jueves, 8 de diciembre de 2011

Capítulo 12

Cuando terminaron ambos quedaron exhaustos sobre la cama.
Ninguno sabía que decir, aunque para los dos era evidente que ya no había marcha atrás. Lo habían echo y habían empezado de nuevo. Ahora les quedaba mucho por lo que seguir adelante.
Jack se volvió para mirarla al ver que ella no podía dejar de reír.
Sabía que estaba feliz, al igual que él. Se apresuró a abrazarla y a besarla para que ella supiese que la quería.
- ¿Y ahora que?
- Ahora seguiremos adelante con lo nuestro si estas de acuerdo.
- Lo estoy- volvieron a besarse y a plantearse la posibilidad de levantarse para terminar de preparar la cena y comer algo.
Jack le dejó una de sus camisas viejas para que no fuese incomoda con el vestido y unas zapatillas.
Con ese atuendo daban ganas de volver a hacerle el amor y tuvo que hacer un gran esfuerzo por contenerse mientras terminaban de hacer la cena.
Cuando por fin se sentaron a cenar, prácticamente ni hablaron.
Ambos estaban muertos de hambre.
Ya a punto de terminar, mientras Jack servia algo de postre, le preguntó aquello a lo que tantas vueltas le había dado durante la cena.
- ¿Vas a quedarte conmigo esta noche?
- No se Jack. No había pensado en que iba a ocurrir nada de esto. Además no he traído nada que ponerme.
- Yo creo que lo que llevas te queda perfecto.
- Pero no puedo salir con esto a la calle.
- ¿Y si hacemos una escapada a tu casa, coges lo que necesites y volvemos?
- ¿Te has vuelto loco?
- ¿Qué me dices?
- Tardo dos minutos en cambiarme.- fue a la habitación, recogió la ropa que llevaba al llegar para ponérsela y regresó a la cocina con él.
- Caray. Creí que no lo decías en serio.
- ¿Me estás tomando el pelo?
- Claro que no. Voy a por las llaves.


Max y yo nos habíamos levantado muertos de hambre y de sed. Oímos la puerta mientras preparábamos unos sándwiches. Ambos aguzamos el oído y nos encontramos cara a cara con Clarise, quien era evidente que no serviría nunca como ladrona.
- Menudo susto me habéis dado.
- Pensábamos que ya no ibas a venir.- le dije mientras acabábamos de hacer lo que habíamos empezado.
- Por eso he venido. Tengo que coger un par de cosas.
- ¿Vas a dormir con Jack?- esta vez fue Max quien preguntó, hasta que se dio cuenta de a quien se lo estaba diciendo.- No puedo creer que este teniendo esta conversación.
- No le hagas caso. ¿Dónde está?
- En el coche a punto para una huida rápida.
- Que bien. Pásatelo genial.- le di un beso y un abrazo y seguí con lo mío.
- ¿Y tu Max? ¿No tienes nada más que decirme?
- No. Eres adulta y sabes lo que haces. Además, se que no tengo motivos para preocuparme.
- Gracias hijo.
- Y ahora ves antes de que Mer despierte..
- Hasta mañana.
Desapareció como el rayo mientras Max y yo no podíamos evitar reírnos de la situación.
Era curioso pero ninguno de los dos mentía. Clarise se merecía lo que le estaba ocurriendo después de todo lo que había vivido. Además, su amor había sobrevivido a otras relaciones y por fin estaban juntos. Aquello era lo que realmente importaba.
Clarise me contó más adelante que lo ocurrido con Jack aquella noche le había abierto los ojos de un modo al que no pensó alcanzar nunca.
- Perdí la esperanza hace tiempo. Jack me ha devuelto la alegría y las ganas de amar. ¿Qué más podría desear?- esas fueron sus palabras.


Faltaban dos días para navidad y me moría de ganas de abrir mis regalos. La impaciencia me mataba. ¡Que llegue ya el día!
Claro que también deseaba que los demás abriesen los que yo había comprado para ellos.
Decidimos que lo celebraríamos en la mansión. Todos juntos. Familia, amigos, y el personal que trabajaba en ella.
Un día antes de la cena, mi madre dijo que quería hacer una salida únicamente de chicas y ninguna podía echarse atrás.
La única que consiguió salvarse fue Isabella, pero las demás nos lo pasamos genial. Incluso la madre de Max.
Aquella noche mi madre y Clarise se hicieron inseparables.
Beth conoció a un chico guapísimo que estaba allí pasando las vacaciones de navidad con sus padres pero que en realidad vivía en nuestra misma ciudad.
