martes, 6 de diciembre de 2011

Capítulo 10

Quedamos con ellos después de comer para tomar algo y de paso comentar los planes de la noche.
-¿Por qué queréis volver a empezar?
-Porque ahora ya no hay un pasado que se interponga. Además, creo que en parte nos irá bien dar este paso.
-En ese caso lo mejor será que me lleve a Romeo lejos de ti lo que queda de tarde.
-Buena idea- respondió Tess.- Así yo mantendré a Julieta ocupada contándole las novedades.
-¿De que estás hablando?
-No voy a adelantarte nada.
En vista que no iba a sonsacarle nada, nos despedimos de nuestros chicos y besé a Max por última vez antes de empezar de nuevo.
Pensé que nos costaría más despedirnos, pero en realidad creo que ambos sabíamos que pronto volveríamos a estar juntos.
De camino a la mansión Tess me contó su decisión. Me alegré mucho por ella, sobretodo porque yo también me quedaba allí, y aunque Max ocupaba gran parte de mí, saber que mi amiga estaría conmigo me consolaba.
Cuando llegamos llamé a Richard para decirle que estaba bien y que me quedaba a vivir allí. Mamá me dijo que había hablado con él para decirle que ya había salido del hospital y que insistía en que le llamase.
-He pensado en que cuando empiece a trabajar podía mirarme un piso por aquí. Me sabe mal aprovecharme aun más.
-No digas tonterías. Podéis quedaros en la casa todo el tiempo que queráis. He hablado con el ama de llaves hace poco y están encantados con vosotras, así que quédate tranquila.
La otra parte de la tarde me la pase en la habitación junto con mi amiga decidiendo que ponerme.
-¿Por qué no te pones lo que te compraste el día que te cortaste el pelo?
-Porque me echan del sitio. Así de simple.
Al mirar de nuevo dentro del armario encontré la ropa que había cogido prestada a la prima de Max y Mer.
Cuando fuese al día siguiente a buscar a la niña, aprovecharía para devolvérsela.
Al final Tess terminó prestándome algo suyo. Un vestido que me encantaba pero que una de nuestras amigas de la pandilla decidió regalarle a ella antes que a mí. Menos mal que compartíamos la mitad de nuestra ropa.
-Estarás genial esta noche.
-Gracias. Solo espero poder contenerme y no lanzarme a sus brazos.
-¿Y si no puedes?
-Dormiré de todos modos esta noche. No es que sea algo importante el echo de que vayamos a empezar otra vez, pero creo es algo bueno para nosotros. Al fin y al cabo, es cierto que empezamos una nueva vida.
-Tienes toda la razón.
Si estáis pensando que me voy por las ramas y tenéis ganas de saber como fue la cena no tenéis más que seguir leyendo.
Para empezar, Max me llamó para preguntarme si Mer debía ir también esta vez.
Le dije que no, más que nada porque tenía otros planes.
Dicho esto, empezamos a arreglarnos. ¡Dios! Como me gusta ese vestido…
Tess insistía muchas veces en regalármelo, pero un regalo jamás se regala. Eso fue lo que me enseñaron de pequeña.
Si tenéis curiosidad, os contaré como es y me entenderéis.
Es de seda, de un color vino, entre tinto y rosado, largo hasta las rodillas y de tirantes.
Ya sé que estábamos en invierno, pero pensaba llevar conmigo un abrigo lago, los guantes y la bufanda.
-¿Seguro que no vas a tener frío?
-Ya encontraré el modo de entrar en calor. Además, te recuerdo que la última vez casi me asfixio allí dentro.- No recordaba haber pasado nunca tanto calor. Supongo que ese era uno de los motivos por los que Max me irritó tanto aquella noche.
De camino al restaurante, Tess me dijo que cuando se pasó la noche entera pensando en la decisión que iba a tomar, había pensado mucho en Néstor.
-No entiendo como pude cegarme tanto. De no haber sido por Zack y por ti que intentasteis distraerme todo el tiempo, creo que no habría sido capaz de dejarle.- la miré pensando si muy en el fondo aun seguía sintiendo algo por él, pero entonces, ella continuó.- Al principio pensé que venir a Italia me ayudaría a olvidarle del todo, y cuando conocí a Luke pensé lo mismo, y en realidad no quería olvidarlo porque ya no sentía nada por él. Sé que Néstor no hubiese venido hasta aquí si hubiese sido yo la que tuvo el accidente.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Pues que tú tenías razón. Néstor no me quería. Sé que fui especial, pero nunca sintió por mi lo que sentía o sentirá siempre por su novia. Yo era la novedad. Algo diferente a lo que tenía. Nada más.
