de ida al hospital con toda la familia.
- Alex se alegraría mucho de verles. Hemos hablado con ellos todos los días, pero no es comparable a esto. Ojalá no estuviesen tan lejos.
- ¿No habéis pensado nunca en dejarlo todo y volver?- Luke miró a su amigo por si se había vuelto loco. ¿Cómo se le ocurría decir aquello? O peor aún, ¿y si realmente nos lo habíamos planteado?
- Muchas veces, sobretodo al principio, pero ahora es distinto. Hay otras personas en nuestras vidas y si nos fuésemos de Italia, una parte de nosotras se quedaría aquí.
- ¿Alex piensa como tú?
- Pensé que a estas alturas, sabrías que lo del trabajo en la librería no fue lo que la hizo decidirse del todo a quedarse. Ni tampoco su ruptura con Zack. Deberías saber lo que siente por ti.
- ¡Tess!- finalmente hizo su aparición. Aun no podía creer que no le hubiesen visto en el aeropuerto, o lo más increíble, que no viese a mi familia en el avión.
- Pensé que no llegarías.
- ¿Sigue igual?
- Si. Su familia está dentro con ella.- fue entonces cuando los otros dos se hicieron visibles.
- Perdonad. Soy Zack, el novio de Alex- ¿Mí novio? ¿Desde cuando?
Estaba claro que la altitud le había afectado las neuronas.
Max pensó que se volvía loco al estrecharle la mano. Tuvo que contenerse para no decirle que mi novio era él.
Zack sintió cierta tirantez con él, pero pensó que era porque sabía lo ocurrido y se portaba como un amigo protector.
En aquel momento, mi familia salió de la habitación. Se alegraron mucho al verle. Obviamente ninguno sabía nada de lo ocurrido.
- Pasa a verla cielo- le dijo mi madre- seguro que le hace bien que estés con ella- pobre mamá, no tenía ni idea, o eso creía yo. Más tarde descubrí que el único bien que me hizo verle fue para comprender que con quien deseaba estar era con Max, y que eso era lo que pretendía mi madre.
- Gracias.
Max se puso justo al lado de la puerta, que quedó ajustada, apoyándose en la pared para así escuchar lo que fuese que me dijese Zack.
Se acercó lentamente a mí y me apartó el pelo de la cara.
- ¿Cariño? ¿Puedes oírme?- esperó a que le contestara, lo cual no sucedió, y siguió hablando.- ¿Por qué no me dices nada? Dime algo, lo que sea. Gritame, pegame, lo que sea… pero despiértate Alex, por favor.- Me cogió la mano para acariciármela, y acarició mis labios para después besarlos.- Te quiero mi vida. Siempre te he querido. Tienes que despertar. Sé que he sido un imbécil- por lo menos lo reconocía- pero te prometo que las cosas van a cambiar, que voy a hacer lo que sea para que lo nuestro funcione.- supongo que al ver como Max apretaba los puños y tenia los ojos llorosos le indicó a mi familia que no solo era mi amigo.- ¿Recuerdas todas las cosas que nos pasaron cuando íbamos a clase? Ojalá hubiese sido más listo entonces para convencerte de que debíamos estar juntos.
Mi hermana fue la primera en acercarse a Max. Solo tenía quince años pero siempre fue más perspicaz de lo que todo el mundo creía. En eso había salido a mi madre.
- ¿Así que por fin ha encontrado a su príncipe?- Max la miró a los ojos y asintió.- ¿Entonces por que te quedas ahí sin hacer nada?
- ¿Y que puedo hacer?
- Quizá deberías empezar por decirle lo que sientes.
- ¿Y si ella no siente lo mismo?
- Si no fuese así, ya no serías su príncipe. Piénsalo...- Beth no descansaba hasta que decía todo lo que pensaba.
- Lo haré...- se apartó de la puerta y dijo a Luke y a Tess que iba a buscar a su hermana para que viniese a verme. Cuando Max desapareció, Tess no tuvo más remedio que contar toda la verdad a mi familia. Nadie mencionó nada cuando Zack salió de la habitación. Pensaron que era algo que yo misma debía resolver, en el momento en que despertara, aunque mi padre se moría de ganas de atizar a Zack. Mamá, Beth y yo éramos intocables.
Una media hora más tarde, Max regresó con su hermana de la mano. Les presentó a todos. Por el camino le había pedido que por nada del mundo mencionara que él y yo estábamos juntos. Le explicó porque y a pesar de que no lo comprendía, aceptó. Entraron en la habitación y Mer se acercó a mí lentamente.
- Parece que está durmiendo.
- Bueno, básicamente es lo que hace. El problema es que no sabemos lo que tardará en despertar.
- ¿Crees que puede oírnos? Cuando se lo expliqué a mamá me dijo que es como cuando tienes un bebé en la barriga, que aunque no son conscientes, les va bien que se les hable, para que se acostumbren a tu voz y así reconocerte cuando salen.
- Veo que te has informado.
- Estaba preocupada por ella.
- Lo sé. Todos lo estamos.
- ¿Max?
- ¿Qué?
- ¿Ya le has dicho que la querías?