Creo que el chico le dio su teléfono por si ella quería quedar alguna vez puesto que Beth aun no tenía teléfono propio.
Estuvieron todo el rato juntos hasta que tuvo que marcharse con sus padres que habían ido hasta allí con él.
Después de eso mi hermana no parecía la misma.
Daba miedo pensar que ya se estaba haciendo mayor y casi podía decir que sabía lo que sentía mi madre. Apuesto a que conmigo le pasó igual.
Pensar en que alguien a quien quieres y que has cuidado y protegido desde pequeña de un día para otro deja de ser una niña y pertenece a otra persona es aterrador.
Mamá estaba pasando eso con Beth y lo pasó con tía Brittany y conmigo.
No quería ni pensar en lo que debía sentir.
- Creo que me he enamorado.
Tess y yo nos echamos a reír. Era como si hubiésemos vuelto atrás en el tiempo y estuviésemos en su lugar.
¿Cuándo fue la primera vez que una de nosotras dijo lo mismo?
Aquella noche tuvo algo especial. Bailamos, nos reímos, cenamos juntas, volvimos a bailar. No sabíamos cuando podríamos volver a hacerlo de nuevo.
Aquella noche recuperamos parte de nuestra niñez, y vivimos una vida adulta al mismo tiempo. No se si me entenderéis cuando leáis esta parte. Resulta un poco confuso.
El caso es que hacia tiempo que no me sentía tan bien conmigo misma. Me sentía capaz de todo. Incluso canté en un karaoke. De pena, pero lo hice.
Creo que no me dejarán entrar una segunda vez. Habrá que probarlo…
De vuelta a casa, tuvimos que arrastrar a Beth por las calles de Italia. La pobre no podía con su alma de lo cansada que estaba.
Sin saber como aparecimos donde Max y yo nos tomamos el chocolate caliente la noche anterior.
No se porque, pero no pude evitar mirar hacia ambos lados por si el chico misterioso aparecía. Me fastidiaba que él supiese cosas de mí y yo nada de él.
Quizá él también era paciente de Jack. Quizá se lo preguntase si alguna vez volvía a verle.
Esperamos a que mi madre y Clarise volviesen con chocolate caliente para todas para sentarnos en un banco a tomárnoslo tranquilamente. Entonces le vi.
Los pies me llevaron prácticamente solos hacia él.
- ¡Espera! ¡Por favor!- se volvió hacia mi y me sonrió.
- ¿Te lo has pensado mejor?
- No es eso.- podía sentir su decepción- Sentía curiosidad. No se nada de ti y parece que tu me conoces más de lo que me atrevo a admitir.
- Me llamo Stephan. Si te lo preguntas y creo que ya lo has hecho, soy paciente de Jack. Un día, me pidió que le acompañase a hacer una última visita antes de irse a casa. Iba a ver a la princesa durmiente.
- ¿Así me llamaba?
- Si. Me dejó entrar con él. Aun no comprendo el porque quería que te conociese. Supongo que quería darme esperanza. Me contó lo que te había ocurrido y la de gente que iba a verte todos los días para pedirte que despertaras. No pretendo asustarte con lo que te voy a decir, pero puesto que has preguntado, creo que debo decírtelo. Todos los días intentaba escaparme un poco para ir a verte. Solo lo conseguí la mitad de las veces que quería. Solo me acercaba a tu cama cuando no había nadie e intentaba marcharme antes de que regresaran. Hablar contigo me daba fuerzas. Me sinceré contigo como no lo había echo nunca con nadie, ni siquiera conmigo mismo.
- ¿Por qué no puedo recordarte? Recuerdo todo lo que me decían mientras estaba inconsciente.
- No lo se, pero quizá ese sea el motivo por el que nos hemos encontrado. Hay algo especial en ti. Es algo evidente a simple vista. Me encanta comprobar que eres tal y como te imaginaba.
- ¿Por qué estabas en el hospital?
- Un accidente.
- ¿Qué pasó?
- Salí por ahí con un amigo y los frenos del coche fallaron. Ya le había dado algunos problemas pero acababa de sacarlo del taller y si añadimos las nevadas...
- ¿Os resbaló el coche?- pensé en que años atrás a mi madre le había pasado lo mismo. Suerte que no fue nada.
- Tengo muy pocos recuerdos de aquel día. Perdí el conocimiento y desperté una semana después en una cama del hospital.
- ¿Y tú amigo?- aunque ya podía imaginarme la respuesta.
- Murió. Jack dijo que fue al momento. Se partió el cuello.