-¿Estás bien?
-Si. A lo largo de la noche pensé que soy yo la afortunada. Si que es verdad que ellos se casaran y tendrán un bebé, pero yo tengo a un novio que aun siendo un desastre, me quiere solo a mi por ser yo misma. Y te lo digo tal cual me lo dijo Luke.
-Te creo.
Antes de entrar, se detuvo frente a la entrada y se volvió hacia mí. Me puso una mano sobre cada hombro y me dijo:
-Ya verás como te diviertes.- nos reímos. Eso era justo lo mismo que me dijo la primera vez.
Cuando entramos, Tess echó un vistazo y localizó a ambos chicos, mientras uno de los camareros nos quitaba los abrigos.
Luke saludó a Tess y le dio un codazo a Max para que mirase también. Cuando les miré tuve que contenerme para no reírme. Max estaba mirándome con la boca abierta. (A mi también me parecía que estaba guapísimo).
De entrada, cuando nos presentaron, en lugar de darme los dos besos, me cogió la mano y me la besó. No pude evitar ponerme colorada, pero me encantó que lo hiciese.
La cena no tuvo nada que ver con la de la primera vez. En esta ocasión, Max se mostró tal y como yo lo conocía y del que me había enamorado como una boba. Me costó un gran esfuerzo no levantarme y estamparle un beso en la boca y creo que por como me miraba, a él también. Hubo un momento, en el que me levanté para ir al servicio y al salir me choqué con él que también iba. Me repasó de arriba abajo sin disimular lo más mínimo y desapareció tras la puerta con una sonrisa.
Cuando regresé a la mesa me temblaba todo.
-¿Qué tal la experiencia?- preguntó Luke divertido al mismo tiempo que le cogía la mano a su chica.
-Ufff… parezco un trozo de gelatina.- ambos rieron y Luke se disculpó diciendo que iba a buscar a su amigo por si necesitaba ayuda para recomponerse. Le encontró en el lavamanos mojándose la cara.
-¿Te pasa algo?
-No hay quien soporte el calor de este sitio.
-Tienes razón. ¿Será por eso que Alex se ha puesto ese vestido?
-No me lo recuerdes… Estoy intentando no abalanzarme sobre ella y no es fácil.
-Creo que Alex tampoco lo está pasando demasiado bien. ¿Por qué no lo dejáis ya y os comportáis como la pareja que realmente sois?
-Esto es lo que ella quería.
-Tienes razón. Quería…
Max no esperó más. Salió seguido por su amigo directo hacia nuestra mesa, se detuvo frente a mí y me tendió la mano para que me levantase.
-¿Nos vamos?
-Ya era hora. Pensé que no ibas a tomar la iniciativa.
-¿Quieres iniciativa?- asentí, así que me cogió por la cintura y acercó a él para besarme.
Cuando se separó de mi me sonrió. Me encantaba como me miraba. Podía perderme en sus ojos y jamás ser rescatada y sería igual de feliz.
-Ya no aguantaba más.
-Yo tampoco.
-¿Y por que no has hecho nada?
-Quería saber cuanto tiempo lo resistías.
-¿Por eso te pusiste este vestido?
-Puede…
-Eres terrible.
-Es posible. ¿Nos vamos?
Pagamos la cuenta y salimos a que nos diese un poco el aire. Después del calor que habíamos pasado allí adentro, se estaba genial en la calle. Todo indicaba que nevaría.
-Estás preciosa cariño.
-Ya sabía yo que te gustaría.
-¿Dónde queréis ir?
-Podíamos ir al cine. Han estrenado una película de miedo que quería ver. ¿Os apetece?- preguntó Luke.
-A mi si. ¿Qué decís vosotros?
-Vayamos.- respondimos Max y yo a la vez.
No vayáis a pensar que las películas de miedo no me asustan porque no es verdad. De echo, me aterran, pero a veces, verlas con un chico, tiene sus ventajas. Ya me entendéis…
Resumiré más o menos de que iba la película porque ya lo pasé bastante mal al verla así que me saltaré ese trozo.
La historia básicamente trataba de un hombre que se escapaba del centro en el que estaba hospitalizado para vengarse de quienes le habían encerrado allí, que no eran otros que su mujer y su mejor amigo.
