viernes, 9 de diciembre de 2011

Capítulo 13 (FIN)

Clarise también durmió de maravilla aquella noche junto a Jack en el barco. Se había emocionado tanto cuando lo vio que terminó llorando como una niña.
A Jack le encantó saber que a ella le había gustado y le pidió allí mismo que se casara con él.
Clarise aceptó, pero quería ir despacio y tener un noviazgo largo. Jack aceptaba su decisión y la compartía. Solo le hizo prometer que el día que se casaran, fuese en aquel barco.
- Te lo prometo.
- Entonces tendremos un noviazgo tan largo como tú quieras.
Clarise no pudo evitar reírse. Le encantaba estar con Jack. Sabía que él nunca la dejaría sola.

El viaje de vuelta fue más tranquilo, sobretodo porque mi madre no iba murmurando todo el viaje el miedo que tenía a volar a pesar que no era su primer vuelo.
La despedida sin embargo había sido un poco triste. No sabía cuando volvería a ver a mis padres o a mi hermana.
Durante el vuelo, Tess me contó que su madre había quedado sorprendida al enterarse de que iba a quedarse en Italia. No le deseo buena suerte en su nueva vida pero ella sabía que no la necesitaba. Tenía en Italia a su verdadera familia, y en el caso de que las cosas no saliesen bien, siempre podría contar con la mía. Tess siempre había sido una más de ella y mis padres y mi hermana la querían como si lo fuese.
- Esto va a ser genial. Lo presiento- dijo esperanzador como siempre Luke.
- Seguro que sí. ¿Y ahora que vas a hacer Tess? ¿Seguirás viviendo en la mansión o te mudarás a casa del futuro fotógrafo?
- Creo que por el momento seguiré en la mansión. Quiero hacer bien las cosas y no precipitarme.
- Ya intenté que se viniese conmigo pero ya veis... Lo tiene decidido y supongo que aunque no sea como yo esperaba no me puedo quejar. Sabiendo que se viene de vuelta a Italia me reconforta.
- Eso es lo mejor, que nos volvemos los cuatro.
Al llegar al aeropuerto, Clarise, Meredith y Jack nos esperaban con los brazos abiertos. Era el momento de empezar desde cero. Nuestra vida en Italia empezaba de verdad.