Mi reacción fue instantánea. Le abracé con lágrimas en los ojos. ¿Y si le hubiese ocurrido algo parecido a alguien cercano a mí?
- Perdona. Es duro.
- Debió serlo para ti. Soy yo quien lo siente.
- Me alegra que me hayas abrazado.- me separé de él completamente ruborizada.
Casi olvidaba que me estaban esperando, pero lo cierto es que me hubiese quedado allí hablando con él toda la noche.
- Tengo que irme.
- Me hubiese gustado que me detuvieras por algo más.
Le besé en la mejilla y me alejé. Se aun sin volverme que se quedó allí un rato más viéndome marchar.
Mi madre me preguntó con la mirada. No fue necesaria una respuesta.
Aun después de meterme sola en mi cama de la mansión, no dejé de pensar en lo que Stephan me había contado.
Di vueltas y vueltas sin conseguir conciliar el sueño.
Encendí la luz de la mesita de noche y cogí el teléfono. Solo hicieron falta dos palabras.
- Te necesito.
Media hora después, Max aparecía por la puerta. Le conté lo ocurrido, mencionando sobretodo la conversación entre Stephan y yo.
Pensé que se enfadaría conmigo por no haber podido dejar de pensar en él, pero en lugar de eso, le dio la razón a Stephan respecto a lo especial que decía que era.
- Tú no eres consciente de ello y la verdad es que ya va siendo hora de que abras los ojos en ese aspecto.
- ¿Y ahora que?
- ¿Quieres que me quede contigo?
- Me gustaría.
- ¿Aunque deje de ser una noche solo de chicas?
- Ha dejado de serlo hace ya un buen rato- le besé del modo más dulce y tierno del que me vi capaz.
Max lo era todo para mí. Yo lo sabía, lo sentía y no tenía ninguna duda acerca de ello. Le amaba.


- ¿Qué tal vuestra escapada?- les preguntó mi padre a mamá y a Beth durante el desayuno.
- Me parece que no te gustará saber que nuestra hija pequeña se ha enamorado de un chico que conoció anoche y que Alex esconde algo.
- ¿Debo preocuparme?
- No he sentido nada raro y creo que Beth tampoco- de todos modos mi hermana tenía la cabeza en otra parte. No dejaba de darle vueltas al papel con el número de teléfono de aquel chico.
Estaba deseando que llegase la noche siguiente para darle su regalo.
Max y yo bajamos a desayunar poco después y debo admitir que ver a mi hermana de aquel modo me destrozaba, así que aproveché un momento en el que iba a su habitación para hablar con mis padres.
- ¿Os parece bien si le adelanto ya las navidades?
- ¿Crees que es buena idea?
- Nunca la había visto así. Además, se lo ha ganado.
- Entonces tu misma cariño. Ve a dárselo.
- Gracias.- subí corriendo a mi habitación y abrí el armario. Cogí su regalo y casi me choqué con Max al salir de la habitación.- Perdona.
- Voy a irme a casa. Quiero cambiarme de ropa y darme una ducha. También me quedan algunos regalos para envolver así que aprovecharé.
- Vale. ¿Te llamo más tarde?
- Perfecto- me besó y cogió la chaqueta para marcharse. Al llegar al
umbral de la misma puerta de la habitación dio media vuelta y volvió a besarme. A veces era como un crío, pero a mi me encantaba.
Le vi bajar las escaleras y salir por la puerta y entonces fui a ver a Beth.
Llamé a la puerta y esperé a que me diese permiso para entrar.
- Ya imaginaba que serias tú.- la encontré tumbada sobre la cama aun dándole vueltas al papelito.
- ¿Qué te pasa?- me senté a su lado dejando la bolsa disimuladamente en el suelo.
- No dejo de pensar en él. No se como explicarlo pero se que no debo dejar pasar esta oportunidad.
- Entiendo como te sientes.
- Es la primera vez que me siento así.
- Lo se, por eso creo que debes hacer algo.
- ¿Y que hago?
- ¿Porque no le llamas y quedas con él?
- ¿Y si tenéis que localizarme para algo como lo haréis? Ya estoy harta de llevar el teléfono de mamá o el de papá.
- Tienes razón. Es un rollo. Quizá si tuvieses uno para ti…
- Ya, pues no lo tengo. Creo que tendré que esperar a poder comprármelo
yo misma. A este paso no me lo regalaran nunca Alex. También tu tuviste que esperar.
- Es verdad. Bueno yo ya hablé con ellos y creo que los tengo medio convencidos.
- Pero no del todo.- se cruzó de brazos y se puso de morros.