Se suponía que estaba allí encerrado por prender fuego al granero de sus padres, que habían muerto en el incendio, y que lo atormentaban cada noche pidiéndole venganza. Pedían que castigase a los verdaderos culpables y eso era lo que hacía. Les buscaba, les perseguía y los cazaba.
Me pasé la mayor parte de la película con los ojos cerrados y cogiéndole con fuerza la mano a Max. Sabía que estaba disfrutando con aquello y que de haber sido por él, habríamos visto la película mil veces más.
-Ahora ya sé como retenerte.- me susurró cuando ya faltaba poco para el final.
-Se suponía que no debías conocer mis debilidades.
-Bueno, tu ya conoces algunas de las mías.
-Si. Tu familia.
-Y tú…
Me acerqué más a él y aunque mantenía los ojos cerrados, sabía que no podía ocurrirme nada malo estando a su lado.
Al salir de la sala tanto Tess como yo temblábamos de arriba abajo, y nuestros chicos reían a carcajadas (¡Que graciosos!)
Esta vez, los cuatro volvimos al parque de Max. Después de nuestra reconciliación ya no le importaba compartirlo también con ellos, pues había sido gracias a ellos que ahora volvíamos a estar juntos.
Paseamos por el puente deteniéndonos sobre este para mirar nuestro reflejo en el agua.
-Cuesta creer que sea una noche normal y corriente.
-Cuesta creer que estemos los cuatro juntos y que al final vayamos a quedarnos a vivir aquí.
-Quien lo iba a decir. Vinimos para huir un poco y no vamos a volver.
-Supongo que lo mejor es no pensarlo. Disfrutemos de lo que tenemos ahora y nada más.
-Me parece bien. ¿Qué os apetece hacer ahora?
-Quiero un helado gigante.
-No se porque me molesto en preguntar...- dijo Max poniendo los ojos en blanco.
-Vamos- le cogí de la mano y empecé andar a toda velocidad hasta la heladería más cercana.-Veamos... ¿de que lo quiero?
Seguro que alguna vez habéis visto alguna película en la que algún niño pone las manos sobre los escaparates mientras mira atentamente lo que hay en el interior. Pues yo estaba igual. Además, se me hacía la boca agua.
Max se me acerco al oído poniéndome la piel de gallina con lo que me dijo.
-¿Qué te parece si te unto de helado para comerte después?
-Por favor...- dije tragando saliva y hablando con la dependienta.- ¿Tiene tarrinas grandes?
-¿Así de grande?- dijo enseñándome una casi tan grande como mi cabeza.
-Perfecto.
-¿De que sabor?
-Nata- respondimos Max y yo a la vez.
-¿Estas pensando lo mismo que yo?- le preguntó Luke a Tess.
-Me parece que empieza a caldearse el ambiente.
-Me dan un poco de envidia.
-Y a mí.
-¡Otra por favor!- pidieron a la vez.
De vuelta a algún otro lugar, y cargados con dos tarrinas enormes de helado, nos sentamos en un parque.
-¿Y ahora qué?- preguntó Luke.
-Propongo algo... – respondió Tess mientras buscaba algo en su bolso.
Poco a poco fue sacando unas esposas de pelo azul del interior.
Max y yo sonreímos. Era tentador. Y Luke... el pobre se quedó sin palabras, aunque fue rápido. Cinco minutos después de aquello, ambos se habían despedido dejando una nube de humo detrás suyo.
-¿Y bien?- me preguntó mi chico.
-Vayamos a comernos nuestra tarrina, ¿no?
-Uff...
No tuve más remedio que reírme y dejarme llevar hasta su casa.
Cuando llegamos, intentamos hacer el menor ruido posible, pero Meredith se había levantado a beber agua y nos sorprendió en la cocina mientras buscábamos dos cucharas a oscuras.
-¿Qué hacéis?- preguntó bostezando y frotándose los ojos.
-Max ha cumplido su promesa y nos ha comprado un helado. Mira- dije enseñándole la tarrina.
-¡Genial! ¿Puedo comer un poco?
-Ahora no. Espérate a mañana.
-Vale. Buenas noches.
-Estamos salvados.- susurró cuando volvimos a estar a solas.
-Si, ahora vayamos a probar si esta bueno...
Clarise, a diferencia de Meredith, había tardado más en dormirse que de costumbre.
No dejaba de recordar lo ocurrido durante el día.
Jack había ido a recogerlas puntualmente en su coche familiar, algo que le sorprendió pues era soltero, pero antes de que pudiese decirle nada, él se adelantó y le explicó el porque.
