- ¿Qué quiere decir que no está en su habitación?- preguntó mi amiga paseándose de un lado al otro del pasillo.
- Pues justo eso. Max y yo estábamos con ella hasta hace una media hora que fuimos a la cafetería. La dejamos durmiendo. Cuando volvimos no estaba.
- Quizá la han llevado a hacerle algunas pruebas.
- No Beth. La ropa que había en el armario no está. Se ha ido,- Josh miró en la mesita y encontró lo que buscaba- aunque no muy lejos. Alex no se iría dejando esto aquí- mostró a mi hermana la libreta con los cuentos escritos en borrador.
- De acuerdo. ¿Y entonces donde está?- Max estaba a punto de volverse loco.
- Estoy aquí- estaban todos en la habitación incluso mis padres, que por como me miraron, me sentí de nuevo como una niña indefensa.
- Cariño, ¿dónde has estado? Nos tenías a todos preocupados.
- Estoy bien mamá. Solo salí a dar una vuelta con Jack.
- ¿Quién es Jack?- olvidé que la mayoría de ellos le conocían por Dr. Sullivan.
- Es mi médico papá- me acerqué a la ventana y me volví hacia los demás.- ¿Os importa salir un momento de la habitación?- Poco a poco, se fue vaciando. Max me miró sin decir nada antes de darse la vuelta para irse pero le detuve.- Quédate por favor. Quiero que hablemos.
- Me asusté. Cuando volví y vi que no estabas pensé que te habrías marchado.
- ¿Creíste que me había ido con Zack?
- ¿A que viene eso?- se acercó a mi sin comprender de lo que estaba hablando.
- Te escuché hablando con Luke. ¿Cómo puede ser que aun tengas dudas?
- Alex no sé que decir. Lo siento pero no puedo evitarlo.
- ¿No confías en mí?
- No entiendo como me dices eso.
- Es la verdad. ¿Por qué no confías en mí?
- No es de ti de quien no me fío.
- Antes de que sigamos adelante quiero decirte algo más.
- Tú dirás- se sentó en el sillón y me miró dispuesto a escucharme.
- Quiero que me digas si esta situación va a cambiar porque sino...
- ¿Sino que?- no pude contener de nuevo las lágrimas.
- Me volveré a casa.
- No puedes hacerme eso Alex.
- Al menos yo soy sincera.
- No puedes irte Alex. No me dejes...- volvió a acercárseme y se arrodilló delante de mí. Se abrazó a mi cintura y lloró, como si de un niño se tratara. Tardó en serenarse. Verle de aquel modo me conmovió en lo más hondo. Seguía confundida y no sabía que era lo que debía hacer a continuación.- Me gustaría no sentir este miedo, pero te juro que quiero que desaparezca y de este modo que podamos ser felices.
- Yo soy feliz contigo. ¿No entiendes que es por ti por lo que sigo en Italia? ¿Qué mi estancia aquí depende únicamente de lo nuestro? No me importan esas malditas clases. Ya no. Y aunque el trabajo en la librería es una de las cosas más importantes que me pueden suceder, tu sigues siendo lo primero. Es precipitado lo que nos pasa y es normal que tengas dudas, pero no sobre algo que terminó. Zack y yo somos amigos y quería contarte que hablé antes con él y que esta todo bien entre nosotros. Él rehará su vida y yo quiero lo mismo para nosotros. No puedes intentar alejarme de mi pasado porque forma parte de mí. Si te gusta como soy, si me quieres tal y como soy, debes aceptar también esa parte de mí.
- Yo solo sé que no te quiero perder.
- No vas a perderme, mientras me sigas queriendo.- Se levantó, cogió mi cara entre sus manos y me besó, pero yo no fui capaz de devolverle el beso esta vez. Seguía dolida con él y necesitaba un poco de tiempo.
En cuanto se lo dije salió de la habitación sin decir nada. Pasaron un par de días sin tener noticias suyas.
Clarise y Meredith tampoco vinieron a verme. Nadie de los que estábamos allí se explicaba lo ocurrido. Pregunté a Luke, pero él tampoco podía decirme nada.
Cada minuto que pasaba tenía más claro que todo había terminado entre nosotros. Me pasé las noches enteras llorando, mientras que de día intentaba no preocupar a los demás.
Mis padres no se separaron de mí ni un solo momento. No dejaron de recordarme que su historia tampoco había sido fácil y que no me rindiera. Si Max realmente me quería, volvería a mí.