- ¿Qué sabes tú de eso?
- Mamá me dijo que nunca te había visto así por nadie que no fuese de la familia. Que ninguna de las chicas con las que has estado ha hecho que durmieras fuera de casa.
- ¿Eso te ha dicho?
- Sí, además, es la única chica con la que has estado que también me quiere a mí.
- Pero las otras también se portaban bien contigo y nos íbamos los tres por ahí.
- Sí, pero solo porque tu ibas. Alex ha sido la primera en ofrecerse a venir a verme. No le molesta que esté con ella, e incluso me dijo de irnos juntas al cine.
- Entonces, según vosotras, ¿qué debería hacer?
- Deberías ser capaz de decirle lo que sientes por ella.- parecía mentira lo
que pequeña que era y lo mayor que parecía cuando hablaba. Así era Meredith.- ¿Alex?- se sentó a mi lado en la cama y sacó un libro de la mochila que llevaba con ella.- Te he traído mi libro de cuentos favorito, y quiero leerte uno. Lo escogí pensando en ti y sé que aunque estés dormida lo escucharás y soñarás cosas lindas. Es el cuento de Cenicienta- Max la miraba desde una esquina con una sonrisa en los labios.- Había una vez, en un país muy lejano, vivía un hombre viudo con su hija. A medida que la niña crecía y se iba haciendo más y más hermosa, el padre decidió que lo mejor era volver a casarse y poder darle una madre a su pequeña. La madrastra de Cenicienta, que era como se llamaba la niña, tenía otras dos hijas de su anterior matrimonio. Cuando poco después del acontecimiento, el padre de la niña murió, la madrastra y sus horribles hijas empezaron a hacerle la vida imposible a Cenicienta. Las tres se sentían amenazadas por la belleza de nuestra protagonista y pensaron que la mejor forma de mantenerla alejada de un futuro mejor, era tratarla como la criada de la familia...
Después de que terminara el cuento, papá quiso quedarse un rato a solas conmigo. A mamá no le sorprendió demasiado. Sabía que había estado aguantando para no venirse abajo y que él único modo en el que podía desahogarse sin que ella le viese, era conmigo. Como hacía siempre que no quería preocuparla.

- ¿Alex? Es curioso que por una vez, sepa con seguridad que no vas
a discutir nada de lo que te diga. Vosotras tres lo sois todo para mí. No te rindas mi niña- solo entonces dejó salir todo el dolor y la tristeza que había dentro de él, y lo que más dolor le causaba, era que no podía abrazarle o decirle algo para que se calmara.
Max llevó a su hermana a casa y Tess y Luke les acompañaron.
- ¿Vas a volver al hospital?
- Supongo que su familia querrá quedarse con ella. Además ahora que conocen parte de la historia, no creo que le dejen quedarse a cuidarla.
- Los padres de Alex no son así. Esa clase de decisiones las dejan para su hija, y hasta que ella no despierte no podrán hacer nada. Deberías pedirle a Alex cuando despierte que te cuente la gran historia de amor de sus padres. Es increíble. Yo nunca me canso de oírla. Es como un cuento de hadas.
- A Alex le encantan los cuentos. Y a mi también.- intervino Meredith.
- Es verdad. Le gustan mucho y se sabe muchos.
- ¿Se pondrá bien?
- No lo sabemos. Solo podemos esperar Mer.
- Alex es muy fuerte. Su madre sobrevivió a muchas cosas, y ella también lo conseguirá.
Max decidió seguir hablando sobre Zack, y la impotencia que le causaba que estuviese allí.
- ¿Entonces ese tío va a quedarse con ella toda la noche?
- No lo sabemos. Quizá es lo mejor.
- ¿Pero que estás diciendo?- Luke debía estar delirando.
- Conozco a Alex bastante más que tu, y creo que le irá bien que él esté aquí para darse cuenta de que ya no hay nada que les una.
- Alex nunca dejará de querer a Zack- susurró Tess.- Él lo fue todo durante los últimos cinco años y aunque ya no estén juntos, por muy mal que te haga, siempre habrá un sitio para él en su corazón.
- Supongo que tienes razón.
- ¿Entonces que piensas hacer?
- Volveré mañana.
Max se sentó a solas en el sofá de su casa, con una taza de chocolate caliente entre las manos, mientras observaba como las llamas consumían los trozos de madera que había echado unas horas antes.
Tenía la mirada perdida y la cabeza en otro lado. Se preguntó porque la vida no se cansaba de poner obstáculos entre nosotros.
Cuando ya llevaba un buen rato allí, alguien se sentó a su lado. Se volvió con la esperanza de verme, de que todo no había sido más que un sueño, o una pesadilla, y me vio.
Abrí los labios para decirle algo importante. Quería animarle a que no se diese por vencido y cuando quiso tocarme, desaparecí, y con ello, Max despertó.
Seguía sentado en el sofá, pero el chocolate estaba frío y la madera, no era más que ceniza.
No sabía que hacer. Si se quedaba allí, recordaría las dos noches que pasamos junto al fuego. Si se iba a su habitación, nuestra primera noche juntos, así que se decidió por lo único que no tenía pensado. Durmió con Meredith.