Simplemente quería formar una familia, y como no tenía tiempo para conocer mujeres pues al menos el coche le daba seguridad.
-Seguro que hay mujeres muy guapas en el hospital. Alguna tiene que haber que te haya gustado.
-Si. La hay.- pero no dijo nada más y ella tampoco se molestó en preguntar. En realidad, prefería no hacerlo.
El día les había pasado como si nada y no se dejaron nada a lo que subir o nada que ver.
Podía decirse que parecían una familia feliz. Además, Meredith y él se llevaban de maravilla. Y si...
Se obligó a si misma a dejar de pensar en ello. Lo último que deseaba era enamorarse de nuevo y sin embargo le parecía tan bonito imaginarse a su lado.
Se dio la vuelta e intentó conciliar el sueño, pero era inútil. No dejaba de pensar en él.
¿Cómo podía ser que le hubiese vuelto a ocurrir? Se suponía que ya no sentía nada por él. ¿A que venía entonces aquella sensación de soledad ahora que estaba a solas en su cama? ¿Por qué apenas podía respirar cuando se había separado de él aquella misma noche?
Se incorporó de golpe y encendió la luz.
Oyó risas en la habitación de al lado y sonrió.
Descolgó el teléfono que había sobre su mesita de noche y esperó pacientemente a que quien contestase al otro lado no le diese tiempo a colgar.



Max estaba intentando quitarme la ropa mientras yo no dejaba de reírme porque tenía las manos heladas.
-Quieres hacer el favor de quedarte quieta un momento.
-Es que no puedo. Estas helado.
-Entonces no podré ponerte tampoco lo otro por encima, porque como está frío.
Dejé que me desvistiese aguantándome la risa, lo cual no era nada fácil.
Me encontraba totalmente a su merced, esperando a que me rozase o besase para dejarme llevar.
Para cuando lo hizo podía sentirme en una nube. Max siempre causaba ese efecto en mí.
El helado me erizó todo el vello del cuerpo, provocándome una excitación mayor de la que ya tenía.
Recorrió cada parte de mi cuerpo sin dejarse ni un solo centímetro para después pasarle la lengua...
Mejor voy a dejar esa parte en la imaginación de cada uno.
No cogía el teléfono. ¿Estaría ya durmiendo, o simplemente no quería contestar?
No era ninguna de las dos cosas. En realidad, después de dejarlas en casa, Jack fue con el coche hasta el puerto para admirar los barcos y el agua a oscuras. Necesitaba pensar.
Sabía que nunca había dejado de sentir algo por ella, que para él siempre sería el amor de su vida. La única con quien deseaba poder compartirlo todo.
Se pasó la mano por el pelo y encogió de frío. Sonrío con pesar. No tenía ningunas ganas de irse a casa a dormir por el simple hecho de no tener a nadie a quien abrazar o que le diese calor.
Se obligó a si mismo a volver al coche y ponerlo en marcha.
De camino a su casa, mientras esperaba a que el semáforo cambiase de color, golpeó varias veces el volante con los dedos siguiendo una música que solo podía escuchar en su cabeza.
Cuando el semáforo se puso verde para que pudiese seguir recto, dio un volantazo y giró a la derecha.
No sabía muy bien porque lo había echo. No tenía sentido. Ella no había sentido jamás nada por él que no fuese amistad. ¿Qué hacia entonces yendo a su casa? ¿Esperar ver luz en la ventana dándole a entender que tampoco ella podía dormir?
No llegó a pararse. Siguió calle abajo y condujo hasta su casa.
No miró el teléfono para nada hasta la mañana siguiente. Al ver la hora en la que se produjo la llamada cerró los ojos. En el fondo ya sabía que ella tampoco había podido dormir.


En cuanto a Max y a mí, la noche fue movidita y nos lo pasamos genial.
A las seis de la mañana me levanté para guardar el helado y hacer una visita rápida al cuarto de baño.
Encontré a Clarise en la cocina con una taza de chocolate caliente en las manos. Me ofreció una y esperó a que me sentase frente a ella para hablarme.
-¿Crees que es malo que pueda sentir algo por él?
-Creo solamente que sería malo si intentases evitarlo.
-¿Por qué rompiste con tu chico?- quiso saber. No me sorprendió como debía. Supuse que Max no le había contado toda la historia, así que yo lo hice.