- ¿Y si no me quiere?
- No entiendo como dices esto ahora Alex. Sabes perfectamente cuales son sus sentimientos. No abandones ahora mi niña.
- Mamá...- me abracé a ella buscando seguridad. Mi padre se unió al abrazo y me acarició el pelo.
- No tengas miedo cariño. Ya verás como todo irá bien.
- Gracias papá.
Jack vino a verme un poco más tarde.
- Buenas.
- Hola.
- He venido a darte una buena noticia. Puedes irte hoy.
- Genial- pero no lo era. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Volver a la mansión y hacer como si nada hubiese ocurrido? ¿O volver a casa y olvidarme de aquellos dos años?
- ¿Por qué no vas a buscarle?- en aquellos últimos días había confiado en Jack como si le conociese de toda la vida. Me pasaba horas hablando con él. Venía a verme cada vez que tenía un rato libre. Tess tenía la cabeza en otra parte y no quería preocuparla con mis problemas. También había avanzado mucho el regalo de Meredith.
- No me serviría de nada. Han desaparecido de mi vida. Lo siento. Por mi culpa tampoco sabes nada de Clarise- le abracé deseando que todo el dolor que sentía desapareciese.
- Tú no tienes la culpa. Max ha hecho mal en desaparecer así sin decir nada.
- Pero se fue por mi culpa.
- Tienes que tener claro que Max tomó solo la decisión de irse y contra eso no puedes hacer nada.
- Jack, ¿qué voy a hacer?
- Tienes que ser fuerte. Si nunca te has rendido, este tampoco es el momento.
- ¿Dices que puedo irme ya?
- Firmo el alta y eres libre.
- Recogeré mis cosas.
- ¿Quieres que avise a alguien para que venga a buscarte?
- No hace falta. Volveré dando un paseo.
- ¿Estás segura?- asentí- De acuerdo. Vuelvo en un momento.- Junté todas mis cosas, que no eran muchas, y esperé a que Jack regresara. Seguía sin poder creer lo ocurrido. Cinco minutos después, regresó con mi libertad y al mismo tiempo mi condena en las manos.
- Ha llegado el momento. Puedes irte- nos abrazamos durante un largo rato. Al separarnos, Jack me hizo prometer que le llamaría para quedar algún día.
- Yo siempre cumplo lo que prometo. Gracias por todo Jack.
- Te echaré de menos Alex.
- Yo también a ti. Hasta pronto.- Crucé la puerta de la entrada sin volverme atrás.
Esperaba no encontrar a nadie esperándome y fue una suerte que fuese así. Sin embargo no pude ir directamente hasta la habitación. El personal de la casa estaba deseando hablar conmigo y me entretuvieron un buen rato.
Aun no sé como conseguí librarme de ellos, pero no me quedé para averiguarlo. Corrí escaleras arriba y al llegar a la habitación me quité aquella ropa. Estaba deseando olvidarme de aquellos últimos días y sabía perfectamente que hacer.
Me duché y vestí de nuevo. Quise abrigarme porque no sabía cuanto tiempo estaría fuera. Dejé sobre mi almohada una nota para Tess. << He ido a la biblioteca. Volveré tarde>>.
Después llamé a mis padres para decirles que ya no estaba en el hospital y a donde iba a ir para que no se preocuparan. Quedé con ellos para ir a cenar algo todos juntos, así que finalmente rompí la nota y llamé a mi amiga para decírselo.
- ¿Te sientes bien Alex?
- Podría decir que si. ¿Cómo estás tú?
- De aquella manera. Tenemos una charla pendiente.
- Eso mismo pienso yo. ¿Después de la cena?
- Echo. Nos vemos por la noche.
- Ah, una cosa más.
- ¿Qué?
- No le hagas sufrir. Dale una respuesta.
- ¿Es que tú sabes algo que se me ha pasado por alto?
- Puede- me reí- pero hablaremos por la noche. Hasta luego.- después de colgar, cogí lo que necesitaba y me llevé conmigo el regalo de Mer para terminarlo.
Por el camino me volví varias veces en distintas direcciones. Oía la voz de Meredith llamándome. Cada vez que descubría que no era más que mi imaginación, una parte de mi se rompía.
Llegué a la biblioteca y me senté junto a la ventana. Al principio no fui capaz de concentrarme, pero decidí mentalizarme. Tenía que acabarlo, aunque al final no pudiese dárselo por el motivo que fuese, al menos me iría bien.