- Cierto. Quizá debería llevarme esto hasta que les convenza del todo- dije
enseñándole la caja, que ni siquiera me había molestado en envolver dispuesta a marcharme.
No hace falta decir que se le pasó el enfado de golpe y que se abalanzó sobre mi para arrebatarme la caja.
- ¿Es lo que yo creo?
- Si, lo es. Te lo he adelantado un día.
- Gracias- se me lanzó al cuello para abrazarme.- Eres la mejor hermana del mundo.
- Cierto, y no tienes ni idea de lo que me ha costado no decirte nada. Hace meses que deseo que llegue navidad para dártelo.
- ¿Me ayudas a ponerlo en marcha?
- Claro.- volví a sentarme junto a ella y la ayudé a configurarlo. Decidí
dejarla a solas en cuanto empezó a marcar el número del chico. Por si acaso, me guardé su número de móvil en la memoria del mío. No dejaba de ser mi hermana pequeña. Al salir de la habitación, me sonó el teléfono.
- ¿Diga?
- ¿Puedes escaparte un rato?
- ¿Jack?
- Me debes un café, ¿recuerdas?
- Voy para allá. ¿Dónde estás?
- En el hospital. Salgo ahora mismo. Mejor paso yo a buscarte.
- Vale. Estoy en la mansión.
Esperé a que viniese después de avisar a todos que no iba a ir a comer y con quien iba a estar.
Me subí al coche de Jack deseando que tuviese la calefacción al máximo, ya que hacia un frío que helaba la sangre.
- Espero que no hayas comido Alex. Podría comerme un buey entero.
- De todos modos ya había avisado de que no iría a comer así que podemos ir y ya nos tomaremos el café después. Además, también hay algo de lo que quiero hablarte.
- ¿Ha pasado algo?- me miró preocupado al detenerse en un semáforo.
- Es solo curiosidad.
- Vale, esperaré a que estemos comiendo.
Llegamos a una cafetería poco tiempo después. Pensé en lo pequeño que era el mundo.
Tomamos asiento y esperamos a que nos trajesen la carta antes de decir nada.
Jack debió sentir que no dejaba de mirarle ya que sin más dejó la carta sobre la mesa y se cruzó de brazos
- Esta bien. ¿Qué es lo que te pasa?
- ¿Conoces a un tal Stephan?
- ¿Alto y guaperas?- asentí.- Fue paciente mío casi el mismo tiempo que tú. Un accidente de coche.
- Lo se. Le he conocido.
- ¿Cómo?
- Se me presentó la otra noche mientras estaba con Max. De echo- me acerque un poco más a él y se lo susurré.- me pidió salir.
- ¿Hablas en serio?- me sorprendió el modo en como me miró, sin embargo no le di ninguna importancia.
- ¿Bromearía yo con algo así?
- Siento decírtelo pero si.
Hice una mueca. Ya había aprendido a conocerme.
El camarero se nos acercó para tomar nota. La verdad es que estaba hambrienta y por lo que pidió Jack, estaba claro que no exageraba.
- ¿No tienes nada que contarme?
- ¿Sobre Clarise? Supongo que si. A menos que tengas algo más que decirme.
- Creo que no. ¿Y bien?
- Estoy enamorado de ella. Siempre lo he estado. No me ha servido de nada el tiempo que ha pasado desde la última vez. Sé que es con ella con quien debo estar.
- Me alegra oírlo.
- ¿Hay algo más acerca de Stephan que no me has dicho?
- Hay algo en él que me atrae. No se como explicarlo. No me asustó cuando me dijo que había estado yendo a escondidas a mi habitación para hablarme.
- Estoy seguro de que vio algo en ti. No sabría decirte que exactamente pero podría apostar mi vida en ello.
- Eso no será necesario.
Atacamos el primer plato prácticamente antes de que terminaran de servirlo.
- ¿Crees que debería regalarle algo a Clarise para estas fechas?
- No lo se. ¿Crees que debes hacerlo?
- Es algo que me gustaría.
- Lo importante es que desees hacerlo. Si lo deseas, hazlo.
-De echo- dijo sacándose una cajita de la chaqueta- ya le he comprado algo.
- ¿Es lo que yo creo?
- No. No es un anillo- abrió la caja y dentro había una bonita cruz de plata.
- Es preciosa.
- Recordé que siempre le habían gustado y se que no se decide nunca a comprársela. Es así de indecisa desde que la conozco.
- Le va a encantar.
- Gracias Alex. Tú opinión vale mucho para mí.
- No tienes porque dármelas.