Para cuando terminé incluso yo estaba sorprendida de todo lo que había vivido hasta el momento.
Bebí un poco de mi taza mientras observaba la reacción de Clarise que bebía de la suya posiblemente intentando mantener la mente en blanco.
Dejé mi taza sobre el mármol y me acerqué a ella para abrazarla.
Nos quedamos allí un buen rato hasta que empezó a salir el sol.
De vuelta a la habitación de Max, intenté hacer el menor ruido posible, sobretodo a la hora de colarme de nuevo en la cama.
Creo que solo cerré un momento los ojos y al momento noté que Max se movía a mi lado.
No había podido sacarme de la cabeza mi conversación con su madre.
Debía borrar aquellos pensamientos al menos de momento. No quería que mi chico pensase lo que no era.
-¿Qué tal has dormido?
-De maravilla. Y el despertar es aun mejor- me atrajo contra su cuerpo rodeándome con los brazos y las piernas y me besó el cuello.- ¿Qué quieres hacer hoy?
-Me pasaría el día entero en la cama calentita.
-Mmmm... interesante idea. Me gusta.
-Ya se que te gusta. Tengo más...
-¿De verdad? Cuéntame.
-¿Qué tal si vemos una peli todos juntos?
-Si están de acuerdo, a mi me parece bien.
-Genial.- en cuanto comentamos la idea a todos les pareció una buena idea, sobretodo a Meredith, porque decía que hacía tanto frío en la calle que no creía ni que pudiese salir para ir al cine.
Bueno, cuando digo todos, quiero decir que los padres no contaban.
Mis padres decidieron aprovechar y hacer una pequeña escapada por la ciudad y recorrer los sitios más románticos. A ellos parecía que les daba igual si nevaba o llovía.
La abuela de Max fue a reunirse con unas amigas suyas a las que hacia tiempo que no veía y en cuanto a la madre de Max, se escapó de nosotros para ir a reunirse con mi médico.
Estaba segura de que al final Clarise se había estado de tonterías y le había llamado.
Ambos eran unas personas increíbles y se merecían lo mejor.
Se reunieron en una cafetería en el centro de la ciudad. Cuando la madre de Max llegó, mi médico ya estaba allí esperándola.
-Espero no haberte echo esperar mucho.
-Tranquila, no hace mucho rato que he llegado. Temía llegar tarde.
-¿Has trabajado hoy?
-Si. Vengo del hospital. Me han tenido retenido más rato del que esperaba.
-Bueno, ahora ya estás aquí.
-Si- si hubiese estado escondida en algún lugar cerca de ellos, podría confirmar lo que me imagino. Seguro que ambos tenían cara de quinceañeros enamorados.- ¿Quieres tomar un café?
-Claro- entraron en el local y tomaron asiento. Se sentaron uno frente al otro para poder mirarse mientras hablaban. La camarera les tomó nota y hablaron un poco de su época de estudiantes mientras no les servían.
-¿Por qué querías verme?
-Te eché en falta después de que te marcharás- no podía creer que esas palabras hubiesen salido de su boca.
-Y yo a ti. Y te eché en falta también cuando dejaste de estudiar. No era lo mismo llegar a clase y no verte. Fue toda una sorpresa.
-Siento que no te enteraras por mí. Debí decírtelo antes.
-No importa. Nos hemos vuelto a encontrar.
-Es cierto.
-No he podido evitar preguntarme si volverás a desaparecer. Sería la tercera vez, y creo que si lo hicieras de nuevo dejaría de creer que algún día nos volveríamos a encontrar.
-¿Es lo que has creído todo este tiempo?
-Si. Algo me decía que no perdiera la esperanza, y acerté.
-No puedo creer que hayas estado todo este tiempo esperándome.
-¿Qué otra cosa podía hacer? Te perdí el rastro. Ni siquiera sabía que te habías separado. Lo último que supe de ti es que estabas casada y embarazada por segunda vez.
-Reconozco que no hice bien las cosas.
-¿Por qué no acudiste a mi cuando te separaste?
-Tampoco sabía nada de ti. Además, solo tenía tiempo para mi familia. Tenía que sacarla adelante yo sola. Tuve suerte de contar con el apoyo de mi madre y de Max. No era más que un crío cuando su padre nos dejó y de la noche a la mañana maduró muchísimo. Se hizo cargo de su hermana como si fuera su propio padre.
-Tienes suerte de tener una familia así.
-¿Tú no llegaste a casarte?