Sin embargo había algo en lo que no dejaba de pensar. En que tal vez Zack consiguiera hacer algo que él no podía. Hacer que yo despertara.


El médico le visitó una vez más. Era la tercera vez aquel día y él no tenía ganas de ver a nadie.
No podía creer que hubiese sobrevivido y en cambio, su amigo de toda la vida no.
Fabio estaba siempre tan lleno de vida que el simple echo de saber que nunca más volvería a bromear con él, se le hacía insoportable.
- ¿Cómo te encuentras Stephan?
- Igual que hace una hora, cuando ha venido por última vez.
- Es mi trabajo asegurarme de que estás bien.
- Lo entiendo, pero sigo igual.
Jack Sullivan le miró con tristeza. No podía imaginarse como debía sentiese pero lo que estaba claro es que debía avanzar de algún modo y estar encerrado en esa habitación de hospital no era de gran ayuda.
- ¿Por qué no te pones la bata? Quiero que me acompañes a un sitio.
- ¿Dónde vamos?
- Voy a llevarte a conocer a la princesa durmiente de este hospital.
Stephan no esperó a que le contase más. Aquellas palabras habían despertado en él una curiosidad sorprendente.
Le siguió pasillo abajo, deseando llegar .
Cuando se detuvieron frente a mi habitación, Jack llamó a la puerta esperando no encontrar a nadie conmigo. Zack había bajado a la cafetería a por un café antes de volver.
Antes de entrar, Stephan detuvo a Jack.
- ¿Por qué me has traído aquí? ¿Quién es esa princesa de la que hablas?
- Entra y conócela- se hizo a un lado y le dejó pasar.
Stephan se acercó lentamente a la cama, se sentó en la silla que había junto a ella y me miró atentamente.
- ¿Qué le ha pasado?- no se volvió hacia Jack para preguntarle.
- Tuvo un accidente patinando con su mejor amiga. Ambas cayeron pero ella no se puso en pie.
- ¿Está en coma?
- No. De momento estamos controlándola.
- ¿Por qué tenías tanto interés en que la conociera?
- No lo sé. Si te digo la verdad y espero que me guardes el secreto, suelo venir siempre que puedo. Me siento bien con ella. No sabes las ganas que tengo de que despierte para conocerla mejor.
Stephan me miró atentamente, cogió mi mano y la entrelazó con la suya,
Jack se puso a un lado y esperó a ver que pasaba.
- ¿Cómo se llama?
- Alejandra. Sus amigos la llaman Alex.
- Hola Alex. Espero que no te importe que me tome esa confianza ya que no nos conocemos. Me llamo Stephan. No sé si puedes oírme pero de todos modos quisiera hablar un rato contigo.
Jack se mantuvo al margen hasta que Stephan terminó de hablar y a este no pareció importarle que el médico le escuchase.
Cuando salieron de la habitación, Stephan parecía otro y Jack sabía que había echo bien trayéndole a conocerme.
De regreso a su habitación, Stephan se detuvo.
- ¿Cuándo puedo volver a verla?
- El mejor momento es cuando esta a solas, lo cual no es muy seguido.
- Para ti debe ser más sencillo. Basta con que le digas a la familia que salga para que puedas examinarla.
- Supongo que tienes razón.
- Necesito verla de nuevo.
- ¡Pero si acabamos de salir de la habitación!
- Ya lo sé, pero lo necesito. ¿Qué puedo hacer?
- De momento quedate en tu habitación. Te avisaré cuando haya vía libre.
- ¿Hablas en serio?
- Completamente. Ahora acuéstate y comete la cena cuando te la traigan.
- Está bien.


Cuando amaneció, se levantó de la cama para ir a ducharse. Necesitaba ir a un sitio. En menos de una hora se hallaba en el mismo parque donde me había llevado montados sobre el caballo. Cruzó hasta la mitad del puente y miró su reflejo en el río.
Tenía que sacar el valor de donde fuera para decirme lo que sentía. Debía decírmelo aunque yo no sintiera lo mismo. Se quedó allí un buen rato y decidió donde ir a continuación. Su instinto le llevó hasta la librería, quería saber a que se refería el dueño cuando le dijo que no permitiera que me alejaran de él. ¿Se referiría a Zack? Sin embargo no pudo preguntarle nada. La librería estaba cerrada.
Leyó atentamente el cartel de la puerta. << Cerrado hasta mediados de enero>>
Caminó pensativo durante un buen rato. Faltaban apenas seis semanas para navidad y quería comprarme algo, ¿pero el que?
Paró un momento frente a una tienda y miró al cielo. Empezaron a caer copos de nieve. Era la primera nevada del año y yo no podía verla. En mi país no podía disfrutar de ella porque había tanta humedad que cuando nevaba nunca llegaba a cuajar.
Cuando bajó de nuevo la mirada, sintió que debía mirar hacía el escaparate de la tienda que tenía al lado y entró. Algo le decía que allí encontraría lo que estaba buscando.
Repasó cada una de las vitrinas, hasta que lo encontró. Le pidió a la dependienta que lo envolviera para regalo, pagó y se fue. Escondió la pequeña cajita en el bolsillo interior de su chaqueta. Allí se quedaría hasta que yo pudiera abrirlo.