- ¿Quieres explicarme como puede ser que seas tan cabezota?- Clarise estaba al borde de la desesperación. No podía entender como era posible que Max hubiese huido de lo que realmente le hacía feliz.
- ¿No se supone que deberías apoyarme?
- Pero si lo estás haciendo mal. La falta de confianza destruye las relaciones. Has tirado tu felicidad desde un puente sin una cuerda elástica que la mantenga a flote.
- Buena comparación.
- Deberías pensarlo mejor. Alex no debe estar pasándolo bien, y por mucho que intentas aparentar que si, tu tampoco. Eres un cobarde incapaz de cogerle el teléfono a tu mejor amigo para no tener que dar explicaciones.
- Bueno mamá, ya basta. Ya me ha quedado claro que no me apoyas en esto.
- Y tú hermana tampoco. Ni siquiera te dirige la palabra.- aquello fue bastante para ablandarlo. Meredith era demasiado importante.-Siempre has buscado a la princesa del cuento, y cuando la encuentras, te alejas de ella solo porque te pone las cosas claras. El amor no es fácil. Nadie dijo nunca que lo fuese.
Las palabras del librero volvieron de nuevo a sus pensamientos. <<No permitas que la alejen de ti. Alex y tu podéis ser muy felices, pero aun tenéis que recorrer un largo camino juntos y ella lo sabe>> ¿Y si no era a Zack a quien debía temer? ¿Y si era él mismo el obstáculo para que fuésemos felices juntos? Aquello tenía todo el sentido del mundo. Corrió hacia el teléfono dejando a su madre con la palabra en la boca. Marcó el número del hospital y pidió hablar con Jack. Al oír su nombre, Clarise sintió que le temblaban las piernas. Quizá aprovecharía para preguntar por ella.
- ¿Max?
- Hola doctor. ¿Cómo está Alex?
- ¿No lo sabes? Pensé que se decidiría a llamarte.
- ¿Qué es lo que no sé?
- Le di el alta después de comer.
- ¿Está en la mansión?
- Imagino que sí. Me dijo que iría hasta allí.
- Vale. Gracias- antes de que pudiese colgar, Jack reunió el valor suficiente para preguntar por Clarise.- Si, está. Es para ti mamá.
- ¿Diga?- por suerte siempre tenía una silla junto al teléfono. De no haber sido así seguramente se habría caído al escuchar su voz.
- Hola preciosa.
- Eres un mentiroso.
- ¿Por lo de preciosa?- preguntó desconcertado.
- No, por que me dijiste que me llamarías y al final si no llega a ser por lo de Max y Alex...
- ¿Cómo iba a llamarte si no me diste tu número?
- Tampoco me lo pediste.
- Vaya, y yo que pensaba que te hacías la difícil conmigo.
- Ya ves que no.
- ¿Entonces es que te morías de ganas de hablar conmigo?- Clarise se mordió el labio. La había pillado.
Clarise escuchó de fondo la voz de su hijo diciéndole que se marchaba. Por fin había reaccionado.
- No sabía que te hubieses vuelto tan creído.
- No es verdad. Solo esperaba que dijeses que sí- era tan bueno y tan dulce y ella quería que volviesen a empezar.- ¿Qué haces mañana?
- ¿Por la noche?
- Todo el día.
- Pues no lo sé.
- ¿Qué te parece si os llevo a Meredith y a ti a un sitio interesante?
- ¿Cómo de interesante?
- Un parque de atracciones.
- Me encantaría...
- Lo sé.
- ...Y a Mer también.- se apresuró a añadir.
- Entonces, ¿te convence la idea?
- Hablaré con la niña, pero no veo porque no.
Las horas pasaron y finalmente terminé el regalo. Me sentía orgullosa de mi misma por no haberme rendido. Cuando decidí marcharme ya había oscurecido, pero aun faltaba para la hora de la cena, así que fui hacia la mansión tranquilamente mientras me detenía frente algunos escaparates.
Pensé en la sorpresa que me ocultaba Max el día que desperté. Seguramente ya lo habría devuelto a la tienda.
Entré en una tienda de informática. Hacía tiempo que me planteaba la idea de comprarme un ordenador portátil. Buscaba algo sencillo, y únicamente entré a mirar.