-Me hubiese gustado. Pero la chica que me gustaba entonces dejó las clases para tener a una familia preciosa y aguantar un marido que terminó abandonándolos- llegados a este punto, nosotros (y cuando digo nosotros, me refiero a vosotros y a mí) ya sabíamos que la chica por la que estaba loco el médico en aquellos tiempos era la misma que se sentaba en aquel mismo instante delante de él.
-¿Tú querías estar conmigo?
-Si. Intenté reunir el valor para decirte lo que sentía, pero desapareciste y cuando volviste de nuevo a mi vida estaba confuso y no sabía porque mi corazón se aceleraba tanto. Después te fuiste de nuevo y ahora...
-¿Ahora qué?- el corazón se le aceleraba por segundos. Deseaba que dijese lo que tanto anhelaba escuchar. Conocer de pronto todo lo que Jack había sentido por ella la tenía en estado de shock, pero la derretía por dentro. Estaba sintiendo cosas que solo él había conseguido que sintiera. Ni siquiera el padre de los chicos lo había logrado.
-No sé que siento. Verte en el hospital me dejó tan sorprendido que no podía reaccionar y cuando después hablamos en la cafetería, sentí que no me había recuperado de la impresión.
-¿Quieres decir que ya no sientes nada por mí?
-Lo que quiero decir es que no sé que siento. Necesito tiempo para asimilar que has vuelto.
-Pero algo sentirás...
-No sé. Tengo la misma sensación que tenía la última vez que te vi. No sabía cuanto tiempo estaríamos juntos y sabía que algún día volverías a irte, del mismo modo que la primera vez.
-Entiendo...
-Dejemos mejor ese tema. Forma parte del pasado y ya fue bastante doloroso en su momento.- la madre de Max sorbió un poco del café que le habían traído mientras Jack hablaba. Sintió deseos de llorar, pero algo le decía que se contuviera, que las cosas se arreglarían.- ¿Cómo esta Alex?
-Muy bien. Tiene ganas de empezar a trabajar en una librería. Está muy contenta.
-Genial. ¿Y tus hijos?
-Ambos encantados con ella. Hasta mi madre, y siempre ha sido reacia con las novias de su querido nieto.
-Alex es buena persona y se ve que les quiere también mucho a los dos.
-Si, es verdad. Y su familia también es encantadora. Me siento orgullosa como madre de que Max haya tenido suerte al conocerla.
-Bueno, háblame de ti. ¿Ya te has decidido a volver a estudiar?
-Alex quiere acompañarme para asegurarse de que realmente me apunto. Además, creo que quiere ver si encuentra algún curso de escritura creativa.
-Eso sería estupendo.
-Si...- volvió a beber un poco más de café. Ojalá que Jack recupere sus sentimientos hacia mi, pensó.

-¿Qué película queréis ver?- preguntó Tess.
-Tiene que ser una que yo también pueda ver- respondió Meredith.
-Pues elige tu princesa. ¿Cuál te gustaría ver?
-Mmmm..... creo que ya lo sé- se levantó del sofá y corrió hasta su habitación. Volvió al cabo de poco rato con un dvd en la mano.- ¡Tachan!
-¡Ah! Me encanta. Yo voto por esta.- dije toda convencida.
-¿Qué peli es?- preguntó Max lleno de curiosidad.
-¡La Cenicienta!- dijeron al unísono Josh, Tess y mi hermana. ¿Tan evidente y poco previsible era?
-Impresionante...- dijo Max.- ¿Cómo lo sabíais?
-Es fácil. Es su película favorita desde que era niña.
-¿Así que hay cosas de ti que aun no sé?
-Hay muchas cosas de mí que no sabes...- añadí en tono misterioso aunque todos rieron, noté que a Max le preocupaba algo, ¿pero el qué?- ¿Te pasa algo?- susurré. Meredith puso la película y se sentó junto a mi hermana que sujetaba el cuenco de palomitas.
-No es nada.- pero me mentía. Estaba segura de que había algo que
no quería decirme.
Cuando hacía ya un buen rato que la película había empezado, se acercó a mi oído y susurró << ¿No crees que mi madre se arreglado mucho para salir?>>
No sabía si decirle la verdad. Pensaba que lo mejor era que su madre se lo dijese personalmente. Opté por quitarle importancia.
-No me he fijado. Seguramente habrá quedado con alguna amiga.
-Tienes razón.- respiré aliviada. Esperaría a que llegase su madre para hablar con ella, y contarle lo ocurrido.

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