Mi primer día trabajando en la tienda fue de lo más increíble. El señor Máximo hacía que me sintiese bien a su lado. No sabía como explicarlo, pero me reconfortaba.
Hubo un momento en el que me dejó sola. Había salido para hacer unos recados y me dijo que no tardaría en volver.
Aproveché ese rato en el que no venía nadie para sacar el polvo de las estanterías.
Mientras iba haciendo, encontré algunos libros que me parecieron interesantes. Sobretodo dos de ellos. Me tentó coger el primero, pero me resistí y cogí el otro. Se llamaba LOCURA.
Sin saber como, me senté tras el mostrador y empecé a hojearlo. Contra más avanzaba, más recordaba algo que le ocurrió a mi madre antes de nacer yo.
A veces, cuando me detenía a pensar en ello, seguía sin comprender de donde sacó el valor y la fuerza para enfrentarse a él. A Juan.
Juan era amigo de mi madre y hermano de Moi y Pau, amigos también de ella.
Juan siempre quiso a mi madre. La amó desde el primer día, hasta que tanto amor, se convirtió en obsesión. Una obsesión horrible y despiadada.
Todo lo que él quería era a mi madre. Quería que fuese solo para él y por su culpa, mi madre perdió a mi hermano. La secuestró y violó estando ella embarazada de siete meses.
Recuerdo que en una ocasión, Jeremy me contó que mamá había ido a visitar a la cárcel cuando estaba embarazada de mí y que mamá siempre decía que lo había conseguido gracias a la fuerza que yo le daba. Eso me hacía sentir bien.
Cerré el libro y fui a dejarlo de nuevo en su sitio.
Se abrió la puerta. Por fin, un cliente.
- Buenos días- al volverme hacia la puerta no había nadie. Pensé que habían sido imaginaciones mías, sin embargo sabía que no estaba sola. Me acerqué a la puerta y abrí para mirar hacia fuera. Todo parecía de lo más normal. Al final, me reí de mi misma . Estaba echa una cobarde, o eso habría pensado si al volverme para ir de nuevo hacia el mostrador hubiese seguido sola en la tienda.- Creí que no volvería a verte.- por como me miraba supuse que él estaba igual.
- No sé como he llegado hasta aquí, ni entiendo porque eres la única que puede verme.
- Yo tampoco lo entiendo. ¿Por que no me dijiste que habías muerto?
- No quería admitirlo. Me sentía tan bien cuando estaba a tu lado que temí que al decírtelo me alejaras de ti.
- Hay algo que quiero saber. ¿Hay algún motivo por el que no puedas avanzar?
- Creo que me da miedo. Si avanzo no se que encontraré al otro lado, en cambio aquí, te encontré a ti.
- Te entiendo- alguien abrió al puerta. Era el dueño de la librería.
Miré hacia donde debía estar Stephan, pero había desaparecido.
- ¿Estás bien Alex?- Máximo me miró extrañado. Esperaba que no me hubiese visto hablando sola.
- Si. Vaya- dije aprovechando que entraba alguien- un cliente.
- Estaré en el almacén si necesitas cualquier cosa.
- Muy bien.
-Disculpe señorita, estoy buscando un libro en concreto. Me han dicho que es posible encontrarlo aquí.
- Claro. ¿Cuál es el titulo?
Máximo me observaba desde la trastienda. Una parte de mí seguía preguntándose que tenía de especial aquel hombre y porque tantas casualidades. Tal vez nunca llegase a descubrirlo.
A mediodía cuando Max pasó a buscarme para ir a comer le conté lo ocurrido en la librería.
- Creí que no habías vuelto a verle.
- Y así era. Hasta hoy.
- ¿Estás bien?
- Si. Aquella vez me asusté mucho porque no entendía como podía ser que Jack me dijese que estaba muerto cuando yo había hablado con él hacía poco menos de una hora, pero ahora que tanto él como yo somos conscientes es distinto.
- Aun así. Quizá deberíamos buscar ayuda.
- Yo soy lo único que le mantiene en este mundo Max. Soy lo único que tiene. No puedo dejarle marchar hasta que no esté listo.
- Muy bien. Si eso es lo que quieres, lo respeto.
- Vamos a comer.- llegamos a su casa donde por cierto, no había más que una nota sobre la nevera.
Estoy con Jack en su INCREÍBLE barco y Mer está con la abuela. Os he dejado comida en la nevera. Hasta la noche.”
- Parece que estamos solos.
- Eso parece- abrí la nevera y cogí la bandeja cubierta con papel de film transparente.- Genial- dije volviéndome hacia él- ensaladilla rusa.
Me encantaba la ensaladilla rusa y además estaba muerta de hambre.
Mientras Max ponía la mesa, yo serví la comida en los platos.
- ¿Qué tal tu día?
- He estado buscando trabajo.
- ¿Y que tal ha ido?
- Esta tarde tengo una entrevista y voy a seguir buscando .
- Me parece genial. Espero que te vaya bien.
- Yo también. Ahora que tú has empezado a trabajar y Mer ha vuelto a clase quiero hacer algo útil.
- Te entiendo. ¿De que es la entrevista?
- Es para trabajar como operador de servicio técnico en una compañía teléfonica.
- Eso está bien. A ti te gustan ese tipo de cosas. Estoy segura de que te irá genial.
- Gracias por decirlo. ¿Quieres que hagamos algo antes de que tengas que volverte a la librería?
- Pues la verdad es que pensaba echarme un rato.
- Pues vamos.- recogimos las cosas de la comida y le seguí hasta su habitación.
Me quité la ropa hasta quedarme con la ropa interior y me metí bajo las sábanas esperando a que él hiciese lo mismo.
Cuando Max se quedó en ropa interior no pude evitar sentir un escalofrío. Estaba deseando sentir su cuerpo contra el mío y como si pudiese leerme la mente se dejó llevar.
Ninguno de los dos se durmió al terminar. Me apoyé sobre su pecho y nos quedamos hablando hasta que se hizo la hora de irme.
- Te acompaño y me voy directo a la entrevista.
- Muy bien. Que tengas suerte cariño.
La tarde fue muy intensa. No dejó de entrar gente e hicimos algunas ventas y muchos pedidos.
Máximo me dijo que si estaba interesada en algún libro en particular podía quedármelo.
- Es mi agradecimiento por el buen trabajo que estás haciendo.
- Se lo agradezco mucho. ¿De verdad que puedo coger el que más me guste?
- Así es. ¿Has pensado en alguno en concreto?- preguntó mientras yo iba directa hacia las estanterías del fondo.
Había un libro que ya me había llamado la atención anteriormente. Aquella mañana mientras limpiaba el polvo, antes de coger el de “LOCURA”.
El libro en cuestión era uno de historias, cuentos y narraciones que la gente había ido escribiendo a lo largo de los años.
En cuanto le enseñé mi elección me sonrió.
- Es hora de que rellenes tú las páginas en blanco que quedan- y ya sabía que era lo que escribiría en ellas.
Supongo que me tocaba a mí contar esa historia como otras muchas veces, pues al fin y al cabo, formaba parte de ella y quería que todo el mundo fuese testigo de lo ocurrido.
Cuando Max pasó a buscarme por la noche estaba casi flotando en las nubes y al parecer a él también le había ido bien.
Me contó como le había ido la entrevista. Según parecía, empezaría a trabajar en unos días .
- ¿Y tú que tal? Me da la sensación de que los pies no te han tocado el suelo.
- Pues si. Mira- le enseñé el libro y le conté lo que pensaba hacer con él.
Sabía que le parecería una buena idea.
- Ahora que tienes el portátil podrás contar más de una historia- me sonrió y cogió de la mano. Juntos empezábamos algo nuevo para los dos.
Escribir aquello era justo lo que estaba deseando hacer. Quería aprovechar y escribir todo lo que me propusiera y quien sabe, alguien podría leerlo en un futuro...
Así es como empezó mi vida en Italia. Aun quedan cosas que tenemos que vivir y quizá algún día nos encontremos de nuevo en alguna librería, pero por el momento, me despido. Hasta siempre.

Alex

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