Mientras iba recorriendo pasillo a pasillo, vi a mis padres hablando con un vendedor. Les escuché preguntando exactamente por lo que yo quería. Sonreí. Ya sabía cual sería mi regalo de Navidad.
Salí de allí evitando que pudiesen verme, y fui a comprar mis regalos para cada uno de ellos.
Entré en varias tiendas, y más o menos tenía una idea de que comprar para cada uno, pero aparte del de Meredith, el regalo que más ilusión me hacía entregar era el de mi hermana. Ya había acordado con mis padres que yo sería quien se lo regalase, así que esperaba que se acordaran.
Regresé a la mansión cargada de bolsas. No podía evitarlo. Siempre me pasaba lo mismo cuando iba de compras. Siempre volvía cargada como una mula.
Max llamó al timbre esperando que quien le abriese no le dificultara la entrada. Le abrió el ama de llaves.
- ¿Puede decirme si Alex está?
- Siento decirle que la señorita Alex no se encuentra en la casa. Salió hace unas horas. Es una buena chica. Ambas lo son.
- Gracias.- se marchó de allí arrastrando los pies- Maldita sea... ¿dónde estás?
- ¿Mer, puedo pasar?
- Si, estoy leyendo. Pasa- Clarise se asomó tras la puerta y se acercó a su hija.
- He hablado con el médico de Alex.
- ¿Le ha pasado algo?
- No, ella está bien. Ha salido del hospital.
- ¿Max lo sabe?
- Ha ido a buscarla.
- Ojalá que puedan arreglarlo. Echo de menos a Alex.
- Lo sé cariño. Hay algo más. El médico de Alex, Jack, que además es amigo mío, me ha preguntado si queremos ir mañana con él a pasar el día en el parque de atracciones.
- Puede ser divertido.
- ¿Te gustaría ir?
- Si, no veo porque no.
- Entonces le llamaré para decírselo.- Mer se alegraba al ver a su madre tan feliz. Esperaba que esta vez nadie la hiriese, del mismo modo que esperaba que su hermano y yo no volviésemos a discutir más.
Llegué a la mansión poco después. Tenia tantas ganas de dejar las bolsas en el suelo y echarme un rato en la cama, pero no podía, y lo peor de todo, no podía siquiera entrar donde vivía. Max estaba plantado frente a la puerta mientras se abrochaba la chaqueta. ¿Qué demonios hacía allí? Quizá Tess y Luke estaban dentro.
Verle de nuevo me provocaba una sensación de dolor y felicidad al mismo tiempo. Esperé un poco a ver si se marchaba. Fue una suerte que lo hiciera. Había partes de mi cuerpo que ya no sentía por culpa del frío.
Entré corriendo antes de que se le ocurriese volverse por cualquier motivo, evité al ama de llaves y subí a la habitación para sentirme a salvo. Cerré la puerta y me apoyé en ella y dejé caer las bolsas. El corazón me latía a cien por hora. Ni siquiera me molesté en abrir la luz.
Me costó mucho rehacerme de la impresión, y hacer como si no le hubiese visto. Encendí la luz y miré a mí alrededor. ¿A que había venido Max?
Mi cabeza intentaba olvidarse de él, pero mi corazón no la dejaba. Yo amaba a Max, y por mucho que lo intentase evitar, no dejaría de sentir lo que sentía y aunque no sabía el porqué, algo me decía que Max tampoco podía olvidarse de lo que sentía por mi.
Decidí no darle más vueltas al asunto e intentar pasármelo bien aquella noche durante la cena con los míos.
Disfruté de un relajante baño. Me tomé mi tiempo para arreglarme y secarme el pelo. Antes de salir guardé todos los regalos dentro del armario y me aseguré de no dejarme nada.
Abrí la puerta de golpe y me encontré cara a cara con Tess.
- Tenemos que hablar, ahora.
- Pero llegaremos tarde.
- Es solo un momento. No podía esperar.
- ¿Ha pasado algo?
- Si. Tengo tantas dudas que no sé que hacer. Si me quedó seré feliz por estar con él, pero ¿durante cuanto tiempo?
- ¿Has hablado de esto con Luke?
- ¡¿Qué dices?! No puedo decírselo. Lo mato si le digo que después de todo este tiempo aun tengo dudas sobre nosotros.
- Es mejor que se lo digas tú, que no que lo sepa por terceras personas.
- Tienes razón, pero es que me da miedo, y ya sé que me vas a decir que no es malo tenerlo, pero es dificil no tenerlo.