Pasaron los días y los médicos no comprendían porque no me había despertado aun.
Seguía sin mejorar o empeorar en nada. Solo cabía esperar.
Max continuó con sus visitas para pedirme que despertara, para decirme lo mucho que se me echaba de menos y de vez en cuando venía con Meredith para que esta me leyera sus cuentos.


La segunda vez que Stephan se coló en mi habitación apenas habló. Se quedó sentado a mi lado cogiéndome la mano
- Me paso más tiempo pendiente de que no me descubran que disfrutando de tu compañía. Me paso las horas pensando en cuando será la próxima vez. Me pregunto que es lo que tienes para que incluso antes de irme, desee volver a tu lado.
Unos golpes en la puerta le indicaron que era hora de despedirse.
Jack estaba siendo de gran ayuda y Stephan sabía que se la jugaba por dejar que se colase un desconocido en la habitación de otro paciente.
- Ojalá despiertes pronto y pueda seguir viéndote como hasta ahora. Me pregunto si te sientes cómoda conmigo del mismo modo que yo lo estoy contigo.
- Stephan, date prisa.- Jack asomó la cabeza y le presionó para que se apresurase.
- Hasta la próxima princesa.


Los días pasaban, las visitas de mis seres queridos continúaban, pero yo seguía dormida, como si no quisiera despertar.
Pasaron dos largas semanas desde su primera visita y aquella era la última sin duda. Aquella misma mañana se lo habían comunicado. Podría marcharse a primera hora de la tarde.
Aún sin que Jack le dijese nada, aquella última mañana se acercó a mi habitación, esperando encontrarme a solas para poder despedirse. No tuvo suerte.
Cuando Jack fue a verle para entregarle el alta, le encontró sentado frente a la ventana mirando como caía la nieve.
- ¿Preparado para marcharte?
- Estoy deseando quedarme y ver como despierta. Quiero conocerla más.
- ¿No te estarás enamorando verdad?
Stephan sonrió. Él también se había echo esa pregunta y no estaba seguro de la respuesta. Solo podía pensar en lo que ocurriría cuando yo despertase.
- Solo sé que conocerla me ha cambiado la vida. Eso es lo único que me importa ahora.
- No te enamores Stephan. Solo te harás más daño.
- Eso también lo sé.
Aquella tarde Stephan dejó el hospital. Jack le había dicho que si alguna vez tenía la necesidad de hablar con alguien, fuese a verle y tal vez con un poco de suerte consiguiera verme a mí recuperada.
Aquello hizo que la despedida no fuese tan horrible como había imaginado.


Y llegó diciembre...
Max se coló en la habitación aprovechando que nadie estaba dentro conmigo.
- No sé que pensarás de lo que voy a decirte pero he de hacerlo. He esperado demasiado y quiero que lo sepas.- Ninguna reacción por mi parte.- Hace ya días que no deja de nevar y te lo estás perdiendo.- me besó la mano y siguió. Puede que haya sido un cobarde, seguramente lo he sido siempre, pero ya me he cansado.- se detuvo para mirarme y cogió aire para decir lo siguiente.- Te quiero Alex. Te quiero como nunca he querido a ninguna otra mujer. No me daba miedo aceptar que me pasaban cosas contigo, pero si aceptar hasta que punto he llegado a amarte. Quiero que me digas que no soy el único que siente esta presión en el pecho cuando no estamos juntos. Te parecerá ridículo, pero es lo que siento- me miró de nuevo. ¿Había sido su imaginación o realmente había movido la mano? Me la sostuvo entre las suyas y la besó.- Tienes que despertar para poder ver lo que te he comprado. Cuando lo vi, supe enseguida que iba a gustarte.
Cerró los ojos y ocultó la cara entre sus manos y la mía.
- Tienes que despertar por muchas razones. Para ver como está nevando;
Para que tus padres se animen; Para que tus amigos y mi hermana puedan verte sonreír; Para empezar en ese trabajo que tanto deseas; Para…- casi le faltó el aire para decir lo que venía a continuación.- para que esté seguro de que me escuchas y me miras cuando te digo que te quiero.
Se levantó para marcharse justo en el momento en que abrí los ojos para mirarle.
- Pensé que te bastaba con que estuviese presente- apenas podía oírme a mi misma, así que no pensé que él pudiera.
- No puedo creerlo- se volvió hacia mi incrédulo.- ¡Has despertado!- me besó con tal fuerza que me daba vueltas todo.
- Ayy… mi cabeza.
- Lo siento cariño- sabía que lo justo era avisar a los demás, pero no quería irse sin asegurarse de que no estaba soñando.
Mientras, en el pasillo, nadie decía nada. Esperaban pacientemente a que Max saliese para ir entrando.
Zack era el que menos soportaba la espera. Cada día que pasaba, sospechaba más de la relación que nos unía a Max y a mí.
Beth fue la primera que sintió un pinchazo en el pecho. Cogió la mano de mamá y ésta levantó la cabeza hacia la puerta de la habitación. Dos segundos después, Max salió con una gran sonrisa en los labios y lágrimas en los ojos.