- ¿Qué le has comprado tú a Max?- empecé a reírme y volví a acercarme a él. Esta vez más que antes. Le hablé al oído lo suficientemente claro y bajito para que solo él me oyese y me entendiera. Me reí de nuevo cuando al apartarme, vi que tenía los ojos abiertos de par en par.
- ¿Sorprendido?
- No sabes como me gustaría verle la cara cuando se lo des.
- Y yo. Te lo aseguro.
En realidad no era nada del otro mundo, pero si era algo que yo deseaba. Desde hacia tiempo que planeaba que ocurriese, salvo que con todo lo del accidente lo olvidé.
La cuestión era, que al final me había decidido a comprarlas y me moría de ganas de estrenarlas.
No era otra cosa que unas sencillas esposas cubiertas de pelo. Había pensado incluso hasta donde iba a atar a Max. Tess me lo recordó cuando ella misma nos las enseñó.
La otra parte del regalo era ropa interior comestible. Ya se que pensaréis que soy una pervertida, pero ¿no haríais vosotros lo mismo si tuvieseis la oportunidad?
En fin, si de algo estaba segura era de que nos lo íbamos a pasar genial jugando con ellas.
Cuando Jack me dejó en casa, pensé en que había alguien a quien deseaba ver, así que en lugar de entrar, seguí calle abajo.
Volví al lugar donde se suponía debía aparecer Stephan en algún momento. O eso esperaba al menos.
Esperé casi una hora y media. Antes de que pudiese reírme de mi misma por lo que estaba haciendo allí, apareció.
- ¿Qué haces aquí sola?
- Aunque te parezca mentira, te esperaba.
- Lo se.- le miré sin comprender. ¿Qué me había perdido?- Después de nuestra última conversación, pensé que te habías quedado un poco preocupada, y acerté.
- La verdad es que lo estaba un poco.
- Lo sabía- se sentó a mi lado a mirar las estrellas. Apenas se podía ver alguna, aun así el cielo estaba precioso.
- ¿Va muy en serio lo tuyo con el chico del otro día?
- Pues espero que si. Nada me gustaría más.- me volví hacia él esperando a que dijese algo más.
- Me alegro por ti. Parece un buen chico y creo que tu no lo has pasado demasiado bien en lo que al amor se refiere.
- He tenido mis momentos buenos y malos.
- Pero ninguno como el de ahora.
- Cierto. Supongo que no estaba destinado a ocurrir aun.
- ¿Crees en la magia?
- ¿En los trucos de cartas y esas cosas?
- No. En la magia entre dos personas.
- Si.
- Yo también- pero no dijo nada más y yo estaba muerta de curiosidad.
¿Por qué siempre me dejaba a medias?
Nos quedamos allí un buen rato, sin dejar de mirar el cielo. Aquello me relajó mucho, hasta el punto en el que cerré los ojos y respiré hondo.
A pesar del frío, se estaba bien en la calle, tan solo con la chaqueta y los guantes. Podía sentir mi cara fría aun sin tocarme y sabía que tenía las mejillas coloradas por el mismo motivo.
Stephan se volvió hacia mí, me sonrió y volvió a mirar el cielo.
- ¿Qué pasa?
- Nada- respondió sin mirarme.- Me gusta verte así. A mi es algo que me gusta hacer cada noche. Pensar que quizá no hubiese tenido la suerte de sobrevivir al accidente. Vivir un tiempo más me sirvió para conocerte.
- Ahora tienes toda una vida para conocer a más chicas y ser feliz con alguna de ellas.- Volvió a sonreírme. Me estaba desconcertando. ¿Qué pretendía?
- Tengo que irme. Gracias por este rato.
- Gracias a ti- le vi alejarse, esta vez sin volverse hacia mi.
Cuando llegué a la mansión, sonó mi teléfono. Estaba segura de que sería Max preguntándose donde me había metido. Podía oír desde el vestíbulo a mi madre viniendo hacia mí a toda prisa para interrogarme.
- ¿Diga?
- ¿Alex?
- ¿Jack?
- ¿Dónde estás?
- En casa.
- Tengo que decirte algo.
- ¿Ha pasado algo?
- En realidad si.- ¿Y si les había pasado algo a Mer, a Clarise o a Isabella? ¿O a Max?- ¿Recuerdas que hoy me hablaste de Stephan?
- Precisamente acabo de estar con él.
- Alex eso no puede ser.
- Acaba de ser hace poco.
- Te digo que no puede ser.
- ¿Por qué no?- mi madre ya había llegado hasta mi, seguida de todo el
mundo. (Papá, Beth, Josh, Tess, Luke y Max)
- Acaban de llamarme del hospital. Le han encontrado muerto en su casa.