- Sin tan claro lo tienes, ¿por qué me pides consejo?
- Porque somos amigas. Bueno, hermanas...- levantó la mano derecha y me enseño la cicatriz que había en ella. Yo también tenía la misma cicatriz, en la misma mano. El recuerdo de nuestra aventura en la cueva del valor en el campamento.
- Pelota...vamos anda que a este paso no llegaremos.- salimos de allí e íbamos caminando tranquilamente cuando de pronto caí en la cuenta.-Por cierto, ¿dónde está Luke? ¿Habéis quedado en el restaurante?
- No. Creo que me dijo que Max le había llamado y que iría a ver que le pasaba.
No sabía si decirle que Max había estado allí, o que yo me había escondido para que no me viese. Incluso yo misma reconocía que me comportaba como una niña pequeña al no ser capaz de afrontarlo, pero no soportaría que volviese a marcharse.
Opté por contarle lo sucedido y pedirle así su consejo, siempre y cuando me dijese algo útil.
- Creo que hiciste mal. Debiste acercarte y pedirle una explicación.
- ¿Y si me odia?
- No creo que hubiese venido de ser así.
- Quizá venia a decírmelo.
- ¿Cómo es posible que se te ocurran esas tonterías? Deberías escribir un libro con la cantidad de cosas que te han pasado.
- Yo no puedo hacer eso. No me veo capaz.
- Claro que si. Solo tienes que escribir tu vida. Sería una pasada que tuvieras un portátil para poder escribir en cualquier parte.
- Ya que lo mencionas... ¿A que no sabes a quien me he encontrado en la tienda de informática comprando un portátil para su hija mayor?
- ¿Bromeas?
- No. Me escondí para que no me viesen, pero me hace mucha ilusión.
- ¿Significa eso que te animarás a escribir?
- Puede ser.- casi nos pasamos el restaurante de largo. De no haber sido porque mi familia nos esperaba fuera, no sé hasta donde habríamos llegado.
- Ya era hora. ¿Se puede saber donde os habíais metido?- los cuatro estaban tiritando de frío. Que lástima.
- Podíais haberos esperando dentro. Hay que ser masoquista para quedarse aquí fuera.- me encantaba burlarme de Josh.
La cena fue increíble. No mencionamos ni el accidente, ni a Max, nada que pudiese herirme. Les conté mi última conversación con Zack, lo que me recordaba que debía llamarle para preguntarle como le había ido con Sophie.
- Es genial que os llevéis bien después de todo.
- Yo opino igual mamá.
A medianoche me pareció que el vino se me estaba subiendo a la cabeza, y que lo mejor que podía hacer era irme a dar una vuelta y despejarme. Tess insistió a venir conmigo.
Nos despedimos de los demás y nos fuimos andando hasta llegar a un parque. El mismo parque en que había estado con Max comiéndome mi helado de cuatro sabores. Me senté en el mismo columpio y sin más, rompí a llorar.
Tess se agachó a mi lado y me obligó a mirarla. A pesar de verla borrosa a causa de las lágrimas, podía distinguir que estaba enfadada.
- ¿Se puede saber que estás haciendo?- ya sé que era evidente, pero era más una acusación que una pregunta. Tess sabía que lo mejor era afrontar el dolor y no dejarle ganar, que era lo que estaba haciendo yo.
- La verdad es que no lo sé. No puedo evitarlo, incluso la cosa más pequeña me recuerda a él.
- Alex tienes que hablar con Max. Resuelve el conflicto este que te mata por dentro.
- Ya, pero no puedo presentarme en su casa como si nada.
- En cambio él si puede ir a la mansión sin decir nada.
- Tampoco quiero decir eso.
- Hagamos una cosa.- se levantó de mi lado y se sentó en el columpio que había junto al mío.- Si yo hablo con Luke sobre su idea de que me quede a vivir aquí, tu hablas con Max y aclaras lo que os pasa. ¿Echo?- me tendió su mano para estrecharla con la mía.
- Echo.- juntamos las manos para sellar nuestro pacto.
- ¿Y ahora qué?
- Sorpréndeme.- la tenté.
- Yo no me conozco sitios especiales. Sorpréndeme tú.
- Hay un sitio... pero no sé si deberíamos ir.
- ¿Por qué no?
- Porque es el sitio favorito de Max.
- Vamos Alex, no tiene porque enterarse.