- Ha despertado- se levantaron todos de las sillas y fueron entrando uno a uno, salvo Zack, que decidió esperar un poco más.
Cuando Tess pasó al lado de Max, le abrazó y aprovechó para susurrarle algo al oído que le hizo sonreír.
- Sabía que tú la harías volver- y seguidamente entró. Max ajustó la puerta y le habló directamente a Zack.
- Deberías estar dentro. Formas parte de su vida. Una parte importante, después de todo.
- Creo que por ahora, lo mejor es que espere. No me marcharé sin hablar
con ella y tengo que hacerlo a solas.
- Lo comprendo.- se sentó a su lado pero no dijo nada más. No era necesario. Zack habló por él.
- Sé que en gran parte se queda por ti y lo entiendo. Eres un gran tío y has estado con ella en todo momento. Me aterra pensar que esta etapa de nuestras vidas haya llegado a su fin. No sé si yo mismo podré llegar a convencerme de que es lo mejor.
- No voy a mentirte porque estés aquí. La verdad es que creo que no te la mereces. No eres mala persona, pero no te has portado como debías.
- Ya sé que no. Me pregunto como es posible que haya cometido un error así. Me pasé años enamorado de ella y cuando por fin decide estar conmigo, meto la pata.
- Puede que lo vuestro no estuviese destinado a ocurrir.
- Eso es justamente lo que diría Alex.



- Cielos, es genial que estés bien. Se nos hacía raro verte dormir tanto.
- Debió ser el cansancio acumulado de todos estos años.
- Zack está aquí- mi hermana no pudo aguantar más. Cuanto antes lo supiese, antes lo resolvería.- y está hablando con Max.
- ¿A solas?- tenía que impedirlo. ¿Cómo no me había dado cuenta de que Max no estaba en la habitación? Intenté levantarme pero mi padre me lo impidió.
- ¿Dónde crees que vas niña?
- Pero papá no puedo quedarme aquí tumbada.
- No puedes levantarte. Ni siquiera te ha visto el médico- miró a mamá y después siguió hablando.- Iremos a buscarle y si quieres le diremos a Zack que entre para que podáis hablar.
- Vale- ¿Qué otra cosa podía decirle? No parecía tener ninguna intención de moverse de delante de mí a menos que accediese.- Pero quiero zumo y donuts.
Todos se rieron ante mi ocurrencia. Era bueno saber que seguía siendo yo.
Antes de que Tess saliese de la habitación, se paró delante de mí y me miró fijamente. Yo le sostuve la mirada y sonreí. Eso hizo que se marchase más tranquila.
- Zack, ya puedes entrar.
- Gracias Hannah- por lo que vi, debía estar bastante asustado, porque parecía que no llegaba nunca hasta mi lado y la habitación era individual, es decir, más bien pequeña. Cuando se detuvo me miró como si no supiese que hacer, y yo, a pesar de que estaba dolida con él, me encantaba tenerle allí. Me seguía pareciendo guapísimo, pero nada más. No sentía por él lo que sentía por Max.
- Hola forastero. ¿Qué te trae por Italia?
- Necesitaba unas vacaciones. ¿Y tú? Creía que detestabas los hospitales.
- Y los odio. No sabes las ganas que tengo de irme.
- Siento mucho todo lo que te he hecho.
- Y yo lamento no haberme decidido antes.
- Bueno, Max dice que quizá ese no era nuestro destino.
- ¿Y tú que le dijiste?- estaba sorprendida de que hubiesen podido hablar como si nada.
- Que es justo lo que tú me dirías.- sonreímos y luego volvió a ponerse serio.- Esto es el fin, ¿verdad?
- No. Esto es solo el principio. Nos queda mucho por vivir y tu sabes hasta que punto eres importante para mi.
- Pero no lo bastante para que vuelvas conmigo y empecemos desde cero.
- Quizá si no existiesen otras personas por parte de ambos, me lo pensaría. Pero existen.
- Max es un tío con suerte.
- Sophie también. Dale una oportunidad. Estoy segura de que te importa más de lo que quieres admitir.
- Me conoces demasiado bien…- se acercó para darme un último beso en los labios a modo de despedida.- Espero verte después de año nuevo.
- Allí estaré. Cuídate mucho.
- Te llamaré- y salió de la habitación. Oí que se despedía de todos y después no escuché nada más hasta que se abrió la puerta de nuevo. Pensé que era Max, pero por la bata blanca, era evidente que no.
- ¿Alex?- asentí- Soy Jack Sullivan, tu médico- le estreché la mano y le observé atentamente.- ¿Cómo te encuentras?
- Si me da usted el alta, seré la persona más feliz del planeta- se rió.
- Lo lamento pero tendrás que esperar. ¿Te duele algo?
- La cabeza y también el cuello.
- Es normal. Tienes un buen chichón. ¿Qué es lo último que recuerdas?
Lo pensé durante un momento. Esperaba no haber olvidado nada importante.
- Recuerdo una triple vuelta que creo que no terminé de hacer.
- En realidad es la que te trajo hasta aquí.