Al parecer un paro cardíaco. Lleva muerto doce horas.
No podía reaccionar. Oía a Jack al otro lado pero no entendía lo que me decía. Empezó a nublárseme la vista hasta que lo vi todo oscuro.
Al despertar todo me daba vueltas. No podía creer en lo que me había dicho Jack, no podía siquiera ni imaginar que fuese cierto.
Sin saber como empecé a llorar. Me incorporé en la cama y rompí a llorar con todas mis fuerzas.
Alguien llamó a la puerta. Mi madre. Me dijo que Jack estaba fuera deseando hablar conmigo. Se había quedado muy preocupado cuando Max cogió el teléfono para contarle lo ocurrido. Había venido volando.
Me apresuré a abrazar a mi madre para contarle lo ocurrido.
Se tumbó a mi lado para abrazarme y acariciarme el pelo como solía hacerlo cuando era pequeña. Recordé una ocasión en especial.
El día de la muerte de mi abuela. El abuelo hacía menos de un año que también había fallecido y desde entonces que la abuela no era la misma.
Mi madre había llegado hacia poco de trabajar y papá, Beth y yo la esperábamos como siempre en el recibidor.
Cenamos todos juntos como cada noche. Mamá nos explicaba lo ocurrido durante el día, y nosotros tres hacíamos lo mismo.
Nunca olvidaré aquel día.
La abuela había llamado para decir que no vendría a cenar porque no se encontraba demasiado bien. Estaba cansada. Había trabajado todo el día en la floristería y no podía más con su alma. Aquellas fueron sus palabras.
- Dile a mamá que os lea un cuento a Beth y a ti. Prometo que mañana vendré.
- De acuerdo abuela. Te quiero. Buenas noches.
- Buenas noches Alex.
Mamá nos leyó el cuento, Beth se durmió y mientras yo intentaba hacer lo mismo, la vi de pie en mi habitación.
Me miraba con aquella mirada tan dulce que tenía y aquella sonrisa que me obligaba a sonreír a mi también.
Sin saber porque rompí a llorar. Mamá no sabía que me ocurría. Llamó a papá y ninguno de los dos supo como tranquilizarme.
Les conté como pude lo que había visto, pero cuando miré de nuevo había desaparecido.
Recuerdo que les supliqué que llamasen a la abuela o que fueran a buscarla. Al ver que no se me pasaba, papá cogió las llaves de casa de la abuela y las del coche.
Una hora más tarde sonó el teléfono. Mamá y yo estábamos de los nervios.
La abuela había muerto. Muerte natural.
Mamá me dijo más tarde que posiblemente había ido a despedirse de mi y que no me pusiera triste. Que estaba con el abuelo y de ese modo sería muy feliz.
Creo que a partir de ahí es cuando empecé a leer yo sola. A intentar aprender. No quería que nadie más que ella me leyese y al mismo tiempo deseaba poder leerle a mi hermana cada uno de los cuentos que ya me sabía de memoria.
En aquel momento me sentía igual que aquel día. Estaba segura de que Stephan había ido para despedirse de mí. ¿Por qué de mí?
Aquella noche, dormí abrazada a Max. No quería que me dejasen a solas.
No dormí en toda la noche, ni él tampoco. Eso sí, no me dejó ni un momento a solas. No dejó a mimarme, de abrazarme o besarme.
A la mañana siguiente, Jack tuvo que obligarme prácticamente a que tomase algo de comida y discretamente escondió un somnífero en mi bebida.
Creo que dormí dos días enteros y me desperté como nueva. Recordaba todo lo que había soñado. Soñé que Stephan y mi abuela me pedían perdón por haberme dado tal susto en su momento.
Yo no tenía nada que perdonarles, sino al contrario. Ellos debían perdonarme a mí por como había dejado que aquello me afectara. Ambos debían tener un motivo para despedirse únicamente de mí y yo les estaba agradecida por ello.
Desde el mismo momento en que comprendí aquello, ambos estaban conmigo en todo lo que yo hacía. Cada paso que daba. Podía sentirles a mi lado dándome su fuerza.
Jack me contó cuando desperté que nadie se explicaba el repentino ataque de corazón de Stephan. Sin embargo, no había otra explicación. Su corazón había dejado de latir, y yo me propuse que el mío latiese por ambos.
Ya que a causa de lo mío nadie había celebrado la navidad, aquella misma noche, del día en el que desperté, cenamos todos juntos y abrimos nuestros regalos.