- Tess...
- Por favor.
- Está bien. Supongo que recordaré como llegar- y lo recordaba perfectamente a pesar del tiempo que hacía que no iba por allí.
- ¡Vaya! Esto es precioso. No me extraña que no quiera compartirlo con todo el mundo.
- Tienes razón. Es muy lindo.- nos habíamos detenido en medio del puente y oculté la cara entre mis manos e intenté desahogarme de algún modo. No quería llorar, pero no podía evitarlo. Quería estar allí con Max, quería que me abrazase como la primera vez, quería que me besara, incluso quería que nos electrocutáramos juntos si eso significaba estar con él.- ¿Por qué no le pedí que se quedara conmigo?
- Ahora es tarde para pensar en eso, pero no puedes rendirte Alex.
- Ya no tengo nada que perder.
- Si lo tienes. Estás perdiendo la razón. Es como si cayeses en un pozo sin fondo. Tienes que reaccionar Alex.
- Supongo que tienes razón. Max es lo mejor que me ha pasado nunca. Cuando no estoy con él, es como si alguien intentase estrujarme el corazón. No puedo respirar.
- Díselo.
- Sería más fácil si estuviese aquí.
- Lo estoy.- me volví al escuchar aquella voz. No podía ser que fuese él. Sentí como si el tiempo se detuviera.
- Max...
- Hola Alex.- deseé tener el valor para lanzarme a sus brazos, para besarle, pero no lo tenía. Al menos no en aquel momento.
- Debería irme. No tenía derecho a venir…
- Yo no veo ningún motivo por el cual debas irte.
- Estás aquí y me duele lo suficiente como para quedarme.- pasé por su lado pensando que estaba a salvo cuando me cogió del brazo y me atrajo hacia su cuerpo.- ¿Qué haces?
- Recupero el tiempo perdido- me sonrió mientras acercaba sus labios para besarme. De nuevo un chispazo.- Dios, no sabes como lo echaba de menos.
- ¿En serio?- asintió.
- Sé que me he portado mal, pero quiero que lo nuestro funcione por encima de cualquier otra cosa.- me mordí el labio. Que lindo que era.
- ¿Cómo sabías que ya no estaba en el hospital?
- He tenido ayuda- se volvió para mirar a Tess y a Luke quienes le habían ayudado a organizar aquel encuentro. Cuando yo también les miré me saludaron con la mano y una gran sonrisa por parte de ambos. ¿Así que lo tenían todo planeado? Eso si que era toda una sorpresa. - Mi madre me sermoneó y llamé al hospital poco después de que te diesen el alta. Jack me dijo que habías ido para la mansión y fui a buscarte.
- Lo sé.
- ¿Te lo dijo el ama de llaves?
- No. Te vi en la entrada y me escondí. No sabía a que venias.
- Te entiendo. ¿Por qué no te vienes conmigo a casa? Hay una niña de ocho años que me odia por lo que te he hecho.
- Tengo que pensarlo. Al igual deberías intentar convencerme.- sonreí y le cogí del cuello de la chaqueta para que se acercara a besarme.
Casi podría decir que no recordaba como eran sus besos, pero si las sensaciones que me provocaban, y la verdad es que eso no había cambiado.
Un enorme cosquilleo me invadió todo el cuerpo, y sabía lo que quería decir aquello. Max y yo teníamos algo pendiente, y ya empezaba a ser hora de saldar las cuentas.
- Nosotros nos vamos.- Tess quería hablar con Luke y comunicarle finalmente su decisión.
- Gracias, a los dos- dije. Les di un beso de despedida y esperé a que se marcharan para volverme hacia mi chico.- Y en cuanto a ti… creo que ya es hora de que cumplamos nuestro acuerdo. Finalmente decidimos que era mejor ir a la mansión. Allí tendríamos un poco más de intimidad, por extraño que pareciera.
- ¿Y a que crees que he venido?
- ¿Así que me vienes con esas, no? En ese caso dormiré sola esta noche.
- No. No te dejaré.
- ¿No me dejarás dormir sola?
- Simplemente no te dejaré dormir.
- Mmmm.... me parece tentador.
- Me alegra saberlo. Vamos.- me cogió la mano y dimos un paseo. Al poco rato, sonó mi teléfono móvil.
-¿Diga?- contesté con una sonrisa.
- Hola preciosa.
- Hola Zack, ¿Qué tal?- Max me miró asombrado.