- En ese caso me alegra haber dejado el patinaje. No recordaba que fuese tan peligroso. ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?
- Cerca de dos semanas. Estamos en diciembre.
- Increíble.
- Te parecerá raro, pero tenía ganas de que despertarás para conocerte.
- ¿Y eso por que?
- Veía a todos tan desesperados e impacientes por que despertarás que sentí curiosidad.
- ¿Y que tal?
- Ya has conseguido hacerme reír. Vamos por buen camino.
Se quedó un rato más hablando conmigo y después se marchó prometiendo pasar antes de irse a su casa. Le comenté lo que le había pedido a mi familia que me trajese y me dijo que si me comía la cena podría comerme lo otro también.
Tess fue la siguiente en entrar. Estaba segura de que le pasaba algo.
- Siento mucho lo que pasó. Fue por mi culpa.- se acercó a la cama y rompió a llorar.
- ¿Pero que estás diciendo?
- Fui yo la que te dijo que hicieras aquel ejercicio.
- Pero lo hice porque quise, no porque tú me lo pidieras.
- No sé que hubiese echo si llega a pasarte algo. Dijeron que si en un par de días no recuperabas el conocimiento podrías entrar en coma y pasaban los días y no sabían porque no despertabas y yo...- me incorporé y la abracé.- Alex, lo siento...
- No tienes que sentirlo. Estoy bien, y tengo un hambre de lobo. ¿Dónde están mis donuts?- Tess se rió. Me alegraba al verla de ese modo de nuevo.
- Ya han ido a buscártelos.
- Quiero pedirte un favor.
- Claro, lo que sea.
- ¿Puedes decirle a Max que entre?
- Claro.- Max entró poco después a verme.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó refiriéndose a Zack.
- Se vuelve a casa. Le dije que todo había terminado entre nosotros.
- No pareces muy contenta.
- Ha sido bastante más duro de lo que pensaba. Hemos estado enamorados él uno del otro durante cinco años y vivido una mentira desde hace uno. Ha sido una relación extraña, porque cuando empezamos medio a salir y yo me vine a Italia no pensé que las cosas terminarían así. En todos estos años nunca hicimos el amor. Sé que aun cuando no éramos pareja podía haber ocurrido. Supongo que pensamos que tendríamos tiempo para todo eso.
- ¿Te arrepientes de haberlo dejado con él?- Podía leer en sus ojos que esperaba a que dijese que no.
- No voy a mentirte. Sé que sabes que pase lo que pase le seguiré queriendo y eso no va a cambiar, pero sé que también sabes que es contigo con quien quiero estar. Quiero intentar que lo nuestro funcione.
- Yo también.
- Hay algo más. Imagino que te habrás preguntado porque acepté el trabajo en la librería si dentro de unos meses tenía pensado irme de aquí.
- Pues si. Me he preguntado que pasaría con nosotros o si esa decisión alargaría tu estancia aquí indefinidamente.
- El único modo de saberlo es intentándolo.
- Entonces... ¿somos oficialmente pareja?
- Si- Max no respondió. Se lanzó sobre mi para besarme, para susurrarme lo feliz que estaba al oírme decir aquello, y se animó a decirme de nuevo que me quería.- Quiero que sepas que no me asusta para nada lo que sientes.
- ¿Me oíste?
- Si. Oía todo lo que me decíais, solo que no podía responder. También escuché cada uno de los cuentos de Mer. Tengo ganas de verla.
- Dejemos eso para mañana...
- ¿Se disgusto mucho por no haberla llevado al cine?
- No lo creo. Quise contarle enseguida lo ocurrido para que no pensara lo que no era. Te ha comprado un regalo.
- Yo tengo una pequeña idea de lo que quiero regalarle, pero necesito que mi hermana me eche una mano.
- ¿Y que es?
- Ya lo verás cuando se lo dé.
- Viniendo de ti seguro que es algo increíble.
- También he visto las orquídeas. Son preciosas.
- El librero dijo que te gustarían.
- Me encantan. Es mi flor favorita. En eso soy igual que mi madre.- Imagino que ambos pensamos en lo mismo. ¿Como podían existir tantas coincidencias entre la vida de aquel librero, su mujer y nosotros? ¿Cómo podía saber que las flores me gustarían, o que me hubiese ocurrido algo antes de que Max pudiera decírselo?
- Hay una cosa más.
- ¿Qué es?
- Lo siento, pero tendrás que esperar como todos a navidad.
- Pues vaya...- crucé los brazos sobre el pecho y puse morritos. Esperaba ablandarlo con eso, pero no lo conseguí. Poco después entró mi hermana con mi pedido.- Te han salvado.
- Si, seguro que si.
- Trae- cogí la bolsa y saqué la botella de zumo, la abrí y me amorré a ella. Me moría de sed.
- No sabíamos que donuts preferirías así que hemos traído de los normales y de chocolate.
- Genial. Comeré de los dos.- Se hizo un corro alrededor mío y estuvimos un buen rato hablando hasta que recordé algo muy importante.
- Podéis dejarme a solas con Josh y Beth por favor.- estoy casi segura de que debieron extrañarse pero accedieron.