Beth quiso contarme lo ocurrido con su fantástico chico. Según ella estaban medio saliendo y si las cosas cuando regresara seguían igual, lo formalizarían. Me alegré mucho por ella, a pesar de que me entristecía que creciese tan deprisa.
Mis regalos me encantaron, y por sus caras, diría que los suyos también.
Le dije a Max en el oído que su regalo no podía dárselo allí delante de todos, así que me dijo que no le importaba esperar.
Tal y como adiviné, mis padres me regalaron un portátil, desde donde estoy escribiendo todo lo que habéis leído hasta ahora. Pero eso ya vendrá más adelante.
Max me regaló unos pendientes preciosos que hacían juego con mi piercing, aunque vosotros ya lo sabíais...
Tess y Josh me regalaron un álbum lleno de recuerdos.
Y mis regalos también fueron especiales.
Vamos a ver...
El regalo de Max no cuenta porque ya sabéis que es.
A mis padres les regalé una estada de fin de semana en un balneario.
Beth ya había recibido su regalo, el cual no dejaba de usar para hablar con... ¿Ethan? Si, creo que se llama así.
Para Josh, Tess y Luke había comprado una placa para cada uno con inscripción incluida.
Y en cuanto a Meredith...
Me senté junto a ella delante del fuego y le entregué su regalo.
Lo abrió con mucho cuidado. Pensé que la emoción me podría y terminaría arrancando yo misma el papel.
Miró atentamente la portada y sus ojos se abrieron como platos. Pasó los deditos sobre su nombre y cuando me di cuenta ya la tenía sobre mí abrazándome.
- ¡Alex me encanta!
- Pero si aun no lo has abierto. No sabes lo que hay dentro.- Miró atentamente el regalo y lo abrió con cuidado, y para mi sorpresa abrió aun más los ojos.
- ¿Son los cuentos que te contaba tu abuela?
- Los mismos. Espero que te gusten.
- Claro que me gustan. Muchas gracias, de verdad. Ten- y me entregó su regalo.
Al abrirlo casi me eché a llorar. Mi abuela me regaló una igual cuando era pequeña, pero se me rompió y recuerdo que me puse muy triste. Apenas salía de mi habitación.
Abracé a Meredith con todas mis fuerzas. A pesar de cómo pueda sonar, era el mejor regalo que podían hacerme.
Para Clarise e Isabella no tenía nada pero ambas aseguraron que no les importaba. Ver la felicidad de Max y Mer cuando estaban conmigo era suficiente. Aun así, me propuse que les compraría algo el próximo año.
Jack si que tenía algo para Clarise, sin embargo, a parte del que ya sabéis.
Una escapada en barco. Finalmente se lo había comprado sin decirle nada y pensaba estrenarlo con ella. Además, lo había bautizado con el nombre de ella.
Y llegó fin de año. Al día siguiente nos volvíamos a casa para saludar a todos y pasar allí unos días. Me moría de ganas de que conociesen a mi chico y a Luke que nos había sorprendido diciéndonos que también se venía. Tess estaba encantada.
Beth también era una de las que tenía muchísimas ganas de volver para encontrarse con su chico. Ya habían echo planes y todo.
Cuando llamamos a todos para quedar en casa, tía Brittany insistió en tener una charla de “mujer” a mujer con Beth.
Seguramente solo querría cotillear un rato. Desde que empezaron a gustarme los chicos que le encantaba hacerlo. Sean, su novio desde hacia los mismos años que yo tenía, se burlaba de ella diciéndole que su vida se había vuelto aburrida. Aunque no fuese cierto.
De hecho, habían ganado más de cuarenta concursos de baile, y aun tenían tiempo para encargarse de un taller y de un restaurante.
No habían tenido hijos pero eran muy felices juntos. Su historia también había sido muy bonita.
Volver era increíble, pero estábamos enamoradas de Italia, y cuando ya llevábamos allí unas horas, solo queríamos regresar.
Por la noche, Tess y yo planeamos algo. Organizamos un picnic nocturno en el rio y todo fue perfecto. Allí me prometí a mi misma que haría feliz a Max para siempre.
Tumbados en el césped, mientras mirábamos las estrellas supe que aquello no era más que el principio de todo lo que aun nos quedaba por vivir. Me volví hacia ellos quienes a su vez me devolvieron la mirada y sonreímos. Ellos pensaban igual que yo.
A la mañana siguiente había quedado con Zack para verle antes de volvernos a Italia y así de paso conocer personalmente a Sophie.
Cuando les vi llegar no sentí nada salvo felicidad quizá al ver que él estaba bien.