- Tengo que contarte una cosa.
- Te escucho.
- Fui a ver a Sophie.
- ¿Entonces estáis juntos?
- Eso parece.
- Cuanto me alegro.
- ¿Qué tal con Max?
- Mucho mejor.
- ¿Ha pasado algo?
- No, quédate tranquilo. Estoy bien. Ya me han liberado del maldito hospital.
- Es genial. Bueno, era más que nada para contarte esto.
- Vale. Hablamos otro día.
- Claro. Adiós.
- Adiós.
- ¿Qué tal está?- preguntó Max un poco irritado.
- Pues muy bien. Está saliendo con una chica.
- ¿Con la que te engañó?
- La misma.
- ¿Y no te molesta?
- ¿Por qué iba a molestarme si eso le hace feliz y yo también lo soy?
- Ya.
- Porque me haces feliz. ¿Lo sabes, verdad?
- Si- admitió finalmente.
- ¿Te parece bien si vamos a resolver nuestras cosas a otro lado?
- Porque no...
Mientras tanto, en casa de Sophie, Zack se miró pensativo en el espejo de la habitación.
Recordó lo que había pensado cuando habíamos hablado la última vez antes de que yo saliese del hospital.
A la mañana siguiente había necesitado fuerzas para levantarse e ir a casa de la chica, pero cuando ella le abrió la puerta y vio la cara de felicidad que tenía al verle, no tuvo ni una duda más. Sabía que estaba haciendo lo correcto.
- Pensé que no vendrías.
- Yo también. Menos mal que me lo pensé dos veces.
- Si, menos mal.- le rodeó el cuello con los brazos y le beso.- Gracias por haber venido.
Ni siquiera Zack pudo esta vez aguantar las lágrimas. Es curioso las vueltas que da la vida. Conmigo nunca lloró por nada.
Llegamos a la mansión, y subimos las escaleras después de evitar bastante intencionadamente a todo el mundo.
- Me dijo que erais buenas chicas. Estoy seguro de que si te viera ahora no pensaría lo contrarío.
- ¿Por qué lo dices? No estoy haciendo nada malo.
- Aun no.- prácticamente me temblaban las manos y no conseguía abrir la luz. Max no ayudaba demasiado, porque mientras yo pasaba la mano por la pared intentando encontrar el interruptor, él me besaba el cuello, me cogía de la cintura... Cuando por fin acerté, me dio la vuelta y me besó. Tenía mi cara entre sus manos. Al sentirle de nuevo, dejé de tener el control sobre mi misma.
- Pasa- me aparté para que pasara y miré a un lado y al otro de la habitación asegurándome de que no hubiese nada en medio.
- ¿Qué es esto?- señaló la mesita de noche.
- Es el regalo de navidad de Meredith.
- Eres increíble. Yo me he portado mal contigo y tú has seguido adelante con tu idea.
- Era importante para mi terminarlo.- antes de cerrar la puerta, dejé en la parte de fuera mi inseparable goma del pelo que llevaba siempre en la muñeca por si Tess volvía. Aquello daba a entender lo mismo que el cartel de “No molestar”.
- No sé si es buena idea que haya entrado.
- ¿Por qué no?- me quité la chaqueta y la colgué sobre el respaldo de una silla. Max hizo lo mismo.
- Porque esta vez no te dejaría marchar, y tampoco quiero tener que parar.
- Yo no voy a ir a ningún sitio. Vivo aquí. Y respecto a lo otro, no existe un motivo para que esta vez no podamos hacerlo.- se acercó lentamente a mi, como si el tiempo se hubiese detenido.
- Ahora te voy a besar...- no puedo deciros con seguridad que fue lo que sentí, porque se mezclaron dentro de mi diferentes sentimientos. De algo si estoy segura, y es acerca de lo que paso a continuación, algo que no lo voy a olvidar nunca.
Me desprendió de la ropa sin prisas, como si tuviésemos todo el tiempo del mundo. No nos importaba nada, solo el simple hecho de estar juntos.
De un empujón me tiró sobre la cama. Uno a uno desabrochó los botones de mi camisa, e introdujo las manos bajo el jersey que llevaba bajo esta. Me estremecí de nuevo. No sabía si aguantaría mucho con sus juegos, o si de lo contrario haría de las mías. Me decidí más bien por lo segundo, pero esperé al momento oportuno.