- ¿Qué pasa?- los tenía muertos de curiosidad.
- Tengo que hacerle un regalo a la hermana de Max y tengo una idea, pero necesito ayuda.
- Pide- se sentaron a un lado de la cama y me cogieron un donut cada uno.
- Había pensado en hacerle un libro de cuentos nuevo.
- ¿Con los cuentos de la abuela?- preguntaron al unísono.
- Si.- sabía que la idea les iba a gustar y que me ayudarían sin pensárselo.
- ¿Y que quieres que hagamos?
- Quiero que tú Beth me ayudes a recordar los cuentos. Y tu Josh tienes que hacerme un favor enorme.
- Dime que es lo que tengo que hacer y lo haré.
- ¿Crees que podrías conseguirme un trozo de cuero, envejecerlo y gravarle el nombre de la niña? Eso sería la portada y de paso envejecerme las páginas que irán en su interior.
- ¿Solo eso?- ¿acaso le parecía poco?
- Si.
- ¿Para cuando lo necesitas?
- Las páginas son lo primero. Me gustaría tenerlo listo para navidad.
- Echo. Me pondré hoy mismo a ello. Pero necesito un sitio donde ponerme a trabajar en ello.- Josh había trabajado durante un tiempo en un museo restaurando cuadros y había aprendido cada una de las técnicas para que incluso algo recién fabricado pareciera acabado de desenterrar.
- Quizá yo podría ayudar.- los tres nos volvimos hacía la puerta y allí estaba el librero.
- Señor Máximo...
- Le dije a Max que vendría a verte y esperaba encontrarte consciente.- Me dijo que aunque los demás que estaban fuera le habían dicho que estaba hablando en privado, él insistió que no podía quedarse mucho y que solo quería saludarme.- El chico puede venir a la librería a trabajar en ese regalo tan especial. Allí tengo muchos de los productos que necesita y podrá estar tranquilo porque me he tomado unos días libres antes de que empieces a trabajar.
- Es usted muy amable.
- En ese caso, será mejor que empiece a hacer- dijo Josh levantándose de la cama.- ¿Le importa abrirme la librería para que pueda empezar con esto?
- Como no. Vamos.- me miró una última vez antes de irse y añadió.- Al igual que Alexis, has elegido bien. Ahora tendrás que ser fuerte.
- Te llamaré más tarde. Te quiero- Josh nos dio un beso a cada una y luego se marchó. Más tarde me diría que los que esperaban en el pasillo se quedaron muy sorprendidos al verles marchar juntos. Además, Josh no dio ninguna explicación de a donde iba.
Las palabras del librero me dejaron descolocada, y me apunté mentalmente que debía hablar con Max acerca de lo que acababa de decirme aquel hombre.
- Que señor más curioso. ¿Quién es?
- Mi jefe.
- ¿Así que te vas a quedar a vivir aquí?
- Pues por el momento si. Me gusta esta ciudad, y si te digo la verdad también lo hago para mantenerme lejos de Zack.
- Pero si eso es lo de menos. Me jugaría algo a que cuando baje del avión se tirará a los brazos de esa tal Sophie.
- Algo me dice que esta vez será diferente. Habrá algo más.
- ¿Como estás tan segura?
- No lo sé. Algo me lo dice.
- ¿Crees que estará bien?- ya sé que se había portado como un capullo y que no se merecía que nos preocupáramos, pero siempre se había portado bien con Beth, y ella le tenía muchísimo aprecio, y yo, bueno, al fin y al cabo fue mi primer amor y sabía que como amigo no me fallaría nunca.
- Creo que intentará volver a la normalidad. Seguramente se refugiara en su trabajo.
- Es curioso como cambian las cosas. Yo pensé que acabaríais juntos, que por fin se te quitaría el miedo y no sé, que seríais felices para siempre.
- Bueno, el miedo si se me ha quitado. Al menos una parte. Me aterroriza la idea de que lo mío con Max no funcione porque lo quiero muchísimo.
- Me cuesta mucho pensar que ya no quieras a Zack de ese modo. ¿Cómo habéis llegado a este punto?
- Yo creo que hace tiempo que pasaba esto, pero no nos dimos cuenta hasta que me enteré de lo de Sophie.
Era complicado pero si lo pensabas tenía sentido. Vivimos una mentira durante mucho tiempo. No nos paramos a pensar en si seguíamos queriéndonos o realmente éramos solo amigos. Me preocupaba que él aun no lo comprendiera, que no supiese ver que nuestros sentimientos no eran ya los mismos. Cuando se ama de verdad a alguien, por mucha distancia que exista entre ambos, uno no se acuesta con otra persona y menos si es consciente de lo que hace.
- Será mejor que nos centremos en el regalo de la niña.
- Si. ¿Recuerdas todos los cuentos?
- Más bien la mayoría. Yo creo que entre las dos igual juntamos unos quince o veinte cuentos.
- Eso sería genial. Siempre y cuando no recordemos los mismos.
- Hagamos una lista- rebuscó en el interior de su bolso a ver que encontraba. Beth siempre llevaba de todo en su bolso. Mary Poppins no era nada a su lado. Finalmente encontró una libreta pequeña y un bolígrafo.- Empieza. ¿Cuáles recuerdas?