Nos pasó la tarde como si nada. Max había venido conmigo y esta vez no hubo tensión por parte de nadie. Estábamos con quien realmente deseábamos estar y mientras eso nos hiciese felices lo demás no importaba.
En un momento en el que Sophie y Max fueron a jugar a dardos, le conté a Zack lo ocurrido con Stephan. A pesar de que ya hacia unos días, no había conseguido olvidarme de él.
- Es normal que te ocurra eso. Recuerda que cuando ocurrió lo de tu abuela estuviste mucho tiempo pensando en ello.
Yo aun no conocía a Zack en aquellos tiempos, pero en una de nuestras conversaciones antes de el fin de semana de la acampada, se lo conté.
No entendía muy bien porque elegí aquel momento para hacerlo, pero necesitaba explicárselo a alguien. Zack dejó de meterse conmigo para escucharme y darme su apoyo. Aquello terminó de convencerme de lo mucho que lo amaba.
- Lo se. Es solo que no termino de entender porque yo.
- Si él te dijo que había estado yendo a verte cuando estabas en el hospital es porque debió ver algo en ti que no encontró en nadie más.
- ¿Tú crees que es por eso?
- Nunca te he contado esto porque me daba mucha vergüenza, pero lo cierto es que cuando te conocí y me hablaste por primera vez me sentí distinto. De ser siempre un pasota al que no le importaba nada ni nadie pasé a ser alguien que intentaba por todos los medios encajar para que tú te fijaras en mí.
- ¿Es por eso que el día en que nos encontramos que ibas con tu madre ella me dio las gracias?
- Si, aunque por un momento tuve miedo de que le preguntases el porque o peor aun que ella te lo contase.
- Quizá hubiesen sido distintas algunas cosas.
- Si, pero tú tenías razón. No debíamos haber empezado. Ambos debimos darnos cuenta en un principio de que habían cosas que no tenía sentido empezar.
- Tienes razón, aunque fue divertido intentarlo.
- Totalmente de acuerdo.
- ¿De que habláis?- pregunto Sophie cuando regresaron a la mesa.
- Alex me comentaba que esta muy contenta con lo de su nuevo trabajo- respiré aliviada. Menos mal que me había encubierto. Max creía que ya había dejado de pensar en ello y no quería que pensara lo que no era.
- Tiene que ser emocionante trabajar con algo que te apasiona.
- Si es solo la mitad de increíble de lo que imagino ya me conformo. Estoy deseando empezar ya.
- ¿Y tú que Max? ¿Buscarás algún trabajillo por ahí?
- Seguramente, además Alex quiere compaginar el trabajo con el curso de escritura creativa al que quiere apuntarse- al final ni Clarise ni yo habíamos podido ir con todo lo ocurrido pero tal y cuando regresara iría sin falta aunque mejor si primero me enteraba del horario que iba a hacer en la tienda y después ya miraría como podía compaginarlo con las clases.
Terminamos de tomar nuestras bebidas y nos despedimos. No sabíamos
cuando volveríamos a vernos. Abracé a Zack muy fuerte. Iba a echarle mucho de menos.
Cuando volvíamos a casa, Max me preguntó por la conversación que había tenido con Zack.
- Ya lo has oído. Le comentaba lo del trabajo.
- Alex no soy idiota. Se que hay algo que no me estas contando por miedo a que me enfade o me preocupe. Dime que es.
- No he podido dejar de pensar en Stephan. Creí que se me había pasado, pero cada vez que cierro los ojos le veo. Intento comprender que fue lo que vio en mí y que es lo que todo el mundo ve.
- Creí que habías aceptado el hecho de que eras especial.
- ¿En que sentido lo soy? ¿En que puedo ver y hablar con la gente que muere?
- No, es el hecho de que esas personas vengan a despedirse de ti. Significa que has sido tan importante para ellas que quieren que sepas que aunque no estén, no van a olvidarte.
- ¿Estás seguro de lo que me estas diciendo?
- Lo estoy tanto como de lo mucho que te quiero.
- Gracias por decirlo.
- Hay una cosa más Alex.
- ¿El que?
- No quiero que me ocultes las cosas. Es normal que me preocupe si te ocurre algo o te veo triste. Quiero que sepas que puedes contar conmigo siempre que quieras porque una relación no es nada si no confiamos él uno en él otro.
- Lo se y te pido perdón. Temí que te enfadarás conmigo por seguir pensando en él.
- No quiero que me tengas miedo Alex. Eres demasiado importante para mí para arriesgarlo todo de nuevo.
Dormí abrazada a su lado, sintiéndome protegida y mejor aún, amada.

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