Cuando Max me dejó únicamente en ropa interior, se me presentó la oportunidad.
Me puse sobre él y le hice quitarse el jersey que llevaba. Pese a que ya no tenía el pelo tan largo como unos meses atrás, lo arrastré por su pecho, hasta la cintura. Me tomé mi tiempo para desabrochar cada uno de los botones del pantalón. Me deslicé hasta sus pies y me deshice de los zapatos para poder quitarle el pantalón. Estaba disfrutando mucho con aquella situación y estaba deseando continuar.
Quería que Max fuese mío del mismo modo que yo sería de él. Cuando finalmente ocurrió lloré. Pese a que había sido mi primera vez, puedo deciros que fue lo mejor que me ha ocurrido nunca.
Quedamos exhaustos uno junto al otro abrazándonos. Nos quedamos hablando un buen rato hasta que el sueño fue venciéndome. Tomamos la precaución de taparnos por si acaso, no solo por el frío, sino por si Tess volvía y pasaba por alto la goma de pelo. Bueno, Tess o cualquier miembro de mi familia.
La casa de Luke no quedaba demasiado lejos de donde estábamos, y llegaron a ella casi sin hablarse.
Mientras él preparaba algo para beber, Tess se paró frente a una estantería a mirar las fotografías que había en ella. Casi todas eran de ellos dos juntos, también había alguna de Max y él y después de su familia. Por un momento pasaron un millón de cosas por su cabeza. En aquellos dos años habían cambiado muchas cosas, incluida ella.
Luke la miró desde el umbral de la puerta. No sabía que era lo que debía estar pensando. No quería forzarla a que tomase una decisión, pero deseaba saberlo. Pensó en el regalo que le había comprado. Una sencilla alianza de plata con una inscripción en su interior. Sabía que ella le quería, pero no si su amor era tan grande como para quedarse.
- Toma- Tess se volvió para mirarle y coger la taza de te que le ofrecía.
- Gracias.- se miraron en silencio durante unos segundos y finalmente fue ella quien habló primero.- Deberíamos sentarnos. Hay algo de lo que quiero que hablemos.
- ¿Es sobre lo que te pedí hace tiempo?
- Es sobre nosotros en general.- se sentaron en el sofá, delante del televisor apagado. Tess dejó su taza en la mesa y se mordió el labio inferior antes de hablar.- He estado pensando mucho en lo que me pediste, pero hay algo que quiero tener claro antes de tomar una decisión.
- ¿Qué es?
- ¿Qué pasará si lo nuestro se acaba?- ninguno de los dos quería pensar en eso, pero era algo que debían plantearse y en algún momento tendrían que afrontarlo, y cuanto antes, mejor.
- No lo sé. Supongo que te volverías a tu país.
- Ya veo...- Luke dejó también su taza sobre la mesa y cogió a Tess de la barbilla, obligándola a mirarle.
- No quiero que pienses en eso. Si lo nuestro corriese peligro haría lo que estuviese en mi mano para salvarlo antes de darme por vencido. Sé que soy un desastre, pero te quiero, y quiero que vivas conmigo.
- No se que decir.... Yo también te quiero, pero mi familia está allí.
- Si pudiera iría contigo, pero tengo mi trabajo aquí y no puedo dejarlo.
- Entonces, ¿qué hacemos?
- Eso es algo que solo tú puedes decidir. No voy a forzarte.
- Ojalá hubiese alguien que pudiese decidir por nosotros.
- Lamentablemente no lo hay, así que aceptaré sea lo que sea que decidas.
- Dame un día más. Mañana te daré una respuesta.
- De acuerdo. ¿Quieres quedarte esta noche conmigo?
- No pensarías que ibas a librarte de mi tan fácilmente, ¿verdad?
- Ni por un momento se me había ocurrido una idea tan absurda.
- Entonces vamos a dormir- cogió a Luke de las manos y lo condujo hasta la habitación. Se sentó en el borde de la cama con el chico frente a ella. Le despojó lentamente de la ropa, acariciándole en vientre, sintiendo como se le erizaba la piel. Se detuvo antes de desabrocharle los pantalones y empezó a desvestirse ella. Luke la miró hechizado, sin atreverse a tocarla por si desaparecía. Cuando acabó, Tess le cogió de la hebilla del cinturón para tumbarlo sobre ella. Se devoraron él uno al otro, y fundieron en uno solo como si no fuesen a tener más oportunidades de estar juntos.
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