Entre las dos finalmente conseguimos recordar unos veinte cuentos, lo cual era un milagro después de los años que hacía que no los contábamos, además, eran más bien cuentos cortos, así que no eran tampoco muy difíciles de recordar.
- ¿Te parece que primero los escribamos en sucio y después los pasemos a las hojas que me preparara Josh?
- Me parece bien. Voy a comprar una libreta más grande.
- Tengo que pedirte un favor más.
- ¿Cuál?
- ¿Te quedarás conmigo esta noche?
- Tu novio me va a matar. ¿Lo sabes, no?
- Merece la pena.
- Vale. Voy a comprar y esta noche empezamos.
Salió de la habitación y dijo a todos que iba a comprar un par de cosas. No contó a nadie lo que le había pedido y sabía que Josh tampoco lo haría. Animó a los demás a entrar y estar conmigo un rato y avisó a nuestros padres que pasaría la noche en el hospital conmigo, porque tenía un montón de cosas que contarme.
- ¿Es posible que después del rato que lleváis ahí dentro y de haber hablado durante todo este tiempo cada día por teléfono aun no os lo hayáis contado todo?- preguntó mi padre sorprendido.
- Hace mucho que no nos vemos. Además, hay cosas que no pueden decirse por teléfono.- añadió en tono misterioso.
- Sois iguales a vuestra madre. No quiero ni pensar en si cuando crezcas tu también te seguirás pareciendo.
- ¿Qué intentas decir con eso cariño?
- Vamos Hannah, es evidente.
- Deberías alegrarte de que las niñas se parezcan a mí. Al menos la historia tuvo un final feliz.- decidieron dejar ese tema de lado y hablar de nuevo con su hija pequeña.
- Alex es genial. Todo el mundo la quiere. Hasta la bruja de la vecina del quinto.
- ¿Por eso quieres parecerte a ella?
- No es que quiera. Pero somos parecidas y no veo nada de malo en eso.
- Dios mío....- susurró mi padre.- Cada día se comporta más tú.
- Jason, basta.
- Está bien.
- Voy a comprar. Vendré dentro de nada.
- Te acompaño- les sorprendió Max.- Si no te importa.
- Claro que no cuñado. Vamos.
Los dos se alejaron por el pasillo seguidos con la mirada por los demás. Tess pensó que tal vez Max necesitaría consejo de alguien de mi familia. Al fin y al cabo, era lo más normal. Además, Beth fue quien se dio cuenta desde un principio de los sentimientos de Max.
No me sorprendió que al entrar los demás, Max no se encontrara entre ellos. Mi amiga me contó que había ido a acompañar a mi hermana y no me importó. Sabía que mis padres aprovecharían para acribillarme a preguntas sobre él, y sobre lo ocurrido con Zack. Era mejor aclararles ese punto desde un principio.
- Bien. Estoy preparada para el interrogatorio.- me acomodé en la cama y esperé a que ellos empezaran a hablar.

- Siento un poco de curiosidad. ¿Cómo os conocisteis mi hermana y tú?
- Luke y Tess organizaron una cena para los cuatro, para que ni ella ni yo nos sintiésemos de lado.
- ¿Y os gustasteis desde el primer momento?
- No voy a negarte que me quedé prendado de ella cuando la vi, pero lamentablemente a Alex no le ocurrió lo mismo.
- Me sorprende.
- ¿En serio?
- Si. Alex se ha fiado siempre de la primera impresión.
- Pues conmigo fue distinto. La primera impresión no fue demasiado buena.
- ¿Qué hiciste?
- Intenté impresionarla hablándole de cosas que yo creía que gustaban a todas las chicas. Debí darme cuenta desde un principio que ella es especial y que no a todo el mundo le gustan las mismas cosas.
- ¿Y que pasó entonces?
- Pues que tras tramar con Tess como deshacerse de mí, volvió a la mesa y me vio con Meredith. Supongo que ahí fue donde cambió de opinión.
- Eso ya no me sorprende tanto.
- Y bueno, después nos fuimos a la feria con mi hermana. Se vino a casa, casi nos besamos, salió corriendo, quiso evitarme...
- ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de ella?
- Creo que las descargas que nos daban cada vez que la tocaba o intentaba besarla. El primer día fue brutal porque lo deseaba con más ganas. No me importaba morir electrocutado si podía besarla aunque solo fuese una vez.
- No sabes como me gustaría a mi sentir algo así.
- Eres una niña aun. Tendrás tiempo para pensar en esas cosas.
- Alex me dice lo mismo, pero ella tenía la misma edad que yo cuando se enamoró de Zack. Y además mi madre también tuvo su gran historia de amor. Siempre dice que se encontraba perdida hasta que papá la encontró.
- Pero cada historia es diferente. No tengas prisa. Cuando tenga que ocurrir,ocurrirá.
- Supongo.- se detuvo frente a una papelería y entró. Buscó por los estantes y cogió un par de libretas por lo que pudiera pasar. Pagó en caja y volvieron al hospital.


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